"Yo creo en las segundas oportunidades": Johana Bahamón habló de su nuevo libro

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"Yo creo en las segundas oportunidades": Johana Bahamón habló de su nuevo libro

Junio 10, 2020 - 11:45 p. m. Por:
Paola Guevara, editora de Vé

Johana Bahamón creó la Fundación Acción Interna en el 2012 para mejorar la calidad de vida de la población carcelaria y pospenada del país.

Tomada de Twitter @Johana_Bahamon

"Yo creo en las segundas oportunidades” es su lema de batalla. Dice, libre de discursos puritanos, que si muchas de las personas que estamos en libertad no hemos caído en la maldición de una cárcel, no es porque seamos más buenos o mejores que nadie, sino porque hemos tenido oportunidades. Eso hace, para Johana Bahamón, la diferencia.

Oportunidades que en cambio no han tenido otros, en una sociedad tan desigual e injusta como esta. “Hay personas que no han podido acceder a una educación de calidad, o que no han contado con un empleo estable o una red familiar que los respalde en tiempos difíciles. O se han visto en encrucijadas de la vida, sin querer justificar el delito, que los ha llevado a tomar el camino equivocado”, dice esta actriz caleña que usó su fama, sus conexiones, su presencia misma, para atraer empatía y visibilidad hacia una población por la que nadie siente, en condiciones normales, compasión.

“Me duele el alma -confiesa- cuando oigo a la gente decir frases tan lapidarias como ‘que se pudran en la cárcel’, como si no estuvieran hablando de personas, de seres humanos”. Y admite que ha encontrado en la población carcelaria, en esos 125.000 colombianos que engrosan las cárceles del país, más humanidad, compasión, resiliencia y verdad, que en muchas personas que tienen fama de libres pero están presos “por los barrotes de sus prejuicios”.

A esas 125.000 personas dedica su libro, ‘Historias Privadas de la libertad’, que contiene 8 casos a prueba de insensibles, 8 casos que demuestran que hay más grises que blancos y negros en las experiencias de vida de las personas que consideramos criminales irredentos.

Silvia, quien acaba de salir a la libertad y sueña con abrir una cevichería. Cindy, ya libre y quien fue beneficiaria de un crédito y subsidio de vivienda para ella y sus dos hijos.

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Isabel, quien inició un emprendimiento de comida con sus compañeras de la cárcel de Ipiales. Daniel, quien no reincidió en el delito y ahora construye su propia familia feliz. Entre otros casos de resistencia personal, como el de Ulises, caleña transgénero y defensora de la población LGTBI.

Mejor raza: la humana

Johana Bahamón es actriz, es cierto, pero una que además de actuar bien ante las cámaras “actúa” bien en la vida. Ya no interpreta el papel de la buena o la mala en la pantalla, pero sí adelanta en la vida real “actuaciones” concretas que van mucho más allá de las palabras y los guiones.

Y en este gran “rol de su vida” es incansable. No le bastó con ser nombrada por el Ministerio de Justicia como embajadora de buena voluntad en la resocialización y humanización del sistema penitenciario.

No le bastó con desarrollar proyectos, en 32 cárceles del país, que han beneficiado a más de 30.000 personas privadas de la libertad.

No le bastó con crear cuatro festivales nacionales de teatro carcelario (por esos días se desarrolla una nueva edición), sino que además creó el primer TEDx en una cárcel de América Latina, bajo el lema “Cómo convertir errores en oportunidades”.

Tampoco se conformó con crear el restaurante Interno, el primero en el mundo abierto al público en una cárcel de mujeres, y seleccionado por la revista Time como uno de los mejores sitios para visitar en el mundo. Ha sido reconocida por la Andi, la USAID, la OEI, entre muchos otros, y está muy lejos de decir “basta”.

Y como quien no vive de discursos, hizo vida la teoría en el seno de su propia familia: tomó bajo su cuidado a la hija de una mujer privada de la libertad. Clari, se llama la madre. Evelyn, se llama la niña que abraza en la foto que ilustra esta página.

En su libro ‘Historias Privadas de la Libertad’, Johana cuenta la historia de Clari, o Claribel, quien dice: “Duré ocho años en la guerrilla y siento que no vengué la muerte de mi papá. Uno dice eso, pero es una gran mentira. Me siento apenada con la gente, porque les causé mucho daño a personas inocentes que no tenían nada que ver con el conflicto armado”.

Mientras cumple su condena, Clari les dio a Johana y su esposo la custodia temporal de la pequeña Evelyn. “Las dos son parte de nuestra familia”, dice Bahamón.

El apoyo de quien apoya

Cuando uno le pregunta a Johana de dónde sale una mujer como ella, no duda en mencionar a sus padres, “Los primeros sorprendidos con este camino fueron ellos. No esperaban que este fuera mi propósito en la vida, pero se han involucrado y me han respaldado en todo”.

También y por evidentes razones agradece a su esposo: “Uno piensa que el amor incondicional es el de los hijos, pero en mi caso mi esposo me ha apoyado en todo, tiene confianza en mis decisiones, su carácter es tranquilo y siempre me llena de calma. Yo peleo, él no. Nunca había tenido una pareja tan distinta a mí, y hoy digo que quiero morirme con él a mi lado”.

Sabe que la causa de los presos nunca será tan carismática como la de los niños, los ancianos o los enfermos, pero advierte: “Lo único que se necesita para ir a la cárcel es estar libre. Cualquiera de nosotros puede terminar allí, en el momento menos pensado, compartiendo un baño con 150 personas”. 

Concluye que la cuarentena y el confinamiento, situación a la que los presos estaban ya acostumbrados, nos puede hacer más empáticos. “Ellos son parte de nosotros, y como sociedad debemos ayudarlos a reincorporarse dignamente”, concluye la caleña del buen actuar.

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