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“Las universidades están en deuda con el conocimiento afrodescendiente”, según el historiador Alejandro de la Fuente
El prestigioso historiador cubano y profesor de la Universidad de Harvard, invitado al IV Encuentro Continental en estudios afrolatinoamericanos de ALARI- Harvard, a realizarse del 22 al 24 de julio, en la Universidad Icesi, analiza cómo el racismo estructural se naturaliza en la región, y cuál es el rol crucial de los movimientos sociales en la transformación de la academia global.
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15 de jul de 2026, 04:26 p. m.
Actualizado el 15 de jul de 2026, 04:47 p. m.
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Alejandro de la Fuente es uno de los historiadores más influyentes del mundo en estudios de esclavitud, raza y desigualdad. Desde su rol como profesor en la Universidad de Harvard y director del Afro-Latin American Research Institute (ALARI), ha transformado la forma en que la academia global comprende el impacto de las poblaciones afrodescendientes en la construcción de América Latina.
A través de más de tres décadas de investigación y libros clave como Becoming Free, Becoming Black, De la Fuente defiende que la experiencia negra no es un tema periférico, sino fundamental para entender el mapa político, económico y cultural del continente.
En esta entrevista, el académico cubano analiza las brechas institucionales que aún persisten en la región, la urgencia de deconstruir un racismo estructural que se ha vuelto invisible y el impacto de políticas de acción afirmativa que ya están cambiando la cara del liderazgo latinoamericano.

Queremos comenzar esta conversación con que nos cuente por qué los estudios afro latinoamericanos se han vuelto uno de los campos más dinámicos en la academia global en los últimos años.
La razón está ligada a la fuerza de los movimientos sociales afrodescendientes de toda América Latina, que desde hace muchos años han estado demandando, reclamando y exigiendo cambios importantes en los planes de educación. Han exigido la necesidad de producir conocimientos que sustenten futuros de inclusión y equidad.
En todos los documentos internacionales en los que han participado, empezando con la conferencia regional preparatoria para la conferencia mundial de Durban en el año 2000 en Santiago de Chile, ya había toda una sección dedicada a la educación y a la producción de conocimientos, que puedan ser movilizados en pos de la equidad racial. Estos movimientos han exigido respuestas desde las instituciones de educación de la región y ese ha sido el gran motor de la explosión y consolidación de este campo de estudios en los últimos 25 años.
¿Por qué después de más de dos siglos de independencia, en la mayoría de países latinoamericanos, y en Colombia, el presidente José Hilario López en 1859 decretó la abolición de la esclavitud, la igualdad sigue siendo una deuda pendiente?
Son dos procesos ligados, el fin de la esclavitud pone fin a un estatus jurídico, pero no acaba con los procesos de estratificación racial. En algunos países incluso se intensifican, porque en un contexto de ciudadanía igualitaria, la raza se convierte en la manera de excluir. Las personas libres están dentro del orden jurídico.
Fuera de la academia, ¿estamos viendo un cambio real en cómo la región aborda la desigualdad racial o sigue siendo más como un discurso que una acción?
Creo que hay dos tempos diferentes, uno que es el de la formación de personas, el del número de individuos que desde distintos espacios de enunciación —no solo desde las aulas universitarias, sino también desde comunidades, territorios y organizaciones sociales— producen conocimientos importantes sobre afro latinoamérica. Y está el tempo institucional de las universidades que todavía son más lentas, como instituciones, en crear las oportunidades que ahora son muy necesarias para potenciar y diseminar esa producción de saberes.
Hemos avanzado mucho más en formar nuevas generaciones de personas que realizan trabajo intelectual y académico al más alto nivel, desde sus comunidades y territorios. Ahora nos falta crear oportunidades para que esas personas puedan, desde espacios universitarios, reproducir esos saberes e impulsar nuevas agendas. La respuesta de la academia es menos clara. Hay mucha gente formada con maestrías y doctorados, pero las universidades tienen que empezar a crear plataformas, departamentos, programas e institutos para dar espacio a esas personas que hemos ido formando. Ahí necesitamos hacer cambios importantes.
¿Cómo se expresa actualmente el racismo en Latinoamérica? ¿Es más sutil, es más estructural o sigue siendo explícito?
El racismo es estructural. A mí no me gusta mucho la expresión de “más sutil”, porque invita inevitablemente a una comparación con los Estados Unidos. Si es más sutil, tiene que serlo respecto a alguna otra cosa. No necesitamos comparar el racismo o los procesos de estratificación racial latinoamericanos con los de EE. UU. América Latina tiene sus propias historias de formación racial, de estratificación y sus propias formas de organizar sus sociedades a partir de criterios de racialización y discriminación.
Lo que hace el campo de estudios afrolatinoamericanos es, precisamente, virar la mirada hacia la región e intentar entender el problema desde nuestras propias historias. El racismo estructural lo es en gran medida porque se naturaliza, se hace invisible y no necesita explicitar sus objetivos para funcionar. Ese es uno de los retos del campo: detectarlo, identificarlo, deconstruirlo y exponerlo. Pero todo eso hay que hacerlo desde América Latina, sin traer a los Estados Unidos a la conversación.
¿Cuáles podrían ser las principales claves para desarrollar el verdadero liderazgo, para romper brechas de equidad racial?
Tenemos un buen ejemplo en América Latina que es el de Brasil. Allí, las políticas de acción afirmativa de acceso a los espacios universitarios han transformado radicalmente cómo luce la academia de ese país. El número de personas que proceden de sectores que antiguamente tenían un acceso muy limitado a las universidades se ha multiplicado exponencialmente. Es una transformación real que ha tenido lugar ante nuestros propios ojos en los últimos 25 años.
Tenemos en América Latina un ejemplo de incidencias de políticas que tienen efectos muy positivos, políticas que podemos fácilmente emular. Las políticas de acción afirmativa brasileñas, además de incluir variables etnoraciales y estar dirigidas a personas afrodescendientes o personas indígenas, también incluyen elementos de desigualdad económica, desigualdad social, también crean oportunidades para personas que vienen de comunidades pobres, cualquiera que sea la forma en que son racializadas.
Algo que funciona en Brasil puede ser pensado para Uruguay, para Ecuador, o para Colombia, o quizás para Cuba o la República Dominicana. Pero es posible romper esas barreras y tenemos algunos ejemplos, aunque sean todavía victorias parciales, que muestran eso claramente.
¿Y qué implicaciones tienen estos estudios para el sector empresarial y las agendas de diversidad e inclusión?
El sector empresarial tiene intereses en temas de mercado, en la creación de mercados para sus productos, y en ese sentido la inclusión de hecho es una gran ventaja para el mundo empresarial. Cuando en el sector empresarial se insertan personas que tienen una formación intelectual que incluye a los estudios afrolatinoamericanos, estas llegan a esos espacios con unas sensibilidades, con unas capacidades de detectar el impacto de posibles campañas o de posibles políticas que no existirían o que no existen en personas que no tienen esa formación. Entonces, muchas empresas pueden desarrollar políticas que parecen ser racialmente neutras, pero que tienen un efecto diferenciado en poblaciones que son racializadas de distintas formas, o que tienen un efecto diferenciado, por ejemplo, en cuestiones de género.
Insertar personas que tienen esa formación en los espacios empresariales es una buena parte de la batalla, porque estamos hablando de personas que han desarrollado habilidades y un sentido del olfato para detectar cosas que de otra manera permanecerían invisibles o ignoradas.
¿Qué narrativas equivocadas sobre la afrodescendencia siguen dominando la región?
Todavía hay mucha gente en la región que se resiste a pensar que el racismo es un problema latinoamericano. Hay mucha gente en la región que todavía identifica el racismo con los Estados Unidos, como un problema americano.
Incluso hay gente en la región que dice que las personas que hablamos de estos temas, que los estudiamos, que los movimientos sociales que estructuran y articulan demandas de equidad, de justicia, de inclusión, que toda esa gente está es fabricando un problema que no existe en América Latina, que es un problema que viene de afuera, que no es un problema nuestro. Pero esa es una visión que tiene muy poco sustento en las realidades sociales de nuestra región. Ojalá fuera cierta, ojalá el racismo no fuera un problema latinoamericano y fuera solo de los Estados Unidos. Es una corriente de opinión que yo mismo encuentro con alguna frecuencia en conversaciones en la región y que es una visión que también está ligada a ideologías nacionales de mestizaje, ideologías nacionales de armonía racial, que son muy potentes en la región y que, por cierto, no son siempre ideologías. Esas ideologías son un reflejo imperfecto de la realidad.
En muchos casos son ideologías que desdibujan la realidad, pero al mismo tiempo esas ideologías son visiones, son visiones de futuro. Creo que vale la pena considerar cómo traducir esas ideologías, esas visiones, esas utopías en realidades sociales.
Hablemos sobre qué factores hicieron que Cali fuera elegida, entre otras ciudades de la región, para el encuentro continental, en un momento en que la conversación sobre la equidad racial está tomando más fuerza.
Cali es una de las capitales de Afro-Latinoamérica, al mismo nivel por ahí de Salvador de Bahía y de, no sé, quizás de Matanzas en Cuba y cosas así. Venir a Cali es acercarnos a Afro-Latinoamérica, es facilitar el acceso de muchas personas que, de otra manera, sería difícil llegar a estos espacios. Pero también hay una razón muy práctica y es el hecho de que el Consorcio Universitario de Estudios Afro-Latinoamericanos tiene una de sus sedes, una de sus unidades, está en el CEAF, en el Centro de Estudios Afrodiaspóricos de la Universidad de Icesi.
Tenemos una conexión local con una de las grandes universidades de Colombia, ubicada en Cali. Es un territorio que, además, Alari, el Instituto de Investigaciones Afro-Latinoamericanas, ha conectado con Cali muchas veces de otras maneras, desde otros espacios, y esas conexiones incluyen no solo Icesi y el CEAF, sino también colegas en otras universidades y organizaciones afrodescendientes locales, gente del activismo local con la que hemos trabajado. Pero la razón fundamental es que estamos viniendo a una de las capitales de Afro-Latinoamérica y lo estamos haciendo de la mano de una institución local, el Centro de Estudios Afrodiaspóricos de Icesi, que hace parte de este consorcio universitario.
Finalmente, ¿cómo puede este encuentro impactar la agenda pública y política de Colombia, más allá del ámbito académico?
Bueno, el encuentro, para empezar, es un espacio en el que participa gente que viene del mundo de las políticas públicas, que viene del mundo del sector público. Esto es un espacio multidisciplinar, el racismo no opera en disciplinas, y está abierto a productoras y productoras de conocimientos que vienen de espacios de enunciación muy diferentes, incluyendo el sector público.
Pero también es un encuentro que crea una conversación, la expande y conecta con el sector público. Tiene una cantidad no pequeña de mesas redondas, de paneles, de intervenciones, está dirigida precisamente a influenciar políticas públicas. Entonces, aunque el encuentro no se propone como un objetivo específico, generar un tipo de política pública determinada, hay muchísimas conexiones con ese mundo y hay muchas formas, a veces no demasiado visibles, en las que espacios como este, los conocimientos que circulan en espacios como este, encuentran eco en las políticas públicas. Pero, insisto en que entre los participantes del encuentro, hay mucha gente que ha tenido, tiene y tendrá conexiones con el sector público en Colombia y en otros países de América Latina.
Agenda del evento
21 de julio
15:00 -17:00
Pre-Registro y Espacio de Socialización, Universidad Icesi
22 de julio
7:00 – 9:00
Registro
9:00 – 10:30
Paneles 1-34, Mesas Redondas: 1-4
10:45 – 12:15
Paneles 35-66; Mesas Redondas 5-11
12:15 – 13:45
Almuerzo Individual
13:45 – 14:45
Espacio de Creación de Redes de Conocimiento (Enfoque Salud Pública, Artísticos, Profesionales, Ambientales); Programa Cultural
15:00 -16:00
Sesión Plenaria Inaugural: Los estudios afrolatinoamericanos: reconocimiento, desafíos y futuro en la esfera pública y académica
16:30 –17:30
Presentación Cultural: Danza Sankofa bajo dirección del Maestro Rafael Palacios
17:30 -18:00
Regreso al hotel
23 de julio
7:30 – 9:00
Registro
9:00 – 10:30
Paneles 67 -103; Mesas Redondas 12 – 18
10:45 – 12:15
Paneles 104 -130 ; Mesas Redondas 19-22
12:15 – 14:00
Almuerzo
14:15-15:45
Paneles 131 -159; Mesas Redondas 23 – 28
9:00 – 15:45
Presentaciones de Libros
16:00 – 17:00
Sesión Plenaria: “El campo de estudios afrolatinoamericanos: perspectivas desde la Universidad de Harvard”
24 de julio
7:30 – 9:00
Registro
9:00 – 10:30
Paneles 160 -182; Mesas Redondas 29 – 32
10:45 – 12: 15
Paneles 183 -210
12:15 – 13:30
Almuerzo Individual
13:45 – 15:15
Paneles 211 -244; Mesa Redonda 33
15:30 – 17:00
Paneles 245 -282; Mesas Redondas 34 – 39
9:00 – 17:00
Presentación de Películas
17:00 –18:00
Sesión Plenaria de Clausura
18:00 – 19:00
Rutas de la Libertad, Corporación Cultural Cabildo
Isabel Peláez. Escribo, luego existo. Relatora de historias, sueños y personajes. Editora de cultura, entretenimiento y edición de contenidos digitales.
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