Ser madre después de los 35, ¿cúales son los pros y los contra?
Especialistas coinciden en que la maternidad después de los 35 años tiene ventajas y desventajas desde el punto de vista psicológico. Consejos para madres maduras.
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14 de may de 2015, 12:00 a. m.
Actualizado el 20 de abr de 2023, 02:06 a. m.
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Especialistas coinciden en que la maternidad después de los 35 años tiene ventajas y desventajas desde el punto de vista psicológico. Consejos para madres maduras.
Mujeres que consiguen pareja estable cada vez más tarde. Otras que prefieren postergar la maternidad hasta culminar sus estudios y tener solvencia económica. Y otro porcentaje que se separa y su nueva pareja quiere hijos. Estas son las razones por las que ser madre hoy es un rol que llega usualmente después de los 35 años.
Pero ¿qué tan positivo desde el punto de vista psicológico es asumir la maternidad en esta etapa de la vida?
Los especialistas coinciden en que si bien lo ideal es que la edad de la madre oscile entre 24 y 35 años, teniendo en cuenta tanto los aspectos físicos como emocionales, la maternidad a la edad madura tiene puntos a favor y en contra que deben valorarse a la hora de tomar la decisión de ser madre.
Puntos en contraCuando se habla de maternidad después de los 35 años, lo primero que hay que tener en cuenta es que desde el punto de vista físico, la capacidad del organismo y los órganos reproductores para responder a las demandas de un embarazo y un parto han comenzado a declinar.
En cambio, a los 24 años se supone que es una edad ideal, debido a que el cuerpo desde el punto de vista hormonal y reproductivo es más apto y sano.
Ya en el plano psicológico y emocional, los especialistas consideran que la madre mayor de 35 años también tienen algunas dificultades.
En parte porque los compromisos a nivel familiar, económico, laboral y social, que la mujer ha adquirido en esta etapa, hace que la disponibilidad de tiempo para la crianza de los hijos sea menor.
Se considera además que como no se tiene la suficiente energía para jugar con los pequeños e involucrarse en sus actividades, y como a medida que los niños crecen se marcan más las diferencias de edades, generaciones y formas de ver la vida, esto podría poner cierta distancia en las relaciones madre hijo.
Por otro lado, se ha comprobado que en estas madres maduras hay una mayor aprehensión. Experimentan un gran temor a que su hijo nazca con alguna malformación o discapacidad o a dejarlo huérfano a edad muy temprana y que no lo alcancen a ver crecer y graduar.
Estos miedos hacen que se genere un clima de ansiedad que se le transmite al niño, desde que está en el vientre y durante su crecimiento, afectando su futura estabilidad emocional.
Como son más temerosas y les aterra la soledad, son más sobreprotectoras en su papel de madres, por lo que podrían llegar a anular la independencia y autonomía de sus hijos, pues tienden a convertirse en el tipo de madre que quiere hacerle todo al niño.
Puntos a favorLos psicólogos coinciden en afirmar que después de los 35 años existe un grado de madurez emocional que permite asumir la maternidad con una mayor conciencia de las implicaciones y responsabilidades que conlleva.
La mujer a esta edad tiene mayor facilidad para aceptar a un nuevo ser en su vida, a sabiendas de que su deber es guiarlo y darle afecto. Tiene muy claro qué lugar ocupa su hijo en su vida y le da un sitio preferencial, convirtiéndolo en su máxima prioridad.
Mientras tanto, las muy jóvenes tienden a asumir el embarazo como una obligación y una frustración, pues están viviendo una etapa en la que aún no han cubierto las expectativas propias como para cubrir las de otro ser. Además, tienen otras prioridades y desafíos como tener novio o estudiar.
Es por eso que muchas optan por delegar el cuidado de sus hijos en las abuelas o terminan maltratándolos.
Otro punto a favor de la maternidad en la mujer madura es que casi siempre después de los 35 años ya tiene organizada su vida a nivel sentimental, económico y laboral.
Por lo general, tiene pareja, independencia económica, ha terminado su carrera, tiene un oficio definido, se ha ubicado laboralmente y ha cumplido muchos de sus sueños.
Entonces en esas condiciones se supone que tienen mucho más para ofrecerle a un menor, no solo a nivel material, sino emocional, a partir de su experiencia de vida, el poder de decisión que ha ganado y su mayor racionalidad.
Además, no se puede desconocer que por lo general los embarazos a partir de la tercera década son deseados y programados, lo que ya sienta un precedente muy positivo para la crianza.
Pero, ¿qué pasa con los padres?En el caso de los padres no se habla de edades ideales, desde el punto de vista psicológico.
Más bien se considera que el hombre no debe ser muy joven, puesto que todavía puede tener muchas metas personales por cumplir, como estudiar, viajar y otros objetivos que lo alejen de la responsabilidad que implica la crianza de un nuevo ser. Y lo más seguro es que tampoco tenga la solvencia económica para responder por su hijo.
Por otro lado, si el padre es muy mayor podría tener problemas para mantener una buena relación con los hijos, dada la diferencia generacional, que impone también diferencias en la forma de ver la vida.
También puede ser más factible que sufra alguna enfermedad o que fallezca cuando sus hijos aún no se han graduado siquiera.
Lo que sí tienen a favor los padres mayores es que son más tolerantes y pacientes que los jóvenes, se supone que tienen más madurez, han acumulado experiencias que les sirven de base para educar, disfrutan más de la paternidad y por lo general ya tienen una estabilidad económica.
Además, se supone que ya han logrado estabilizarse con una pareja, con lo que ganan una red de apoyo familiar más amplia y sólida.
Sin embargo, los especialistas aclaran que en estos casos no hay nada absoluto, por lo que es posible que un padre muy joven termine siendo más responsable que uno mayor o que el joven tenga una mejor disposición que el mayor para educar a su hijo.
Consejos para quienes ya son madres
Prepárese en todo lo que tiene qué ver con desarrollo humano, cómo debe ser el ambiente ideal para un niño, cuáles son sus necesidades, a qué están expuestos, cómo puede educarlo para que sea una persona realizada y feliz.
Asuma su realidad. Entienda que ya no puede cambiar las cosas.
Piense positivo. Abandone la frase no voy a poder y mire hacia atrás para que valore sus logros y entienda que sí es capaz de muchas cosas.
Preocúpese únicamente por el presente. Deje el temor a morir y que su hijo se quede huérfano a muy temprana edad, pues pensar en lo que podría pasar no le ayudará en nada y a cambio le pondrá muchas limitaciones.
Tenga muy claro que su rol como madre es el desarrollo emocional y psicosocial de sus hijos, que es la resposable de su desempeño académico, su salud y su formación. Y que en el caso de los varones su influencia es aún mayor, así como los padres tienen mayor influencia sobre las hijas.
Organice su tiempo de forma que no descuide la crianza de su hijo, pero tampoco sus deberes familiares y laborales.
Sométase a chequeos médicos periódicos para verificar su estado de salud.
Haga ejercicio. Así estará en mejores condiciones para lidiar con su bebé.
Saque tiempo para recrearse y hacer vida social. Así mantendrá el estrés, que normalmente producen los hijos, bajo control.
Fuentes: Sarah Manrique, psicóloga especialista en desarrollo intelectual y magister en desarrollo educativo y social; Judith Medina, psicóloga clínica especialista en familia, del Centro Médico Imbanaco; Mara Tamayo, psicóloga clínica de la Universidad del Valle; Frauky Jiménez, psicóloga clínica. Inés Valencia, psicóloga especialista en terapia de famiia y pareja, del Centro Médico Imbanaco.
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