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La historia se repite: lo que pasó un 3 de enero de 1990 en Panamá con Noriega se vive ahora con Maduro en Venezuela
Ambos líderes terminaron en poder del Ejército de Estados Unidos, tras intensas presiones y una invasión militar que los obligó a escabullirse y posteriormente a entregarse.
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3 de ene de 2026, 08:43 p. m.
Actualizado el 3 de ene de 2026, 08:43 p. m.
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El 3 de enero es ahora, por una llamativa reiteración en la historia mundial, en una fecha vinculada a la caída de dirigentes latinoamericanos que cazaron pelea con los Estados Unidos.
Este mismo día, pero de 1990, el general panameño Manuel Antonio Noriega se entregó a militares estadounidenses luego de once días de cerco en la embajada del Vaticano, cerrando su régimen e iniciando un proceso judicial que terminaría con una condena de 40 años de prisión en ese país norteamericano.

Treinta y seis años después, este 3 de enero de 2026, el nombre del presidente venezolano Nicolás Maduro vuelve a ocupar titulares de la prensa internacional por un hecho comparable, con paralelos en el destino de Noriega.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó que fuerzas estadounidenses ejecutaron ataques militares de gran escala en Venezuela y que su mandatario, Nicolás Maduro, junto con su esposa, fue capturado y trasladado fuera del vecino país.
La coincidencia en el calendario no es una casualidad. El episodio de Noriega se ha convertido con el paso del tiempo en un referente recurrente sobre la forma en que Washington podía enfrentar el llamado problema Maduro.

Durante la década de 1980, Manuel Noriega se consolidó como el jefe de facto del Estado panameño tras ocupar posiciones clave al interior de las Fuerzas de Defensa de Panamá. Aunque en un inicio mantuvo vínculos con la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense, su relación con Washington se deterioró con el paso del tiempo y conforme crecían las denuncias de corrupción, narcotráfico y violaciones a los derechos humanos.

Para diciembre de 1989, Noriega ya era un dirigente aislado. En ese entonces, los Estados Unidos, bajo el gobierno de George Bush padre, lo había acusado formalmente de narcotráfico y lanzó la invasión de Panamá con un objetivo definido: capturarlo y llevarlo ante la justicia de la nación americana. Tras el inicio de la operación, Noriega huyó por Ciudad de Panamá hasta refugiarse en la Nunciatura Apostólica del Vaticano, un recinto amparado por el derecho diplomático.
Al no poder ingresar por la fuerza, las tropas estadounidenses optaron por un cerco prolongado acompañado de tácticas de guerra psicológica. Durante diez días, potentes altavoces reprodujeron música a alto volumen —heavy metal y canciones seleccionadas por su carga simbólica— con el fin de forzar su rendición. El propio New York Times ha descrito este episodio como uno de los momentos más humillantes del ocaso del régimen norieguista.
El 3 de enero de 1990, Noriega se rindió sin ofrecer resistencia armada. Fue trasladado a Florida, procesado y condenado. Para el presidente George H. W. Bush, la operación no se presentó únicamente como una acción política o militar, sino como la captura de un criminal internacional que debía responder ante la justicia estadounidense.
Tras su detención, fue llevado en helicóptero a la base aérea Howard y posteriormente trasladado a Miami, Estados Unidos, donde enfrentó cargos por narcotráfico, lavado de dinero y otros delitos. Noriega fue juzgado, hallado culpable en 1992 y condenado a 40 años de prisión, pena que más tarde fue reducida.


Soy comunicador social de la Universidad Santiago de Cali y periodista radicado en Popayán desde hace más de 15 años, pero con nacionalidad caleña. Además, soy reportero judicial en una de las regiones más hermosas del mundo, el Cauca.
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