Los aciertos y desaciertos de López Obrador a dos meses de su gobierno en México

Los aciertos y desaciertos de López Obrador a dos meses de su gobierno en México

Enero 31, 2019 - 11:47 p.m. Por:
Margarita Solano Abadía / Corresponsal de El País en México
Andrés Manuel López Obrador

Andrés Manuel López Obrador

EFE

No les voy a fallar”, dijo Andrés Manuel López Obrador cuando todavía era candidato a la Presidencia de la República. Se lo volvió a decir por la ventana de su volkswagen a un ciclista que con la bandera mexicana en la cintura, lo siguió durante minutos antes de que tomara protesta como nuevo Presidente de México. Con la banda presidencial en el pecho AMLO repitió pausado: “estoy preparado para no fallarle a mi pueblo”.

Esa misma tarde, Andrés Manuel dio las coordenadas de lo que anunció como un nuevo gobierno electo con más de 30 millones de votos, una elección que dividió a México en dos: los esperanzados (despectivamente conocidos como “chairos”) y los incrédulos (flamígeramente conocidos como “fifís”).

Han pasado dos meses desde que Andrés Manuel y su partido prácticamente aplastaron a los partidos hegemónicos mexicanos. Sesenta días y la simpatía hacia el nuevo Presidente de México se amplía ante una aparente “luna de miel” que terminará pronto, auguran sus detractores. Lo califican de populista y demagogo, ven con recelo las propuestas del nuevo gobierno, dudan de sus buenas intenciones y rechazan el discurso de “no perseguir a los corruptos de administraciones anteriores”.

Los aliados, por otro lado, están convencidos que lo que Andrés Manuel encarna es la llamada Cuarta Transformación de México, un movimiento que busca rescatar a la Patria de una serie de saqueos y malas decisiones que hoy hacen de México un país lleno de pobres. El cambio es necesario, obligatorio pues, mientras esbozan millones una sonrisa porque sabían que los cambios dolerían. Los detractores, por su parte, no ven luces de una transformación. Más bien observan un gobierno de cuarta.

¿Qué ha sido lo malo, lo bueno, lo bonito y lo feo de estos dos meses con López Obrador?

La periodista Irma Gallo cree necesario el planteamiento presidencial de tener un gobierno austero; sin embargo, califica como malo el despido de muchos funcionarios públicos a quienes se les pidió su renuncia desde el primero de diciembre del 2018. Odracir Barquera, estratega político y ex funcionario público, piensa que por el contrario, lo bueno de estos dos meses ha sido el cortar de tajo a esos grupos aquilosados en el poder durante los últimos dos sexenios.

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Y es que el recorte salarial de servidores públicos tiene dos caras y de una misma moneda. Por un lado, la austeridad da buenas señales. Por el otro, hay cientos de funcionarios despedidos y los que lograron ser ratificados, no tendrán ya servicio de gastos médicos mayores, trabajarán más horas y ganarán menos. La fuga de capital profesional en la administración será una batalla franca que deberá librar López Obrador en los próximos años.

Por otro lado está la estrategia de seguridad. Andrés Manuel recibe un país que cerrará el 2018 como el año más violento de sus últimas dos décadas. Cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública, refieren que hasta septiembre de 2018 habían 25 mil 200 homicidios dolosos; 26 por ciento más que el 2017. En el México de la Cuarta Transformación, son asesinadas de forma violenta 65 personas diarias en promedio.

Para combatir la cifra desbordada, el nuevo presidente propone, entre otras cosas, la creación de una Guardia Nacional con la participación de 214 mil 156 soldados y 55 mil 574 marinos para proyectar el retiro paulatino de las fuerzas armadas de zonas de alto riesgo. Nunca antes, México había tenido una militarización de este calibre como propuesta para reducir los índices de inseguridad.

Para Eduardo Martínez Bastida, académico de la Universidad Nacional Autónoma de México, una Guardia Nacional no es la estrategia más acertada. Le asusta la incorporación de un estado de excepción al derecho mexicano porque eso “nos llevaría a un aumento de la violencia y la violación sistemática de los derechos fundamentales”.

El cambio de timón que propone Andrés Manuel en materia de seguridad es ambicioso y delicado, pero si se compara con las últimas estrategias fallidas por los presidentes anteriores, podría ser el gran acierto o el primer eslabón para que su pueblo comience a pensar en la decepción.

Aciertos y desatinos

Todas las mañanas, en punto de las 6:00 am, Andrés Manuel convoca a una rueda de prensa donde él es el único que habla. Atrás se observan un par de secretarios de Estado “como palos” y sin ninguna maniobra para comunicarse con la prensa, reclama Samuel Aguilar, político y miembro de la Fundación Ortega y Gasset en México. La estrategia de comunicación podría desgastar al Presidente y de paso pone de manifiesto una interlocución donde solo él puede comunicar lo que ocurre en su gobierno, dejando de lado a sus principales colaboradores.

Otro tema relevante para la sociedad mexicana es el combate a la corrupción. Javier Duarte fue gobernador del estado de Veracruz por el Partido Revolucionario Institucional. Con el dinero que desvió se calcula que podría haberse pagado la nómina de todo el Ejército Mexicano durante 47 años. Sin embargo, saldrá de la cárcel en cuatro años y medio, de los cuales ya lleva dos en reclusión.

México es el país más corrupto de América Latina y el Caribe. Así lo señala Transparencia Internacional en su informe del 2017. Según el organismo, el país azteca ocupa la primera posición tras considerar que cinco de cada diez ciudadanos, tiene que pagar por un soborno para acceder a un servicio público.

Ante este escenario, Andrés Manuel vendió una esperanza que muchos vieron romperse el primero de diciembre cuando ante millones de espectadores dijo que no metería a la cárcel a todos los corruptos de los gobiernos anteriores porque “las cárceles no darían a basto”, sería imposible gobernar y el país quedaría sumido en un “pantano de confrontación”.

Pero si hay algo que causa fascinación en todos los sectores y reflectores, es la cercanía de Andrés con la gente. El presidente recorre México en su volkswagen Jetta y aerolíneas comerciales en clase turista. Atrás quedaron los autos de lujo, blindados y decenas de guardaespaldas.

No pasa igual con el combate al huachicol o robo ilegal de combustible. El narcotráfico, la trata de personas y el huachicoleo, encabezan la lista de delitos más jugosos para la delincuencia organizada en México. Inteligencia Financiera de Hacienda detectó la participación de exfuncionarios, políticos y empresarios que lavaron más de diez mil millones de pesos por concepto del blanqueo de capitales.

Para combatir el robo del hidrocarburo, Andrés Manuel cerró de un día para otro -sin previo aviso- los ductos de suministro de gasolina para enviarla a través de pipas, lo que alentó el proceso de entrega en varias gasolineras del país y largas filas de compras de pánico no se hicieron esperar. Hoy México aplaude la decisión de hacerle frente al robo ilegal de gasolina, pero reprocha la planeación con la que se implementan decisiones que afectan de manera directa a los mexicanos y la falta de detenciones de un delito que todavía no es grave. Todavía se especula en México sobre las pérdidas millonarias por alimentos e insumos que no pudieron llegar a tiempo a su destino por falta de combustible.

Lo bonito y lo feo

Andrés Manuel López Obrador impulsará a casi 3 millones de jóvenes que no estudian ni trabajan a través de un programa que busca dar oportunidades de estudio y empleo a los jóvenes durante su gobierno. Sin embargo, Para Sara Rocha Medina, diputada federal del PRI, lo único bueno de estos 60 días de Andrés Manuel, es la continuidad de la mayoría de los programas sociales que “fueron emanados de los gobiernos anteriores”. Habrá apoyos económicos para los adultos mayores y porqué no, para los que roben combustible por necesidad o situación de pobreza. Los sectores favorecidos aplauden mientras los economistas se preguntan de dónde saldrá el flujo de capital para esos apoyos ¿Del gasto corriente?

Cuando a Sara Rocha le preguntan por el futuro de México con la actual administración, sincera responde: “México huele a Venezuela, a Chávez y Maduro”. Pero la clase trabajadora más empobrecida respalda al presidente. Más ahora que es una realidad el tan esperado aumento al salario mínimo de 88.36 pesos mexicanos a 102.68 pesos y en estados fronterizos a 176.72 pesos. El aumento beneficiará directamente alrededor de 8 millones de trabajadores que ganan entre uno y no más de dos salarios mínimos.

Odracir Barquera es cauto al calificar de bonito dos aspectos del nuevo gobierno: saber que sí se puede cambiar los malos sistemas de gobierno y que como cualquier administración, “solo durará seis años”.

Pero el grano negro en el arroz sigue siendo el México polarizado. La periodista Irma Gallo se sorprende por la animadversión reiterada en redes sociales sobre las políticas de Andrés Manuel en esta administración. Entrevistados por separados, académicos, funcionarios y abogados, coinciden en un México que odia o ama la llamada Cuarta Transformación y un presidente que poco hace por la reconciliación nacional.

Samuel Aguilar va más allá. Le parece inadmisible y horrorosa la cancelación del nuevo aeropuerto que se gestó en la administración saliente del ex presidente Enrique Peña Nieto, que deja perdidas millonarias de inversión y al erario público de 160 mil millones de pesos y una afectación directa al Producto Interno Bruno (PIB) de 20 mil millones de pesos mexicanos. Una obra donde la Auditoría Superior de la Federación (ASF) detectó irregularidades por más de 1 mil millones de pesos mexicanos en su revisión de la cuenta pública de 2016.

Andrés Manuel se ve alegre y su administración con prisa. Avanza a zancadas maratónicas con temas y políticas públicas pendientes sin tiempo al respiro y el análisis. Un día combaten el huachicol y al segundo anuncian un incremento de salario mínimo. Hoy asegura que la guerra contra el narco en México ya terminó y los ojos de millones que viven azotados por la violencia se abrieron cual luna llena. Que la esperanza de 30 millones por la Cuarta Transformación dejará frutos rojos y vivos, auguran unos. Se ven de cuarta, suspiran otros.

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