María Eugenia Piedrahita: homenaje a la reina caleña del bolero y la balada

María Eugenia Piedrahita: homenaje a la reina caleña del bolero y la balada

Abril 07, 2019 - 07:55 a.m. Por:
Redacción de El País
María Eugenia Piedrahita

María Eugenia Piedrahita

Especial para El País

Con una incomparable belleza, una voz privilegiada, de una tesitura amplia y un color particular; un gran ángel y un noble corazón, María Eugenia Piedrahita Plata fue una de las cantantes caleñas más prestigiosas y queridas de los años 70.

Pese a que murió el 23 de enero de 2015, es tal la huella que dejó en familiares, amigos y seguidores, que en su honor se ha preparado un sentido homenaje musical con cuatro artistas que interpretarán sus canciones, el próximo 25 de abril en la Casa Hacienda El Limonar. Las utilidades de la boletería se destinarán a las causas de la Fundación Semana del Menor.

En el hogar de José Gabriel Piedrahíta y Bertha Elena Plata, nació en Cali, en 1942, la segunda de cinco hermanos —Pedro, Francisco, Bertha y Jaime—, que empezó su carrera musical en el coro de la Iglesia Santa Mónica.

Video: así recuerdan a María Eugenia Piedrahita, la inolvidable voz caleña de los años 70

Esto opinaron varios tres personas del medio que tuvieron cercanía con la fallecida cantante de boleros y baladas.

Isabel Peláez / Periodista - Daniela Cerón / Videógrafa

“Era un diciembre de 1959. A mi mamá, Mireya Ayala, que era cantante, le había encargado el cura que se consiguiera unas jóvenes que cantaran para la Novena y ella no hizo la tarea, entonces él advierte en la misa: ‘Vamos a hacer una novena de Navidad, las que quieran cantar con Mireya, por favor, vengan acá al frente’, pero nadie pasó”, cuenta Óscar Ayala, uno de los organizadores del homenaje a María Eugenia.

“Mi mamá cantó la primera estrofa del villancico La Nanita Nana y se quedó callada para ver si alguien la seguía. De pronto se escucha una vocecita muy bonita, es de una niña preciosa, con su boina y su uniforme del colegio de las hermanas de La Presentación y la llama para que la acompañe adelante”, prosigue Óscar.

Cuando la tía de María Eugenia, Maruja Plata, va por la joven al atrio para llevársela de vuelta a casa —vivía a una cuadra de la iglesia—, le piden que traiga más amigas. “Comienzan a ir a mi casa y me deleito con este lempo de mujer, porque María Eugenia era fuera de serie, fue una gran cantante, se convirtió en la gran esposa de un político y en una gran madre, pero además fue un mujerón impresionante que paraba el tráfico”, cuenta el hijo de Mireya.

“La sorpresa fue enorme cuando la escuchamos, su voz era increíblemente melodiosa”, rememora Mireya.

Corría el año 60 y María Eugenia cursaba sexto de bachillerato cuando ingresó al coro dirigido por Santiago Velasco Llano, el primer gran coro que tuvo la ciudad. Interpretaban música coral colombiana, aunque el maestro fue aportando temas internacionales y aprovechó para estrenar muchas de sus obras, como Tutú Marambá y Tío Guachupecito. Seis grandes voces, entre ellas la de María Eugenia, soprano media —lo suyo eran tonos medios y altos—, quien ocupó el rol de solista, y la de Mireya, que era contralto, y un coro —un total de 30 mujeres—, que cantaban en las misas principales de Cali y que recorrieron Colombia de arriba abajo.
Siendo aún estudiante del colegio de La Presentación, ingresó al Conservatorio Antonio María Valencia para formarse como intérprete.

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Años más tarde, ya graduada de bachiller, viajó a Estados Unidos para perfeccionar sus destrezas musicales en el Rosary College de Chicago.
Sin embargo, se tuvo que devolver porque a los pocos meses murió su padre, y debió ponerse a trabajar como secretaria bilingüe, para dar su aporte a la familia, que pasaba por una difícil situación.

María Eugenia no solo hizo malabares para ayudar al sostenimiento de sus hermanos, además fue partícipe del famoso Circo de Variedades de Cali que conformaron algunas señoras del coro y sus maridos, que, entre chiste y chanza, dijeron: “Armemos un circo, ya tenemos los payasos y las mujeres más lindas del planeta”, y así fue como se logró hacer un espectáculo que solo podría compararse con lo que es hoy Delirio. Era itinerante —ensayaban en las diferentes casas de sus integrantes—, y sus artistas eran amateur. Cuenta Óscar Ayala que “otra vez la estrella, por su don, su gracia y su belleza fue María Eugenia”. Comenzaron a presentarse en el Teatro Municipal y duraron cinco años. Mientras todo aquello pasaba, María Eugenia se relacionó con grandes figuras del canto, como Graciela Arango de Tobón, mandamás de asuntos musicales y técnicos del Circo y una de las cantautoras más afamadas de Cali, quien la relacionó con las disqueras CBS y Sonolux.

Durante la época del coro, María Eugenia conoció al que fue su primer esposo, Luis Alfonso Calderón, con quien tuvo a sus hijos José Fernando y Patricia Calderón Piedrahita. Unos años después se separaron, de allí la melancolía de sus primeras interpretaciones, perfectamente captada en las composiciones de Graciela Arango.

Dominó varios géneros, aunque su predilecto fueron los boleros. Hizo bellísimas interpretaciones de canciones como ‘Sola’, de Eduardo Cabas y Santander Díaz; ‘Te lo dije’, de Consuelo Velásquez; ‘Una tercera persona’, de Luz Celina Tirado, y ‘A mi manera’, de Paul Anka. Grabó en 1973 un sencillo con una versión de ‘El pobrecito’ y de ‘Te lo dije’, que se convirtió en éxito.

Alternó con Armando Manzanero, participó en el IV Festival Internacional de la Canción, en el que ocupó el quinto lugar en 1970. También estuvo en el Festival Viña del Mar. Fue considerada ‘Reina de la balada’ y ‘Diva de Cali’, recuerda Mireya de Ayala, testigo de una carrera que se pronosticaba promisoria. Grabó ocho discos, realizó giras por Norteamérica, Europa y Suramérica.

La producción ‘De todo corazón’, grabada en 1994, junto a su hermano Pedro, a beneficio de la Fundación Fundamor, fue uno de sus mejores trabajos con canciones como ‘No niegues que me quisiste’, ‘En mi viejo San Juan’, ‘Malena’, ‘Desvelo de amor’, ‘Dime que sí’ y ‘Madrigal’, entre otras.

Estando precisamente en el Circo Variedades, en los años 70, conoció a un primo segundo suyo, Rodrigo Lloreda Caicedo, quien, como la mitad de los espectadores, quedó hechizado con aquella mujer. Cada que iba a verla le llevaba un ramo de rosas. Según Roberto Gómez, el guitarrista que acompañó muchas veces a María Eugenia, “era como un chicle. Al principio ella no lo quería mucho, le parecía lejano a sus intereses —él era una figura prominente del Partido Conservador—, hasta que cedió a sus encantos. Se casaron por lo civil en 1974 y por la iglesia cuatro años después.

Ella no dejó sus giras ni sus discos ni su carrera porque él se lo pidiera, pues él fue quien más la impulsó y su principal fan. Se retiró, por decisión propia, para dedicarse a sus hijos, José Fernando y Patricia Calderón, y a los de Lloreda de su matrimonio anterior: Rodrigo, Francisco José, María Mercedes y Aura Lucía Lloreda. Luego nacería María Eugenia Lloreda, ‘La Tata’ Lloreda, hija de ambos. Fue un apoyo incondicional para Rodrigo, mientras fue canciller de la república y embajador; incluso fue primera dama, cuando en dos ocasiones Lloreda reemplazó al Presidente de Colombia.

Ángel y diva 
María Eugenia Piedrahita

María Eugenia Piedrahita ocupó el rol de solista en el que fue el primer gran coro de Cali. Nunca dejó de educar su voz y la puso al servicio de los demás.

Especial para El País

“María Eugenia fue una segunda madre para mí. Con ella viví siendo niño y parte de mi adolescencia y siempre me trató como a un hijo, por eso me dolió profundamente su enfermedad y su muerte. Cuando tuve cáncer a los 15 años, dejó todo tirado para estar a mi lado. No encuentro palabras de gratitud suficientes para expresar lo que eso significó en mi lucha contra esa enfermedad”, dice Francisco José Lloreda Mera, actual presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo, ACP.

“Fue una consejera permanente en mi vida, en las buenas y en las malas. Y siempre estuvo ahí para darme apoyo y ayudarme a tomar la mejor decisión”, agrega.

“Fue una mujer extremadamente generosa, primero con mi padre —Rodrigo Lloreda—, a quien acompañó en su travesía política y periodística; con todos los hijos propios y ajenos, y con sus familiares y amigos. Por eso no debe extrañar el recuerdo que de ella tienen tantas personas, quienes la llevan en su corazón”.

La propia Aura Lucía Mera, madre de Francisco Lloreda, lo dijo sin tapujos a El País, en 2015, cuando María Eugenia falleció: “Fue la segunda mamá de mis hijos. En los momentos más difíciles, mis hijos fueron como hijos de ella”.

Dicha generosidad la corrobora Diego Martínez Lloreda, director de información del diario El País, de Cali, para quien ella también fue un ángel: “Quiero destacar su gran corazón. Fue una mujer muy solidaria, muy generosa, muy dada a las personas. Puedo dar el testimonio de cómo fue con mi mamá, que era su prima, quien padeció un cáncer muy duro y ya hacia el final de sus días tenían que aplicarle una medicina paliativa, por goteo, durante cuatro horas. María Eugenia se sentaba con mi mamá a acompañarla, en esas sesiones interminables, con una paciencia y un amor... Ella fue totalmente solidaria, y sé que ese fue un rasgo de su vida que mostró con muchas personas, su entrega a la gente”.

Además, Martínez destaca como uno de sus mayores atributos su belleza. “La primera noción de una mujer bonita que tuve en la vida fue María Eugenia. Cuando iba a mi casa a visitar a mi mamá, mucho antes de casarse con Rodrigo, me impresionaba lo bonita que era, su sonrisa y su ángel”.

Jaime, el menor de los Piedrahita, a quien María Eugenia llevaba 14 años, y con quien compartió muy poco de soltero, recuerda que su relación se afianzó cuando coincidieron en Washington, mientras Rodrigo Lloreda estaba como embajador de Colombia en Estados Unidos. Y cuando el político se devolvió al país, ella se quedó por seis meses esperando que los hijos terminaran el colegio.

“En esos seis meses nos acercamos mucho, yo terminaba de estudiar y me iba para el apartamento de ella y nos sentábamos a conversar y a acompañarnos. Ahí realmente la conocí y a partir de ese momento fue una relación muy cercana, de muy buenos hermanos. cuando me fui a vivir a Estados Unidos, casado y con hijos, venía con mucha frecuencia a Cali y me quedaba en su casa, recién ella enviudó”.

Cuenta Jaime que cuando su tía Maruja murió, María Eugenia asumió la dirección de la Institución San José, y lo invitó a que la acompañara en la junta directiva, “estuve hasta que ella ya se enfermó, yo seguí yendo a la junta y la mantenía al tanto de lo que estaba pasando”.

Confiesa que la canción con que más la recuerda es ‘En un rincón del alma’, que ella cantaba con mucha fuerza y sentimiento. “Siempre admiré su voz, realmente era algo privilegiado”.

Otra de sus favoritas era también la predilecta de Rodrigo Lloreda, ‘A mi manera’, “de las últimas que grabó con mi hermano, Pedro, ya en un plan más de colaboración con ciertas empresas, que cantando profesionalmente. Y de las más viejas me encantaba ‘Venecia sin ti’”.

Recuerda Jaime que cuando ella empezó a cantar profesionalmente, él tenía 15 años. “Ella sufría mucho, le daban muchos nervios, arrancar una presentación para ella era una película y se empezaba a poner nerviosa, no sé con cuánta anticipación, tenía que tomarse uno o dos tragos de algo para relajarse”.

Juan Carlos Sardi, actual director de la Institución San José, dice que, tras la muerte de Maruja Plata —su madre—, María Eugenia, siempre se involucró en las obras sociales, de lleno, “los últimos 15 años se volcó mucho a ayudar en todo lo que podía. Dejó de ir a la fundación en 2013 luego de trabajar para esta durante cinco años. En diciembre recogía plata de todo mundo y tenía un plan de regalos para la gente del corregimiento de El Saladito.

Una de sus amigas más entrañables fue Martha Calero. “Me ennovié con Vicente Borrero, primo hermano de las Piedrahita, de quien era muy cercana. Cuando María Eugenia estaba embarazada de su segunda hija, yo lo estaba de mi hijo. Era una persona maravillosa, inteligentísima, muy abierta, con un carácter muy suave, pero fuerte cuando debía tomar decisiones, amable y una amiga inigualable”.

Ni qué decir de su parte artística, pues la exreina fue la fan número uno de la cantante.

“Yo era la capitana de sus fans. Su voz era una belleza. Cuando se ennovió con Rodrigo Lloreda, que era muy amigo de Vicente, la
acompañé en sus salidas artísticas. Tenía un éxito loco. Fuera de que cantaba muy lindo, se robaba el show con su alegría y su manera de ser. Luego se convirtió en un bastión para su esposo en la política, era una mujer muy capacitada, inteligente, ella lo aconsejaba y a él le gustaba escucharla. No en vano, cuando dejó los escenarios, ella decía que había dejado el canto por amor”.

El homenaje
María Eugenia Piedrahita

Cantó Malena, El Día que me Quieras, De Carne y Hueso, Pobrecito...

Especial para El País

“En la época en que ella cantaba yo tendría 4 años. Me acuerdo haberla visto en la televisión cantando, como era tan apasionada en su interpretación, yo pensaba que ella estaba sufriendo, por eso me ponía a llorar”, cuenta Patricia Calderón Piedrahita, hija de María Eugenia.

“Cuando mi mamá se casó con Rodrigo yo tenía 8 años y junto con mi hermano José Fernando nos fuimos a vivir con él a ‘Entre Ríos’. En principio éramos Rodrigo y Kiko porque las niñas vivían con la mamá. Por amor, mi mamá decidió retirarse del canto y dedicarse a su hogar. Nosotros viajábamos mucho y cuando lo hacíamos nos íbamos los siete. Ella vivía pendiente de que nos dedicáramos al colegio y de que sacáramos buenas notas. Nos decía que todo lo hiciéramos con dedicación”.

Otro de los recuerdos imborrables de su mamá era verla, después de su retiro de los escenarios, cantando para sus amigas, en reuniones familiares. “Nunca dejó sus clases de técnica vocal, su voz fue madurando con el paso de los años”.

Patricia también fue fiel testigo de la dedicación de María Eugenia por sus 15 nietos, los disfrutó al máximo, después de que murió Rodrigo (en el 2000) ellos llenaron ese vacío. “Mi mamá volvió a renacer con sus nietos, ella les leía cuentos, les cantaba, fueron una alegría tremenda”.

La define como “estoica”. “Inteligente y muy querida por las personas, de ella siempre hablaron bien porque ayudaba mucho en fundaciones, tanto económicamente como con el servicio. Se encargaba de llevarles regalos a los niños de El Saladito”.

De esa generosidad da fe Elsa Dorronsoro, otra amiga entrañable, quien no olvida que para María Eugenia los jueves eran de sus viejitos. “Ese día no podíamos planear nada con ella, porque tenía un grupo de adultos mayores a quienes llevaba a pasear a Buga o a comer pandeyuca”.

Amigos como Elsa, familiares como Patricia y seguidores, harán parte del homenaje que el 25 de abril se realizará en la Casa Hacienda El Limonar, ubicada en la Carrera 66 No. 13 A 80. El evento será el primero de varios Jueves Culturales del Limonar, en los que se pretende rendir honores a artistas vallecaucanos.

La primera elegida ha sido María Eugenia, en una velada musical que tendrá lugar desde las 6:00 p.m. y en la que se escuchará lo mejor de su repertorio.

Cuatro vocalistas: Sandra Patricia Manzano, Vanessa Manzano, Alejandra Parra y Sandra Hernández, interpretarán las canciones de la artista. Incluso lucirán los vestidos que ella llevó durante algunas de sus presentaciones.

Será como un regreso al pasado en una casa museo que es Patrimonio Cultural y Arquitectónico de Cali.

La idea de rendirle homenaje a María Eugenia surgió de Carlos Alberto López ‘Cala’, amigo y gestor del homenaje a María Eugenia. “Me unió una gran amistad con ella desde los Juegos Panamericanos cuando surgí como cantante en el Festival de Buga. Luego ambos participamos en un documental del encuentro deportivo, me apoyó en presentaciones y nació una amistad que duró hasta que ella murió”.

Dice él que hasta 1973 María Eugenia fue una gran diva, “bajaba de los constellations, los jets de la época, en los aeropuertos, y los fans la recibían con flores. Sabían de su calidad vocal y admiraban su belleza. Es de las pocas veces que Cali ha estado tan destacado en el plano nacional e internacional, María Eugenia le abrió el paso a cantantes como Claudia de Colombia”.

“Después de su retiro de los escenarios, quedó la gran artista que compartía en las reuniones con sus amigos su voz, todos los discos de ella a partir de 1973 fueron para fundaciones del Valle del Cauca. Ella regalaba su voz al servicio de los demás. Dios la dotó de una hermosa voz, de un carisma impresionante, de una belleza inigualable y dejaba boquiabiertos a los espectadores, porque se movía en el escenario con gran propiedad”, agrega ‘Cala’.

En el homenaje del 25 de abril estará también Roberto Gómez, guitarrista que acompañó a María Eugenia en varias de sus presentaciones y director musical del evento.

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