Brasil: los militares regresan

Brasil: los militares regresan

Octubre 30, 2018 - 11:40 p.m. Por: Alberto Valencia Gutiérrez

Brasil acaba de dar una gran sorpresa con la elección de Jair Bolsonaro en segunda vuelta con el 55% de los votos y con un programa de ultraderecha verdaderamente escandaloso en términos de retroceso democrático y cultural, que hemos venido conociendo a través de las informaciones de prensa. Su llegada al poder marca sin lugar a dudas un hito en el desarrollo de la América Latina contemporánea y puede tener grandes consecuencias para nosotros, por tratarse del país más grande y poderoso de la región.

La historia de Brasil es una secuencia de ilusiones y desilusiones (dictadura, populismo, democracia), en la cual los militares han jugado un papel supremamente importante. El Estado Novo de los años 1937-1945, bajo la batuta de Getulio Vargas y de clara inspiración populista, tuvo una inmensa significación en el proceso de construcción de la nación brasileña, como un todo orgánico por encima de los intereses particulares y con el Estado como referente de la identidad nacional. Después del suicidio de Vargas el 24 de agosto de 1954 se inaugura un ‘proceso de democratización’ con la llegada al poder de Juscelino Kubitschek, el futuro creador de Brasilia. Pero la ‘ilusión democrática’ dura poco y el 31 de marzo de 1964 tenemos un nuevo golpe militar, que se sostiene hasta 1985, momento de la fundación de la Nova República de Tancredo Neves.

La caída de la dictadura coincide con lo que se ha llamado la ‘tercera ola de democratización en América Latina’ a finales de los años 1980. Los regímenes militares de Chile (1990), Argentina (1983) y otros países cayeron uno tras otro y a esto se suma a nivel mundial el hundimiento de los regímenes socialistas entre 1989 y 1992. La democracia parecía haber llegado para permanecer. En Brasil se inaugura el más largo período de continuidad de un régimen de participación política en toda su historia: los partidos funcionan, la prensa es libre, los opositores del régimen militar anterior se reciclan en la vida pública. Con la llegada de la democracia a un país con más de cuatro siglos de vigencia de regímenes políticos autoritarios, las expectativas de cambio en la población se incrementaron. Dos presidentes emblemáticos tomaron la dirección del país: Fernando Henrique Cardoso (1995-2003), intelectual perseguido por el régimen militar en nombre de la socialdemocracia; y Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2011), antiguo líder obrero del Partido de los Trabajadores, en nombre de la izquierda.

Pero las ilusiones se frustraron de nuevo porque los cambios prometidos nunca se dieron. Con la adopción de las recetas neoliberales del Consenso de Washington y la crisis política llegó la corrupción, el incremento de la criminalidad, la pobreza, la recesión, la inflación, la inequidad en el reparto de la riqueza. Y los ojos se vuelven ahora de nuevo a los militares, como en los años de las dictaduras de 1930 y 1960, a la manera de la historia bíblica de los israelitas que en la penuria del éxodo por el desierto recordaban con nostalgia ‘las ollas de Egipto’.

La gran novedad de lo que sucede en este momento es que los militares llegan al poder por la vía institucional de las elecciones y no por las armas como en el pasado: el presidente y el vicepresidente electos provienen de las filas militares; en cargos de elección popular hay numerosos militares y el grueso de los funcionarios del nuevo gobierno provendrá también de los cuarteles, muchos de ellos antiguos funcionarios nostálgicos de la dictadura. Más aún, los militares cuentan con gran prestigio entre un sector importante de la población que los considera la salida frente a la crisis de desgobierno de los últimos años.

El regreso del autoritarismo va de la mano igualmente con la posible ruina de las grandes conquistas sociales, culturales y ambientales de las últimas décadas. El ciclo militar regresa pero ya las condiciones no son las mismas del pasado.

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