Enfocarse en lo fundamental

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Enfocarse en lo fundamental

Enero 19, 2020 - 11:35 p. m. Por: Alejandro Éder

El país está pasando por un momento confuso. Por un lado, hay indicios de que las cosas van bien, la economía está creciendo y Colombia es otra en materia de desarrollo social y orden público comparada con la situación de hace tan solo una década. Por el otro, el ambiente aún se siente convulsionado con la violencia que persiste -asesinatos de líderes sociales, cultivos ilícitos, inseguridad- y con el descontento general frente al funcionamiento del Estado en temas como la salud, el acceso a la educación o las oportunidades de empleo. Colombia hoy se divide entre los que están medianamente conformes con el avance general del país y los que creen que las cosas no están ni cambiando lo suficiente ni a la velocidad que debería. Para evitar equivocarnos en cómo abarcar este momento por el cual atravesamos, debemos mantener la cabeza fría entendiendo el fondo del asunto.

Lo primero, es comprender que estamos en un lugar nuevo para nosotros como nación porque luego de la culminación del proceso con las Farc, sumado al proceso previo con las Auc y a la desmovilización de decenas de miles de excombatientes, la principal preocupación para la gran mayoría de colombianos pasó de ser la violencia y el terrorismo a temas como la corrupción, la calidad de vida y el medio ambiente, entre otros.

A pesar de los avances en los últimos años, aún falta mucho. Hay servicios de salud, pero de difícil acceso para la mayoría. Más niños y jóvenes ingresan al colegio o a la universidad, pero la calidad de la educación no es óptima. Peor aún, ¿cuántos jóvenes y sus familias no se endeudan para estudiar y luego de graduarse no consiguen empleo? Para rematar, el Estado no cumple con tareas tan elementales como recoger la basura, reparar las calles o prestar buenos servicios públicos.

Las marchas y protestas pacíficas que hemos visto desde el 21N, incluyendo la que veremos mañana en algunos lugares del país, son el resultado de esto. Es decir, el no estar bajo el yugo permanente del terrorismo permite que los colombianos nos preocupemos por otros temas y podamos salir a la calle a exigir. Eso no es malo, es bueno. Eso es democracia. Lo malo son quienes incitan a la violencia cuando se convoca a la protesta pacífica. Malo también los políticos incendiarios que se aprovechan de la situación para hacer creer que todo es un desastre y que el sistema fracasó, o quienes generalizan y nos dicen que todo es un complot y que los marchantes son todos unos subversivos o que están siendo instrumentalizados.

La clave en este momento es enfocarnos en lo fundamental, es decir, en salvaguardar y perfeccionar la democracia y la economía de libre mercado, haciéndolas más incluyentes y sostenibles, no planteando sustituirlas ni sembrando odio. Eso es deber de los gobernantes de turno, y el momento para hacerlo es ya. Pero también hay pasos sencillos que cada uno de nosotros puede tomar que conducirán a un cambio mayor. No hacer trampa, no sobornar, no robar; rechazar el racismo, el clasismo, la xenofobia; preocuparse por el prójimo, crear oportunidades; entender que tenemos el poder de elegir y el deber de votar responsablemente. Y aunque son válidas, los problemas no se resolverán solo con marchas y contramarchas, porque será con acciones reales que tanto líderes, sectores y ciudadanos vamos a contribuir a que nuestro país progrese de manera correcta. Pongámonos de acuerdo sobre lo fundamental y actuemos todos con contundencia.

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