Los detalles detrás del nuevo libro de Margarita Londoño: 'El día que llegó la Ópera a Rosas'

Noviembre 16, 2018 - 11:45 p. m. 2018-11-16 Por:
Aura Lucia Mera y Beatriz López - Especial para El País
Los detalles detrás del nuevo libro de Margarita Londoño: 'El día que llegó la Ópera a Rosas'

Las entrevistadoras con Margarita Londoño (centro), cuya incursión en la política fue original, rompiendo esquemas y saltándose protocolos.

Foto: Especial para El País

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Nunca se imaginó, cuando era estudiante, que odiando la gramática y la ortografía su pasión sería escribir. Y ahora presenta ‘El día que llegó la ópera a Rosas’.

Tal vez desde pequeña se dejaba llevar por aquel poema de Rubén Darío: “Margarita, está linda la mar y, el viento lleva esencia sutil de azahar. Margarita, te voy a contar un cuento”. Las fábulas de Esopo, La Fontaine y Pombo, fueron su punto de partida para empezar a escribir cuentos para niños.

Margarita Londoño, nacida en Popayán y con fuerte arraigo caleño,
exsenadora de la República, exdirectora de Occidente, periodista, académica y escritora, es multifacética, incansable, controvertida, transgresora, investigadora, compleja, sensible, frentera, divertida.

Cuando fue candidata a la Alcaldía de Cali en 1998, una lluvia de margaritas que caerían sobre ella desde un avión en la Plaza de la Banderas, se frustró cuando el viento lanzó por la ventanilla una de las bolsas negras que contenían las flores y “aterrizó” como un fardo pesado entre la multitud, abortando la lluvia de pétalos.

Se aburrió en el Senado, donde estuvo por espacio de año y medio. Allí conoció de primera mano las intrigas, las mentiras y las componendas burocráticas. No aguantó y renunció. Es una etapa que quisiera borrar de su memoria.

Nísperos, guayabos, totumos, chiminangos, guásimos, jazmines, sus perros preferidos, un gato negro, libros, música, trementina, óleos y pinceles la acompañan.

Enfrenta ahora una enfermedad seria y acepta el reto mirándola de frente, a sabiendas de que el pronóstico no es halagador. Una silla de ruedas autónoma de última tecnología la ayuda en algunos quehaceres, pero ella continúa sus actividades, imparable, creativa, repleta de entusiasmo y proyectos.

Ha incursionado en la política, el periodismo, la literatura y la academia, ¿en cuál ha sufrido el mayor desencanto?

Diría que en la política. Es el ejercicio más difícil e ingrato, donde no se pueden tener hígados y la ética hay que olvidarla. Se espera demasiado de uno, pero en la forma tradicional, que uno sea clientelista, que consiga puestos, que regale ladrillos, casi que pagar el voto. Todo el mundo habla de anticorrupción, pero el político colombiano se comporta de manera corrupta. Son pocas las excepciones.

¿Cuánto tiempo estuvo en el Senado?

Muy poquito. Cerca de año y medio. No resistí, porque es un ejercicio más duro que cualquier otro cuerpo colegiado. Porque uno tiene que estar horas y horas sentado escuchando discursos que no le interesan, en gente que quiere lucirse o chantajear al gobierno. Es duro, en cambio el Ejecutivo es muy lindo, porque ahí tienes formas de solucionarle problemas a la gente.

‘Cuando la ópera llego a Rosas’ nos traslada a mediados del Siglo XX, durante la construcción de la carretera Popayán-Pasto. ¿Cómo fue la investigación?

Eso se lo debo a Álvaro Thomas. Su padre, Julio Thomas, trabajó bajo las órdenes de Enrique Uribe White, protagonista de la novela, y quien además fue el ingeniero real que lideró la construcción de la carretera Popayán-Pasto. Una noche de copas con Álvaro, me contó la historia de esa vía por el lado del realismo mágico. Hay cosas que escribí casi textuales de lo que él me contó. Fue un proceso de mucha investigación.

Calculo que cinco años me dediqué seriamente a trabajar en el libro. Fui a Bogotá al Archivo Histórico, también hablé con Kalmanovich y otros historiadores, busque la Revista PAN de los años 70 y 80, cuyos originales están en la Hemeroteca Nacional. En esa revista escribían De Greiff, Guillermo León Valencia y el mismo Uribe White.

En la cantina de Rosas ocurre casi todo el engranaje de la historia. Es en medio de excesos etílicos, donde se palpa la realidad de la Colombia...

Es que este país no aprende. Ya no se habla del contrabando de anís, porque hoy se trafica con coca. El Estado tenía el monopolio del anís y el de ahora es el alcohol etílico. Pero el Estado no prohíbe el aguardiente sino el ingrediente con que se hace el alcohol aromatizado.

¿El amor fallido del contrabandista indígena con la joven payanesa,
es el reflejo de una sociedad excluyente y racista?

Popayán se quedó anclada en un pasado de nombres y no en generar riquezas, dar oportunidades en lugar de exclusión.

¿Cuál fue la anécdota que más le llamo la atención?

La más linda de todas fue la de Enrique Uribe White, que vivió como un ermitaño en una cueva. Como no le creí, me llevó hasta el sitio que está en el río Patía. Subiendo un poco la cuesta hay una peñita donde está la gruta, donde él vivió por un tiempo, quizá -pensé yo- por la decepción con sus ingenieros y trabajadores.

Como exsenadora ¿cuál es su análisis sobre la conformación del Congreso actual y su rechazo a la Ley Anticorrupción?

Me gustó el Congreso actual, porque no es tan unánime como el anterior. Tiene una oposición que integran diferentes bancadas. El hecho de ser tan heterogéneo permite diversidad de opiniones y una discusión sana. Pero también siguen las mismas mañas, por eso la Ley Anticorrupción y los 7 mandatos que votamos en el referendo anticorrupción ya los empezaron a embolatar.

¿Qué opina de la reforma tributaria que protege a las multinacionales
y amplía el IVA para las clases medias?

La llamada Ley de Financiamiento fue lo peor que se les pudo ocurrir. Santos dijo que escribiría en piedra que no iba a subir los impuestos, y nos hizo 3 o 4 reformas tributarias cada dos años. Ahora, Iván Duque también dijo lo mismo en campaña y es lo primero que hace. Lo que falta en realidad es austeridad en el gasto y no solo eso sino que no roben.

En Colombia nunca han hecho una Reforma Tributaria estructural, de verdad. Porque cuando la van a hacer llegan las marchas y las protestas, entonces no las hacen, para satisfacer a quienes aportan a las campañas, que son los ricachones de este país. Ojala que no pase lo del 19 % en el IVA.

¿Considera que las redes sociales están socavando al periodismo?

El periodismo sí se está transformando por esa causa. Pero las noticias falsas y el matoneo son un desfogue. Este es un país violento al que le han cerrado las puertas y excluido de muchos derechos y privilegios. Sin embargo, toda esa rabia va a calmarse, tiende a desaparecer cuando los mismos generadores de esa basura mediática vean la inutilidad de sus mentiras y enojo.

Ya que escribió sobre la carretera del Gran Cauca, ¿qué opina de los desastres de la ingeniería colombiana, como Hidrohituango, Chirajara y el Túnel de la Línea?

Hay más de corrupción que de mala ingeniería. El Chirajara todavía no lo han investigado, y el Túnel de la Línea lleva más de 10 años de retraso, por culpa de la corrupción, y lo hemos pagado varias veces. Colombia tiene retos muy grandes y su ingeniería es buena, pero también tiene que abrirse a ingeniera extranjera con nuevas tecnologías.

Como excandidata a la Alcaldía de Cali, podría calificar las administraciones de Cobo hasta Armitage?

Llegamos muy bajo. ¡Esto se vino en picada! Cobo no era el gran
estadista, pero tenía alguna idea del manejo de la administración, pues había sido Concejal, pero lo que siguió hundió a la ciudad y cada elección fue peor que la anterior.

Caímos muy bajo y después, lentamente, se ha ido recuperando el sentido de lo político. Como el sentido de lo ético, pero estamos muy lejos de tener una ciudad bien planificada, que tenga no básicamente un Alcalde sino un grupo de personas que lo acompañen. Por ejemplo, Armitage es un excelente alcalde, pero le falta apoyo.

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