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¿La televisión colombiana se apagará para siempre? El desafío de los canales comerciales ante la caída del rating
El medio de comunicación que definió la cultura nacional pasa por un bajón de audiencia. Aunque para unos es síntoma de muerte, podría ser solo una transformación.
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18 de ene de 2026, 07:49 p. m.
Actualizado el 18 de ene de 2026, 07:49 p. m.
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El domingo 13 de junio de 1954, a las 9:00 de la noche, se realizó la primera transmisión pública de televisión en Colombia. Unos pocos miles de televidentes: algunos parados ante las vitrinas de los almacenes, otros sentados en los cafés y los hogares que ya contaban con el aparato receptor, de repente distinguieron la imagen de la Orquesta Sinfónica, que empezaba la programación interpretando el Himno Nacional desde un sótano adaptado como estudio, en la Calle 24 con Carrera Séptima de Bogotá.
A continuación, se transmitió en vivo, desde la Casa de Nariño, el discurso del teniente general Gustavo Rojas Pinilla, presidente de la República, quien, para celebrar su primer año en el poder, se propuso traer en tiempo récord la televisión a Colombia. Así, desde aquella noche se encendió y, en casi 72 años de historia, nada ha logrado apagarla.
De hecho, comparando en detalle la parrilla de programación del primer día y la de las primeras semanas del 2026 hay muchas semejanzas: un acto musical y un discurso presidencial, para empezar, no son muy diferentes de los actuales shows musicales y las ya frecuentes alocuciones desde la Casa de Nariño en el prime time de la noche.

Pero hay más que recordar, en tanto que la emisión primigenia no acabó con las palabras de Rojas Pinilla: se alargó hasta pasada la medianoche, presentando un noticiero internacional, la obra de teatro ‘El niño del pantano’, un programa de humor, un documental, una película, un acto de danzas folclóricas y, como cierre, de nuevo el Himno Nacional.
En el presente están los propios noticieros, las obras de teatro dieron paso a las telenovelas, siguen los espectáculos de humor, música y variedades en sus diferentes formatos, todo ello con mejores equipos y más calidad en las producciones, aunque en la estructura de fondo pareciera que la televisión colombiana permanece atada a una maldición retrospectiva, como en un efecto de eterno retorno, que la condena a repetir incesantemente su primer día de programación.
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La anterior es una apreciación crítica, pero razonable, teniendo en cuenta la evidente caída en audiencias de los canales comerciales, en particular, RCN y Caracol, cuyas más recientes producciones no alcanzan los puntos de rating históricos a los que estaban acostumbrados.
Durante el 2025, el programa con mayor audiencia fue el reality ‘El Desafío Siglo XXI’, de Caracol, que llegó a los 13,5 puntos de rating en mediciones de Kantar IBOPE Media, algo así como 3,8 millones de televidentes en una sola emisión. Sobresaliente, aunque lejos de las marcas históricas en la primera década del 2000, como la de 17,6 puntos alcanzada por la primera temporada de ‘Protagonistas de Novela’.
Ni siquiera un reality sensacionalista y carente de todo refinamiento como ‘La casa de los famosos’ superó los 8,5 puntos de rating durante este año. Y, MasterChef Celebrity, “la vieja confiable” de RCN, que cumplió diez años, se mantuvo entre 5 y 8,5 puntos. Incluso, en la final solo llegó a 7,29 puntos, quedando en el tercer puesto del ránking diario, por debajo de ‘El Desafío’ y Noticias Caracol.

Por el lado de las series y las telenovelas las cifras son más bajas. Según un estudio de CNC Ratings, desarrollado por el Centro Nacional de Consultoría y Claro Media, la serie con mayor audiencia en 2025 fue ‘Escupiré sobre sus tumbas’, de Caracol, con un tope de 7,22 puntos.
En el segundo puesto, con 6,87 puntos de rating, quedó el remake de ‘Nuevo rico, nuevo pobre’. Y, en el tercer lugar, ‘Yo soy Betty, la fea: la historia continúa’, con un total de 2.549.935 espectadores, aunque en Prime Video se convirtió en la serie latinoamericana más vista en la historia de esa plataforma.
Otras producciones nuevas como ‘La sustituta’ y ‘La influencer’ quedaron entre las menos vistas del año en televisión abierta, cayendo a cifras de 2,5 y 3,7 puntos de rating.
Estos programas tuvieron aun menos alcance que los polémicos consejos de ministros del Gobierno Nacional, cuyas dos primeras transmisiones en vivo marcaron 5,15 y 6,11 puntos.
Comenzando el 2026, los programas con mayor audiencia no superaron los 8 puntos y solo subieron hasta el regreso de ‘El Desafío’, que obtuvo 11,47 puntos el pasado martes, dejando en el tercer puesto a ‘La reina del flow 3’, que también se estrenó el mismo día en Caracol.
Por su parte, la chirriante fórmula de ‘La casa de los famosos’ no supera los 4 puntos y permanece en los últimos puestos del top 10 de mediciones diarias.
Entretanto, los canales comerciales deben competir con la gran oferta de las plataformas streaming de alcance mundial, cuya cifra más alta de audiencia en 2025 fueron los 15.074 millones de minutos visualizados que obtuvo la más reciente temporada de ‘El juego del calamar’ o el récord de 59,6 millones de visualizaciones que registró la última temporada de ‘Stranger things’ durante los primeros cinco días de estreno.
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Sobre este complejo panorama cabe preguntarse si la televisión abierta y comercial colombiana está pasando por una crisis que podría apagarla en el corto plazo, un efecto derivado del llamado fin de los medios masivos de comunicación tradicionales, como planteó el teórico Euseo Verón, o si solo es un traumático momento en la historia de un medio siempre en proceso de transformación.
Antes de la próxima emisión del ‘Minuto de Dios’, que viene realizándose sin falta desde 1955, algunos expertos intentan analizar y proponer futuros posibles para que la vieja Tv. nacional continúe encendida.

Omar Rincón, crítico cultural y analista de medios, lo dijo sin esoterismos teóricos en su más reciente columna de opinión en El Tiempo: “La televisión colombiana no pasa por su mejor época en los canales nuestros: Caracol y RCN les meten la ficha a los concursos de cantar, correr, cocinar y petrear/uribear. De resto, es pobreza de contar. Lo bueno lo exportan a las plataformas”.
Sobre la crisis que muchos televidentes evidencian, Rincón expresó que “viven diciendo que la televisión está en crisis. Desde que salió el internet, dijeron que la televisión moría”.
“No creo que haya una crisis, sino que los pocos canales estaban acostumbrados a tener unos ratings maravillosos y eso desapareció con la llegada de las plataformas y los nuevos hábitos de consumo. Pero, en Colombia, que un noticiero como el de Caracol tenga 9 puntos, sigue siendo exitosísimo; que esos realitys marquen cerca de 10 puntos ya es ganancia”, sostiene.
No obstante, aclara que “sí podríamos hablar de una crisis en el modelo de gestión, porque durante mucho tiempo asumieron que la televisión es eso que ellos decían y no innovaron. Lo mismo pasa con la radio. Entonces, es como que hay un anquilosamiento”.
Como expresa el periodista cultural Eduardo Arias, “la televisión es por naturaleza paquidérmica, para realizar una transmisión se requieren demasiados aparatos y un equipo grande, mientras que un influencer llega y hace un live con su celular con miles de personas conectadas y comentando”.
Para Rincón, “los pecados de la televisión comercial colombiana son abandonar el contenido infantil y cultural, seguir con un esquema solemne de noticias y hacer cada vez menos ficción”.
Harvey Murcia, director de la Escuela de Comunicación de la Universidad Politécnico Grancolombiano, toma una perspectiva más alentadora, “deberíamos hablar de una transformación que está llevando a entenderla no solo en Colombia, sino en Latinoamérica, según nuevas lógicas de consumo y modelo de negocio que influyen en la forma de producción y las narrativas, lo que resulta desafiante para la televisión comercial. Creo que le está costando trabajo repensarse y por eso se tarda en llegar a los nuevos modelos”.
Parte de este cambio está determinado por las generaciones más jóvenes que, como explica Murcia, “se relacionan con los contenidos audiovisuales a otros niveles. Ahora definen cómo verlo, dónde verlo, cuándo verlo y establecer vínculos a otros formatos, lo que se conoce como televisión expandida. De esta forma, un televidente puede pasar del campo cinematográfico al campo sonoro a través de los pódcast, creando comunidades. Algo que los canales comerciales ya están empezando a desarrollar, pero falta por explorar”.
En cuanto a la lógica económica y de producción, “aún sigue siendo muy tradicional en Colombia, sometida a la publicidad, con esas intromisiones molestas de segmentos comerciales de diez minutos y formatos clásicos, mientras que la televisión digital piensa en proyectos cinematográficos y una oferta atractiva de contenido por el que la gente paga. Es una forma de entender el negocio muy distinta. Nos quedamos haciendo lo mismo, mientras tanto a los que teníamos que consentir, nuestras audiencias, se fueron para otro lado”.
Sobre el éxito de los realitys, pese a que la fórmula dejó de ser innovadora hace bastante, el docente de la Universidad Politécnico Grancolombiano considera que “siguen funcionando porque que el 90 % de los participantes terminan siendo influencers, que vienen de los medios digitales, y crean relaciones expandidas a otros formatos”.

Desde otra perspectiva, Carlos Ochoa, periodista y experto en televisión, sostiene que “la crisis de los canales de televisión colombiana no es realmente una crisis para ellos como empresa, sino realmente para los televidentes, que no podemos ver buen contenido. Los canales decidieron reinventarse, montaron sus productoras, trabajan puntualmente para plataformas, esa es su prioridad ahora”.
Afirma que la estrategia de los canales privados es apostar sobre seguro, “siguen ganando dinero, aunque no lo parezca. Lo que hacen es vender desde un principio las novelas a las plataformas. Así salvan la inversión, pero cuando la van a pasar en televisión abierta, pues la gente ya no las ve. Eso no les preocupa tanto como antes. Ahora bien, los canales se mantienen también para la validación social y para promover el poder económico de sus dueños”.
A lo que debe añadirse que una buena parte de la población sigue viendo televisión abierta, puesto que hay zonas del país y comunidades vulnerables donde el acceso a internet es limitado. “Por eso, las nuevas producciones para este medio apuntan a fidelizar este público”, asegura Ochoa.
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La esperanza, pese a todos los augurios funestos, no muere: “La televisión comercial colombiana ha sobrevivido a todo, y si continuamos apostándole a la ficción, no morirá nunca”, sentencia Omar Rincón.
En este sentido, concluye Harvey Murcia, “la televisión no puede desaparecer, la esperanza está en las producciones regionales con proyección internacional y en contenidos colombianos auténticos”.

Periodista y escritor, entre sus publicaciones destaca el volumen de ensayos ‘Libro de las digresiones’. Reportero con experiencia en temas de cultura, ciencia y salud. Segundo lugar en los Premios Jorge Isaacs 2022, categoría de Ensayo.
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