Catambuco

Catambuco

Enero 06, 2019 - 11:35 p.m. Por: Alberto Silva

Los pormenores del combate de Catambuco y su trágico final dan idea del total desconocimiento que tenía el norteamericano Alejandro Macaulay sobre la topografía de la región y la malicia indígena de sus habitantes, muy diferente a las que pudiese encontrar él en su país. El combate fue sangriento, largo, desordenado y cruel. Vino luego otro pacto verbal de no agresión entre los contendientes. Mientras los patriotas se retiraban definitivamente a Popayán, apareció una nueva traición de los pastusos.

De nuevo fueron apresados más de 400 soldados patriotas, junto con Macaulay, y por supuesto retuvieron a Joaquín de Cayzedo y Cuero. Se configuró así la legendaria ‘Traición de Catambuco’. Esta vez desaparecieron para los oficiales y los prisioneros hasta las mínimas consideraciones que pudiesen merecer por su rango. Fueron arrojados a los oscuros y gélidos calabozos de Pasto, tratados brutalmente sin provisión de alimentos y sin agua, donde rápidamente comenzaron a morir. Allí permanecieron cuatro meses más hacinados hasta el 28 de diciembre, día en que llegó la orden de ejecución por parte del presidente realista Toribio Montes, quien había ocupado la ciudad de Quito. Dispuso el fusilamiento del presidente Cayzedo y del coronel Macaulay, además de mandar “quintar” a los oficiales y “diezmar” a los soldados, es decir, a escoger de la línea de formación a cada quinto oficial y a cada décimo soldado de la fila para proceder a fusilarlos.

Una vez reunidos en Popayán el resto de tropas que escaparon del desastre de Catambuco y en vista de sentirse amenazada la Junta Superior de Popayán, constituida por mayoría de miembros vallecaucanos ajenos a la ciudad, emigraron todos al norte, a Quilichao, hoy Santander, donde nombraron dictador al diputado por Cartago don Felipe Antonio Mazuera y comandante de armas a José María Cabal, quien estableció su cuartel general muy cerca en el alto de Ovejas.

Popayán fue abandonada por los patriotas y ocupada luego por los realistas payaneses quienes bajaron de los montes y sus haciendas donde se habían escondido durante la ocupación patriota. Pero como no se acercaban fuerzas realistas desde Pasto, Cabal y el coronel José Ignacio Rodríguez resolvieron desalojarlos con 400 hombres el 9 de octubre después de un duro combate en las calles de la ciudad, donde murieron muchos realistas y guerrilleros y se liberaron 115 patriotas. La Junta solo regresó de Quilichao a Popayán el 1 de enero de 1813.

Lejos se encontraba el valle geográfico del río Cauca en la Nueva Granada, de merecer el título creado por los historiadores cundiboyacenses ante la situación republicana de aquel tiempo, resumida como: Patria Boba. Demetrio García Vásquez el insigne historiador de la tierra vallecaucana se expresa así de tamaña afrenta: En el Valle del Cauca no se conoció jamás aquello de ‘la patria boba’. Aquí se peleó a sangre y fuego desde el principio de la Independencia hasta coronar las alturas del Pichincha y Ayacucho. Aquí la bandera imbatible de la revolución se empurpuró hasta el fin de las jornadas en los repetidos asaltos a los Ejidos de Popayán como en los peñascos inaccesibles de Pasto. Aquí no hubo prosas ni poemas líricos sino el plomo tangible en los combates a muerte y sin cuartel.

¿Por qué entonces se olvidó obcecadamente la historia nacional de estos hechos durante más de 200 años? ¿A qué taparle a la juventud la verdad de lo ocurrido en la cuenca hidrográfica del río Cauca, en aquel período? Aceptable que haya sido por causa del centralismo en aquellas épocas, pero reprochable a los de hoy. Pilas entonces, señores de la Comisión Asesora del Ministerio de Educación, implementadora de la Ley 1874 de la cátedra de historia patria en Colombia.

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