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Señor comandante

Agosto 11, 2020 - 11:55 p. m. Por: Alberto Silva

Al señor comandante de las Fuerzas Armadas de la República de Colombia, el General Luis Fernando Navarro Jiménez, va dirigida esta respetuosa y pública comunicación con el ánimo de aclarar ciertos puntos que tienen que ver con la historia de nuestra querida institución militar.

Hace un año durante la conmemoración del Bicentenario de la Batalla de Boyacá, cuestionamos que en la emisión por la televisión de los actos protocolarios del Puente de Boyacá, se afirmara que el ejército patriota conformado por granadinos, ingleses y venezolanos en Boyacá había sido la semilla fundadora del Ejército Nacional. Tamaño error.
Desconocían que una cifra de 1080 hombres de las Ciudades Confederadas del Valle del Cauca, junto con 120 cundinamarqueses convocados por el Alférez Real de Cali, Joaquín de Cayzedo y Cuero, habían dado la primera batalla de Independencia en el Bajo Palacé el 28 de marzo de 1811, 8 años antes de la batalla de Boyacá.

Aquellos 1.200 patriotas granadinos fueron la semilla del actual Ejercito Nacional. Esto es indudable, si se quiere ejercer el maravilloso lema de la Institución castrense: Patria, Honor, Lealtad. En el encaja en justicia el protagonismo que se dio en este sector del país de aquella época. Una parte de esos compatriotas parten de Cali el 27 de febrero en número 500 hombres incluidos los de Cundinamarca, rumbo a Quilichao para reunirse con el resto de 700 hombres de las Ciudades Confederadas del Valle.

Enfrentaron un área anegada por el desbordamiento del río Cauca y sus afluentes en invierno. Iniciaron así una mortífera travesía, similar a la que padecerían las tropas de Bolívar ocho años después cuando atravesaron los Llanos para enfrentar la Cordillera Oriental. Una caravana de hombres, con sus caballerías, municiones e impedimentas cruzaron profundos pantanales selváticos de aquel tiempo en la planicie vallecaucana, y transitaron por los barrizales en que estaban convertidos los caminos en las lomas de tierras rojas y arcillosas como se aprecian hoy entre Santander de Quilichao, Mondomo y el río Ovejas.

A este primer Ejército Nacional le implicó un mes su desplazamiento al sitio de la batalla en cercanías de Popayán. Fue un gran esfuerzo logístico, donde debió alimentar y atender las necesidades de más de mil hombres, proveer de forrajes y granos a las mulas y caballos, lo cual demandó grandes detenciones en algunos sitios del trayecto. Era el primer desplazamiento de esa magnitud que ocurría en el territorio de la Nueva Granada, allí se pagaría la inexperiencia que estuvo presente al inicio de las campañas libertadoras. Y esta fue la primera campaña de Independencia. De igual manera, parte de ese mismo ejército dio luego la Primera Batalla Naval de la Independencia en Iscuandé, en el Pacífico colombiano, convirtiéndose en la semilla de la infantería de marina colombiana.

Mi General: ahora que por mandato de Ley de la República se establece nuevamente la cátedra de Historia en escuelas y colegios, se deben revaluar en los pensum, estos hechos patrios ignorados por quienes la escribieron a principios del siglo pasado y no tenían los elementos modernos de historiografía de ahora. El Ejército Nacional no se formó a partir de los patriotas que combatieron en Boyacá con Bolívar, sino con los patriotas que confluyeron en Cali con Joaquín de Caicedo y Cuero y triunfaron en el Bajo Palacé. A la juventud hay que contarle la verdad.

Como la historia se ha vuelto a repetir en los actos de celebración del 7 de agosto la semana pasada, debe hacerse claridad sobre la partida de bautismo del Ejército Nacional. Cali y el Valle del Cauca reclaman ese honor. Es derecho inobjetable.

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