Viviana Vargas y Brando Pérez tienen un 'sonido bestial' retumbando en Cali

Agosto 01, 2021 - 07:55 a. m. 2021-08-01 Por:
Susana Serrano, reportera de El País
Viviana Vargas y Brando Pérez

Viviana Vargas dio vida a Calipso, una bailarina de ballet que desde muy temprano va a un lugar de rumba en Cali, para ver bailar a Juan Pachanga.

Especial para El País

En medio de la pandemia y del paro, el arte ha encontrado nuevos espacios para seguir esparciéndose por la ciudad. Por ejemplo, el cortometraje ‘Sonido Bestial’, en el que los bailarines caleños Viviana Vargas y Brando Pérez demostraron que un producto de calidad visual y coreográfica puede convertirse en el nuevo camino para seguir promoviendo la cultura, el sabor y la identidad de la capital de la salsa.

“Este cortometraje nace de la posibilidad de hacer otras cosas. Un amigo de Brando, John Artunduaga, que es egresado de la Universidad del Valle en Licenciatura en Arte Dramático, le hizo la propuesta de crear un guion para dos hombres y Brando le dijo que mejor hiciera una historia de un hombre y una mujer para trabajar conmigo. Entonces él escribió el libreto de ‘Sonido Bestial’, que trata sobre dos leyendas urbanas de la salsa que se encuentran en un rumbeadero y por ahí partió todo”, explica la bicampeona mundial de salsa Viviana Vargas.

Pérez, al reunirse con su amigo John, también supo que él tenía ganas de hacer un corto con un gran formato, y aunque la idea sonaba interesante, el bailarín nuevamente le cambió los planes, al explicarle que en este momento, por la pandemia, era complejo ese tipo de formatos, porque citar a bailarines y actores era difícil. Así que le propuso hacer algo más pequeño, teniendo como actores solo a ‘Vivi’, como le dice de cariño a la bailarina, y a él.

“La historia cuenta el encuentro de dos leyendas urbanas, que se conocen bailando la pieza ‘Sonido Bestial’, de Richie Rey y Bobby Cruz. Las figuras se crean de leyendas que son contadas en Cali, como la del diablo que se apareció en Juanchito y demás. El ambiente del corto es de rumba y de salsa, que es lo que nos caracteriza a nosotros. Y los personajes se llaman Juan Pachanga y Calipso”, cuenta Pérez.

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Juan Pachanga, según Vargas, es un tipo muy elegante, que baila salsa espectacular y Calipso, en cambio, es una bailarina de ballet. La historia del corto narra que Calipso llega desde muy temprano a un lugar de rumba en Cali, para esperar a Juan y verlo bailar, “pero como él es el chacho, llegó como a las tres de la mañana y esperaba que cuando prendieran las luces ella igual saliera a bailar con él. Ella le dice que no y la historia trata ese contrapunteo entre él pidiéndole los cinco minutos de baile y ella diciéndole que no. Y finalmente bailan esta pieza musical de ‘Sonido Bestial’, que además bailamos completa, los seis minutos 46 segundos”, cuenta.

Ambos bailarines explican que antes para la creación de coreografías, era usual que se bailaran canciones completas, pero que actualmente, tanto los bailarines como los grupos, editan los temas para matizar y hacer muy contundente la puesta en escena. Por eso es raro que en pleno 2021 se baile toda ‘Sonido Bestial’ y sin acelerarlo, con el “audio virgen por decirlo así”, algo que fue todo un reto para ambos.

“Nos reuníamos y decíamos, bueno vamos a montar el primer minuto y tenemos dos horas para que salga el primer minuto. Entonces Viviana proponía cosas, yo proponía, grabábamos, mirábamos como salía, íbamos quitando, y día a día íbamos montando de a un minuto, hasta que completamos los seis minutos. La parte más compleja fue la descarga, la de la percusión, porque como es musical queríamos pegarnos a la interpretación que hacía el timbalero y ahí nos limitábamos un poco, porque no podíamos bailar, sino interpretar muy acorde a lo que sonaba”, aclara.

“Como embajadores de la cultura salsera es muy chévere poder transmitir, evocar y recrear en un cortometraje nuestras leyendas”. Brando Pérez,bailarín de salsa.

Finalmente tras casi 15 días, terminaron de crear la coreografía para los seis minutos 46 segundos y en la grabación agradecieron que esta fuera por partes y no en plano secuencia, porque eso les permitía respirar.

Aunque cuentan que, cuando empezaron a grabar la descarga, los bailarines tuvieron roces: “La vaina tiene mucho clímax, mucho viaje y el que esté desconcentrado, que en este caso era yo, hacía que no quedara bien la coreografía y no queríamos repetir, porque era un desgaste. Ese día fue muy duro, porque además teníamos tiempo limitado. Pero salíamos, nos tomábamos un café y volvíamos a empezar. Al final todo fluyó bien, siento que se hizo una buena interpretación con la canción y fue un reto”, dice Pérez.

Algo que le gustó mucho al bailarín en la mezcla de la salsa con lo audiovisual, fue la posibilidad de jugar con el croma, esa pantalla verde que les permite modificar lo que está detrás de los personajes. Y como es difícil explicar con palabras lo que se logró con esta técnica, Pérez y Vargas invitan a los caleños a agendarse para ver, en cualquiera de los cinco domingos de agosto, el corto ‘Sonido Bestial’ a través de la página https://sonidobestial.xrlive.tv/, donde se encuentran todas las indicaciones para poder acceder al espectáculo.

Pero este no es el fin del camino de ‘Sonido Bestial’, los bailarines explican que cuando empezaron con el proyecto se dijeron a ellos mismos que esto era solo un piloto, porque más adelante tienen la idea de incorporar más personajes a la historia, incluir más actores, hasta convertirlo en un espectáculo para presentar en los teatros de Cali o tal vez para llevarlo a la pantalla grande, al cine o quizá convertirlo en un formato más salsero y presentarlo en Cañaveralejo. “Pero que se crezca, con más personajes, porque la historia queda en ‘continuará’”, dice Vargas.

Pérez espera que con ‘Sonido Bestial’ se logre un impacto como el que tuvo John Travolta cuando hizo ‘Grease’, donde sacó un baile que quedó en la memoria de todos y lo hizo viral. En ese entonces “todos querían ser John Travolta. Eso queremos nosotros”.

Grabar en medio de la pandemia

El cortometraje fue grabado por un grupo muy reducido, unas diez personas según sus cuentas, y para Pérez ese fue uno de los motivos por los que el proyecto tuvo tanto éxito, porque al ser pocos todo rindió un montón.

La grabación del corto como tal se hizo en dos días de doce horas de trabajo seguidas y una tercera y última jornada en la que se grabó en el estudio donde estaba el croma, en la que solo pudieron estar unas tres horas. Y luego la edición se realizó en 15 días.

“Los muchachos del proyecto son muy pasionales y John Artunduaga, el director, creo que le metió el pedal. Vivi y yo estuvimos visitándolo, le dábamos nuestro punto de vista, porque la idea era que todos saliéramos bien, el trabajo de ellos, el de nosotros en coreografía, que los tiempos musicales al bailar quedaran muy precisos, que no quedara sorda la cosa, cada uno poniendo su granito de arena de manera excelente”, cuenta Pérez.

Por eso, con el deseo de darla toda, Vargas y Pérez no solo le metieron la ficha a la coreografía, sino que también practicaron minuciosamente los diálogos, las intenciones de sus personajes en escena, pensando en los motivos por los que decían lo que decían y encontrando la mejor manera de interpretar el texto.

“Entrenamos mucho con Artunduaga, que es tanto el director como el escritor de la pieza. Pero cuando íbamos a empezar a rodar se vino también el Paro Nacional y tuvimos un retraso. Después nos pusimos la ‘diez’ para sacar adelante el proyecto. A nosotros se nos sumó un tercer personaje que es el narrador, en el que participa el Flaco Solórzano, que es muy particular, así como su intervención y queda como en la memoria de la gente”, recuerda Pérez.

El cortometraje se rodó en el conocido sitio de rumba de Cali, Malamaña.
El regreso a dicho espacio que, se pensaría, sería muy esperado por Vargas y Pérez, no lo fue tanto, porque los bailarines confesaron que, pese a su profesión, no son muy rumberos, por lo que ni siquiera conocían el sitio.

“El día que conocimos a Moncho, tuvimos la reunión para presentarle el proyecto. Pero, de una u otra manera, este corto nace con la intención de regalarle a Cali esa otra normalidad que hay que empezar a retomar. Hay que volver a estos espacios y siento que todo se ha ido reactivando y aunque nosotros no somos clientes de Malamaña, sí nos volvimos amigos de Moncho y hemos ido unas dos veces y nos alegra que se esté reactivando todo”, dice Vargas.

"La salsa no se va a morir"

En palabras de Viviana:

“Debemos entender que la salsa estaba en crisis desde antes de la pandemia, no podemos tapar el sol con un dedo, pero la pandemia y el Paro Nacional agravaron todo. La salsa, aunque no se va a morir, ni dejará de ser importante aquí en Cali, sí tuvo muchas pérdidas de artistas que se dedicaron a hacer otras cosas en este tiempo. Pero hay personas que todavía le apuestan al tema, por ejemplo tenemos un nuevo Secretario de Cultura que no está poniéndole el pecho, sino el alma al asunto, y esperamos que lleguen más de dolientes con el tema de la cultura. Pero la salsa estaba enferma hace mucho. Este corto busca mandar un mensaje para que el mundo todavía crea en la salsa y es significativo que lo lanzáramos el 25 de julio, en el cumpleaños de Cali”.

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