El cambio que necesitamos

Marzo 13, 2022 - 11:35 p. m. 2022-03-13 Por: Alejandro Éder

Ahora pensemos en las presidenciales de mayo. Tenemos ya a candidatos con diversas orientaciones y con proyectos de país no solamente contrarios, sino unos constructivos y otros que pueden ser demoledores. En definitiva, distintos. También es probable que todos los candidatos quieren que algo cambie, lo que los diferencia es qué se quiere transformar y cómo se quiere hacerlo.

El cambio que representan -unos y otros- y que queremos y necesitamos es el principal elemento que diferencia a los candidatos presidenciales y lo que debe comprometer nuestro voto. No creo que un presidente sea el todo, pero sí es quien puede liderar y encausar. Existe un discurso peligroso que habla de la necesidad de refundar al país, negando cualquier avance o progreso que haya tenido Colombia en los últimos años y contra toda evidencia busca llegar por medio del voto rabioso y rebelde y por el voto del inconformismo crónico.

En otra orilla, está quienes creen que es poco lo que hay que cambiar. Error. Estos representantes de una clase política que está en deuda con el país porque se esperaba más de ellos habiendo sido consecuentes con aquello que deberían representar. Creen en un cambio, pero quizás uno muy conservador, tímido si se quiere, y poco ambicioso en el reconocimiento de libertades individuales. Se quedaron anclados en la vieja dicotomía de la izquierda y de la derecha, sin entender que la sociedad y sus problemas son multidimensionales y requieren una respuesta más ambiciosa. Colombia no es la misma de 2002 y creo que mucho de su lectura sigue anclada en esos años.

Ahora bien, en el centro, con moderación en el discurso, pero ambición en sus ideas, están quienes creen que las cosas pueden y deben cambiar, construyendo una equidad sostenible, una economía basada en el conocimiento y proponen una revolución en la educación, sin apelar a la rabia y a la afirmación de que hay que destruirlo todo para empezar de cero. Hoy la candidatura del centro político se consolida como una opción de firmeza, sin dinamitar lo que ya se ha avanzado en Colombia.

Como se hace campaña, se gobierna. Creo que el centro hoy le ofrece a Colombia la posibilidad de llegar a la Presidencia de la República sin empeñar el presente y el futuro con acuerdos políticos debajo de la mesa que en nada benefician a los ciudadanos. Ahí está el cambio que le conviene a Colombia, basado en la construcción de un gobierno transparente, con el compromiso de llevar el desarrollo a la periferia del país, con la voluntad de incluir a los jóvenes en las oportunidades y con la claridad de reparar lo que hoy no funciona.

Desde Cali puedo afirmar que no nos conviene caer en las arrebatos de la rabia o la desidia del conformismo. El cambio no parte de la destrucción de lo que funciona, pero tampoco llegará negando que hay cosas que no están bien y que necesitan reformas; las pensiones, los impuestos y la educación entre otros importantes asuntos. Es por ejemplo el caso de las brechas entre regiones que demandan transformaciones que requieren cero rabias y sí más capacidad probada de gerencia.

Los colombianos queremos un cambio. Pero no uno a cualquier costo, y menos uno que lo convierte todo en cenizas, esta no es alternativa. Ojalá de aquí al 27 de mayo entendamos que hay un mejor camino, el del centro.
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