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Nasa Histories llega a Cali con su (Días Malos) Buenos Tour para “bailar la tristeza”
La agrupación colombiana se presentará el próximo 23 de octubre en la Sala Curador, Club Social. En esta entrevista, la banda detalla la filosofía de transformar los momentos difíciles en arte, y el origen retro y experimental de su más reciente sencillo junto al venezolano José y el Toro
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29 de sept de 2026, 04:08 p. m.
Actualizado el 29 de sept de 2026, 04:08 p. m.
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Por tercera vez, la banda boyacenese Nasa Histories pisa suelo caleño. Inicialmente el motivo fue por una colaboración que hicieron junto a la BBC, y en esa oportunidad visitaron Cali y Cartago. Posteriormente, estuvieron en el concierto de Bolero Apocalíptico siendo el acto de apertura de Monsieur Periné.
Esta vez, Daniel Pinto, Víctor Cely, Santiago Jiménez, Daniel Tovar y Jair Serrano, estarán el 23 de octubre en la Sala Curador, Club Social. “Estamos muy felices porque el público caleño nos acoge demasiado. Siempre que vamos aprovechamos la gastronomía local; nos encanta pasar por la ciudad para comer pandebono y un cholado en el puesto de la trompeta típica grande. Eso es lo que normalmente disfrutamos hacer cuando estamos de gira”, cuenta Daniel.

El tour se llama «Días Malos Tour» y coincide con un momento en el que Cali ha pasado por días difíciles anímicamente debido a duelos y pérdidas de vidas y mascotas. ¿Es la música de ustedes una forma de terapia grupal para estas situaciones?
Totalmente. De hecho, nombramos originalmente esta gira así por una canción de nuestro álbum Fauna llamada Urutau. Esa canción habla precisamente de que todo es temporal; indudablemente hay días que no son muy buenos y momentos duros, pero tarde o temprano terminan y vendrán días mejores.
Casualmente, al empezar la gira nos comenzaron a ocurrir cosas malas: se nos perdían las maletas, se dañaban los inflables y se nos refundían los objetos. Por eso decidimos rebautizarla como «Días Malos (Tachados) Buenos Tour», jugando con esa dualidad natural de la vida. Mandamos un abrazo gigante a todas las personas que están pasando por un momento difícil. Nuestra filosofía es «bailar la tristeza». En los conciertos buscamos dejar a un lado los problemas; a veces la gente baila y a veces llora. Esa es la magia del arte, algo que nos queda muy humano para sentir y pasar un buen momento.
Hablemos sobre su sencillo «No fue falta de amor». ¿Cómo surge y, si no fue falta de amor, qué fue?
Es la última canción que estrenamos junto a un gran artista venezolano que hoy vive en México: José y el Toro. Lo admiramos un montón porque coincidimos en el pensamiento de hablar desde un mensaje honesto, sincero, transparente y sin aparentar lo que no somos. Conectamos el año pasado mientras él hacía su tour en Colombia.
La composición nació de una mala experiencia interna: un miembro de la banda sufrió una ruptura amorosa y se hizo esa misma pregunta, porque sentía que el amor le sobraba. Cuando se termina una relación de mucho tiempo y la otra persona se va como si nada, quedan más preguntas que respuestas. Quisimos plasmar esas emociones en música para conectar con quienes pasan por algo similar.
Esto lo llevamos a un contexto muy latinoamericano y colombiano en el video musical. Lo ambientamos en una taberna antigua, de esas que se recuerdan por las vasijas, las velas, las imágenes y una arquitectura que conserva lo antiguo que siempre nos ha gustado mantener, filmado en un sitio tradicional en Boyacá.
¿Por qué decidieron apostar por un sonido de bolero con toques de son cubano, diferenciándose de la balada indie de Fauna?
Desde que nació la banda no hemos tenido temor a experimentar. Si un día amanecemos rockeros, le metemos rock; si nos sentimos rebeldes, ska. Veníamos siguiendo a José y el Toro y admirábamos su forma de hacer música que parece retro pero en verdad es atemporal, porque nunca pasa de moda. Como él tiende hacia los boleros, decidimos fusionar estilos y llevar la propuesta hacia un son cubano.
El objetivo era sacar a José y el Toro de su zona de confort del bolero y a Nasa Histories del terreno puramente indie. Al mezclarnos, encontramos una armonía muy chévere. La experimentación ha estado siempre presente en todos nuestros álbumes a través de bastantes géneros musicales. A veces nos cuesta describir qué género tocamos porque no nos gusta ponernos límites ni barreras en la música.
¿Cómo va a ser el recorrido del concierto, qué canciones van a interpretar y qué géneros se escucharán?
Este «Días Malos (Tachados) Buenos Tour» nos ha permitido estructurar un show muy completo y bonito para darle gusto al fan con el repertorio. Obviamente, hay canciones icónicas que tocamos sí o sí porque la gente las pide, como Bugambilia, Cactus y Girasol, que provienen del álbum Flora.
Por supuesto, al estar de lanzamiento, queremos llevar No fue falta de amor a los escenarios, y esta gira por Colombia nos dará la oportunidad perfecta para hacerlo. Vamos a estar tocando estas canciones y buscando tener un contacto muy directo con el público. A veces nos gusta bajarnos de la tarima, tocar cerca y estar con ellos para disfrutar juntos.
La idea es permitirle a los asistentes liberar todas las emociones que llevan consigo; que puedan soltarlas y hacer catarsis mientras cantan, saltan o «bailan la tristeza», que es como definimos nuestra música. Ese es el mundo en el que habitamos durante estos shows.
Mencionaban antes a Monsieur Periné, quienes manejan una propuesta conceptual muy fuerte en su escenografía. En ese sentido, ¿ustedes realizan alguna apuesta en escena que dialogue con las canciones?
Sí, casi siempre procuramos trasladar el concepto de la gira a la tarima, ya sea que estemos girando con el Flora o con el Fauna. En esta ocasión, lo que une al Fauna y al Flora es el concepto de una jungla. Nos gusta mucho que la temática de la que hablan las canciones esté presente y se convierta también en una experiencia visual. Llevaremos una escenografía muy bonita que acompaña muy bien el concepto del álbum.
Queremos que en el show las personas nos acompañen, porque el mensaje no es unidireccional, no es solo el artista expresando algo, sino que el público también se comunica con nosotros. De hecho, en tarima todo lo que suena somos nosotros cinco tocando en vivo; no utilizamos secuencias de fondo, lo cual es muy común actualmente. No decimos que esté mal, simplemente son formas distintas de expresar la música en vivo, y a nosotros nos gusta sentir esa energía directa de la gente.
Esto ha consolidado algo muy lindo con nuestro fandom, y es la idea de que «aquí cabemos todos, aquí cabemos los diferentes». Es un espacio seguro donde la gente va vestida como quiere y nadie la va a juzgar. Como todo es conceptual desde la tarima y la música, el público se ha apropiado de eso: se ponen orejitas, se pintan la cara o se personifican como los personajes de nuestros videos. Es una experiencia muy linda ver cómo el mismo fandom se ha encargado de desarrollar ese entorno.
Sus letras cuentan relatos cotidianos e historias de la vida real que tocan fibras emocionales. Para algunos es como una especie de poesía cantada, ¿ustedes lo asumen así?
Es muy bonito asumirlo de esa manera. Cada quien establece su forma de vivir, entender e interpretar la música, y si se interpreta así, para mí resulta sumamente valioso. Existen miles de maneras de conectar con ella.
En lo personal, disfruto mucho cuando creamos las canciones y empezamos a escucharlas en maquetas, antes de lanzarlas, porque ahí las interiorizo y me dejo llevar por el sentimiento y la sensación que transmiten. Urutau fue una de las canciones que me hizo experimentar una tristeza rara; transmite el mensaje de que los días malos pasarán, pero que es bueno saberlos vivir para poder avanzar con ello. Uno siente las canciones con fuerza cuando está en soledad o pasando por un momento donde conecta directo con la letra, interpretándola según su propia vivencia.
Gracias a la comunidad que escucha a Nasa Histories nos han pasado cosas hermosas en los conciertos. Recuerdo que estábamos en España, no sé si en Madrid o en Valencia, y el concierto se detuvo porque una chica pidió subir a declamar un poema. Estuvimos de acuerdo, subió y declamó algo hermoso. Todo el mundo, incluido el público, guardó un total silencio y prestó atención a su mensaje porque era un momento muy especial para ella. Esos espacios habitan en nuestra propuesta, esa forma en que ella declamaba a razón de las letras y las vivencias de Nasa. Tu pregunta me hizo recordar de inmediato esa bonita experiencia.

Buscando el origen del nombre del grupo, tengo entendido que hay una bella historia detrás. ¿Cómo nace esa mezcla de dialecto indígena con el idioma francés, y qué relación tiene con su propósito de ‘cantar’ historias?
El origen de la banda nace en un espacio universitario. Éramos cinco personas que no tenían otra pretensión más allá de disfrutar un momento haciendo música. Todos veníamos de carreras diferentes y ninguno tenía formación musical formal en ese entonces, a excepción de Yahir, quien inicialmente comenzó estudiando física pero luego se pasó a música. De resto, el grupo estaba integrado por licenciados en idiomas, ingenieros, incluso veterinarios, y yo, que soy biólogo.
En uno de esos espacios universitarios, dos profesores de idiomas —Víctor y Daniel Pinto— cursaban una materia electiva sobre dialectos indígenas de Latinoamérica, enfocada especialmente en Colombia. Como parte de uno de sus trabajos, estaban estudiando el wayuunaiki, que es la lengua indígena que se habla en La Guajira por la comunidad Wayúu. Allí se encontraron con una palabra que les llamó mucho la atención: «Nasa», que significa «aquellas».
En esa época hacíamos muchos covers de.... En esa época hacíamos muchos covers de Monsieur Periné o de la Burning Caravan, agrupaciones que tenían muy marcado ese tema francés del Manouche o del jazz gitano. Vimos allí una mezcla que surgió de forma muy natural: pensamos qué había más latinoamericano que nuestras propias lenguas indígenas, y decidimos combinar esa esencia con la base del jazz gitano que nos caracterizaba desde el inicio.
De este modo, unimos «Nasa» (de aquellas) con la palabra en francés histories (historias). De hecho, el primer álbum de la banda se llamó «Aquellas Historias», y recopilaba relatos de terceros, historias de la ciudadanía vistas desde una tercera persona. Aunque con el tiempo hemos aprendido a convivir con el hecho de que la gente a veces lee «Histories» como si fuera inglés, o nos confunden con la NASA del espacio, al principio nos causaba conflicto, pero hoy ya lo asimilamos como parte de nuestra identidad.

Hablemos de esta gira, tanto en Colombia como a nivel internacional. ¿En qué ciudades sienten mayor acogida?
Esta es la primera gira nacional e internacional que hacemos planificada y concebida así desde un principio. No se construyó sumando fechas sobre la marcha, sino que con mucha antelación armamos todo el paquete, buscamos promotores y definimos los lugares para lo que es el «Días Malos (Tachados) Buenos Tour». Estamos muy felices porque gracias a la música he podido visitar lugares que jamás imaginé conocer de esta manera. Este año pudimos presentarnos en España, Uruguay y pronto estaremos en Guatemala abriendo mercado y construyendo comunidad para apuntar a escenarios cada vez más grandes.
Tenemos una fecha sumamente ambiciosa que nos llena de alegría: el 27 de noviembre en Ciudad de México. Estaremos por primera vez en el prestigioso Teatro Metropólitan, un recinto para 3200 personas del cual ya llevamos vendido el 80 % de la boletería. Estamos muy contentos porque sentimos que, de la mano de Ocesa, podemos alcanzar el sold out. México nos ha abrazado de una forma exponencial; nuestra primera vez allí fue en un espacio de 1200 personas junto a otros artistas, luego regresamos en solitario y ahora damos el salto al Metropólitan.
En cuanto a Colombia, estamos felices porque esta gira nos permitirá presentarnos por primera vez completamente solos en Cali, Bucaramanga y Medellín. Ya habíamos estado en estas ciudades antes, pero como actos de acompañamiento o en formatos mucho más íntimos. Esta vez ampliamos el espacio para llevar nuestro propio show en solitario. De manera especial para Cali, debido a la situación por la que ha pasado la ciudad, queremos estructurar algo muy significativo y devolverle al público un poco de todo el cariño que nos ha brindado.
Ha sido un tour de abundancia y felicidad. Hemos pisado festivales internacionales de gran renombre como el Lollapalooza en Argentina, el Tecate Pa’l Norte en Monterrey, y próximamente estaremos en el Tecate Comuna en Puebla, compartiendo cartel con leyendas de la música internacional y local como Guns N’ Roses, Los Fabulosos Cadillacs y Morat.
Ha sido un recorrido increíble. ¿Hay algo más que deseen agregar o enfatizar antes de despedirse?
Queremos reiterar la invitación especial a todo el público de Cali y recordarles el cambio de venue: la cita del 23 de octubre ya no será en Espacio 1060, sino en la Sala Curador, Club Social. Quedan todos cordialmente invitados. Allá nos encontraremos para «bailar la tristeza» y vivir juntos el «Días Malos (Tachados) Buenos Tour».
Isabel Peláez. Escribo, luego existo. Relatora de historias, sueños y personajes. Editora de cultura, entretenimiento y edición de contenidos digitales.
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