Columnista

Afilar las certezas

Lo que vemos en nuestras redes no es ni fortuito. Tampoco es imparcial, ni es neutral.

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Andrés Restrepo Gil
Andrés Restrepo Gil | Foto: El País.

10 de feb de 2026, 02:03 a. m.

Actualizado el 10 de feb de 2026, 02:03 a. m.

Como una fuente de gratificación perenne, las redes sociales y la configuración condescendiente de sus algoritmos se han programado para confirmar nuestras creencias, para corroborar lo que ya sabemos, para afilar nuestras certezas. Por las capacidades con las que cuenta y por los intercambios que permite, las redes sociales son auténticos universos de información, que facilitan, promueven y estimulan el intercambio de contenido. Pero este intercambio de opiniones, de información y de creencias se diseña, en parte, para cumplir con una tarea complaciente y simplista: darnos la razón.

Investigadores como Sachin Modgil, Rohit Kumar Singh, Shivam Gupta y Denis Dennehy sugieren que las redes sociales crean cámaras de eco, recintos en los que solo estamos expuestos a ideas de las que ya estamos convencidos y, simultáneamente, alimentan el sesgo de la confirmación, esa propensión a priorizar información que refuerza nuestras creencias. Cerradas y herméticas, las cámaras de eco son entornos, como las redes sociales, en los que las opiniones con las que compaginamos se replican, se repiten, se multiplican. Como el eco. Cognitivo y quizá natural, el sesgo de la confirmación es la tentación de ofrecer mayor importancia y atención a aquella información que se alinea con lo que creemos.

Investigadores como Ahmad Ghani y Hawa Rahmat aseguran que los algoritmos, jueces condescendientes que determinan el contenido que consumimos, su orden y su prioridad, dictaminan en una sentencia indulgente aquello que aparece en nuestras pantallas y aquello que no. Lo que vemos en nuestras redes no es ni fortuito. Tampoco es imparcial, ni es neutral. Ciertamente, parece que las redes sociales, y tras las redes sociales la programación de los algoritmos, se erigieron como los recintos amurallados de una cámara en la que escuchamos aquello que nosotros mismos decimos, confirmando lo que ya sabíamos y, así, reafirmando aquellas ideas de las que ya estábamos convencidos. El movimiento es doble y paralelo. Al tiempo que se redunda en las mismas ideas, se descartan opiniones alternas: ni el sesgo de confirmación admite opiniones diferentes, ni las cámaras de eco consienten voces alternas.

Que las personas alimentemos, todo el tiempo y de forma permanente, nuestra reflexión con ideas con las que compaginamos empobrece nuestra mirada y nuestro juicio. Son efectos naturales. Predecibles. Repetir, interiorizar y redundar en las mismas ideas oxida nuestro juicio. Descartar, desestimar, eludir información alterna, de posturas diferentes, corroe nuestras opiniones. La exposición constante a un mismo tipo de ideas convierte nuestras posturas en engranajes arcaicos, corroídos por el tiempo, por la repetición y por la inmovilidad.

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