cultura
La historia de Ghetto Kids, antes y después de la invitación de Shakira a bailar con ella en el Mundial
Historia de los niños de Uganda que un profesor sacó de las calles y les dio un futuro gracias al arte. Ellos ahora cumplirán el sueño de bailar con la colombiana en la final del Mundial de Fútbol.
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7 de jun de 2026, 03:57 p. m.
Actualizado el 7 de jun de 2026, 04:34 p. m.
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Los invitados por Shakira a su show en la próxima Copa de la Fifa pasaron de vender una cabra, que ganaron en un concurso, para pagar la escuela a brillar en el Mundial de Catar y a las semifinales de Britain’s Got Talent.
Mucho antes de que la barranquillera les extendiera la invitación, Ghetto Kids o Triplets Guetto Kids o “Niños del gueto” o “Chicos del barrio”, de Kampala, Uganda, habían cautivado al mundo a través de las redes sociales, con coreografías electrizantes, gestos auténticos, gran carisma y el brillo de sus ojos y sus sonrisas.
Shakira no fue inmune al poder de estos artistas y los invitó a bailar con ella el próximo 19 de julio, en el MetLife Stadium de East Rutherford, Nueva Jersey, durante el show de medio tiempo de la Final de la Copa Mundial de la FIFA, donde interpretará el himno oficial: del evento: ‘Dai Dai’.
Los mismos chicos que habían dejado años atrás de deambular de la mano de un futuro incierto por las calles de Uganda, para participar en el Mundial de Qatar 2022 y las semifinales del programa Britain’s Got Talent, ahora viven un sueño: bailar con la barranquillera.

Si bien son todo un fenómeno viral, ellos hacen parte de un proyecto social que inició oficialmente en 2014. Son los artistas de una fundación que cuenta con cerca de 60 niños y niñas, de entre 3 y 17 años, que viven en la misma casa: 20 son bailarines y ven en la música y el teatro un camino para mejorar sus vidas, ir a la escuela y llegar lejos. No hay un número fijo de integrantes, funcionan como un colectivo infantil que va cambiando con el tiempo.
Con su gracia y talento, estos artistas estallan las redes al bailar con una energía contagiosa al ritmo de canciones de moda con coreografías de renombrados maestros de baile, en videos que publican en YouTube, Instagram y TikTok.
Con una mezcla de autoconfianza, ironía y optimismo contagioso, comparten su receta para ser felices, a pesar de llevar vidas difíciles. Bailan por su educación y supervivencia.
Sonríen a pesar de todo, de que algunos son huérfanos y otros tienen padres pero no pueden costearles educación, alimentación ni techo, en los barrios marginales de Kampala, capital de Uganda, o del resto del país africano.
Detrás de los Guetto Kids hay una institución en la que se usan música, danza y teatro para ayudar a los niños a salir de las calles, financiar su educación y garantizarles un futuro mejor, una misión que enamoró a la de los Pies Descalzos y que tiene mucha conexión con su fundación.
Uganda y el profe Kavuma Dauda
Uganda es un país africano sumido en una severa crisis humanitaria, alberga a más de un millón y medio de refugiados y padece el creciente autoritarismo del presidente Yoweri Museveni —que lo gobierna desde 1986-, así como una corrupción endémica, recientes brotes de ébola, altos índices de pobreza y desnutrición infantil, pero, aunque los menores son sus principales víctimas, los Niños del Ghetto han desafiado, contra todo pronóstico, el “no futuro”.
Su país lleva décadas luchando contra guerras civiles, secuestros y abusos por parte de grupos como el llamado Ejército de Resistencia del Señor, a la par de otros males: la malaria, las infecciones respiratorias y el sida, que han acabado con muchas vidas jóvenes.

Este grupo de chicos, extraídos de las calles, son protagonistas de singulares interpretaciones inspiradas en canciones populares y danzas tradicionales africanas, con un toque contemporáneo e innovador.
Ghetto Kids, a decir de expertos en danza contemporánea, son una prueba del poder transformador del baile.
El creador de esta iniciativa social y artística fue Dauda Kavuma, profesor y filántropo ugandés, proveniente de un hogar destruido, quien se quedó sin padre a los 7 años y vivió en la calle, pero, por su talento natural para el fútbol, recibió una oportunidad gracias a un maestro que decidió financiar su educación.

Aún recuerda el nombre de su benefactor: “Kaita Musa”. Nunca lo había visto. Pero él se fijó en su poder para controlar un balón y se sorprendió. “Me preguntó si iba a la escuela. Le dije que no. Me preguntó si quería ir a la escuela. Por supuesto que dije que sí. Me dijo que fuera a cierta escuela. Cuando llegué allí, me dieron todo lo que necesitaba y desde ese día juré que algún día ayudaría a alguien cuando fuera mayor”, cuenta.
Aquel gesto de generosidad de un desconocido marcaría el inicio de su misión de vida: rehabilitar, empoderar y apoyar a tantos niños de la calle africanos como le fuera posible. “Decidí y me prometí a mí mismo que cuando creciera al menos podría ayudar a un niño”.
A partir de aquel gesto solidario de su benefactor, Kavuma estudió y se convirtió en docente de matemáticas, a la par cultivó un interés genuino por la música y el teatro. Ganaba 60.000 chelines (1 millón 600 mil pesos colombianos) como maestro en Citizens Parents Makindye cuando empezó en el proyecto.
Tenía una casa de una habitación que le dio la escuela. Conoció a la mujer que se convertiría en su esposa y empezó la fundación en su propia vivienda. Después de haber trabajado como director de escuela, coreógrafo y productor musical, se empeñó en acoger y ayudar a niños y niñas en condiciones socioeconómicas difíciles y convertirlos en bailarines para que, a través de este talento, obtuvieran educación.
En su espacio ofrece refugio, comida y educación a estos menores de Kampala y otras ciudades africanas desde 2007. Esa, dice, ha sido su labor más gratificante: ayudar a los niños a recuperar su futuro, a través de la educación y la danza.
Visibilizar a los chicos es también una estrategia para proteger sus vidas, para que cada una cuente, para promover su crecimiento y educación, reparar la violencia del pasado y denunciar sus condiciones sociales. De este proyecto humanitario ya hay documental: Ghetto Kids: No Plan B.
Salió el año pasado y fue dirigido por Phil Griffiths, de Toy Green, en colaboración con la Fundación Ghetto Kids, con Dauda como productor y Ronnie Vybz Ssentongo.
Hace más de una década, el profesor Dauda encontró a tres niños que no podían pagar la matrícula escolar y les enseñó bailes callejeros. Hicieron dinero actuando en las calles de Kampala. En una de las competencias ganaron una cabra, que vendieron y así lograron pagar las cuotas escolares.
“¿Por qué nos llaman ‘Ghetto Kids’? Es porque todos estos niños y niñas provienen de los barrios marginales de Kampala y de alrededor de Uganda”, cuenta Dauda, satisfecho con cada chico que mira al futuro.
Su apuesta, sin duda, dio resultados, el maestro no solo elevó la moral de los Ghetto Kids, sino de todo un país de 52,7 millones de habitantes que comenzó a sentirse orgulloso de compartir la misma nacionalidad de estos infantes y jóvenes, antes marginados.

Más allá de la esencia social del proyecto, el grupo desmitifica las imágenes estereotipadas de África mediante sus sorprendentes coreografías.
La iconografía de la aldea africana tradicional, de los paisajes rurales e incluso del estilo africano (con sus sombreros y chaquetas llamativas) se utilizan para proponer su propia visión de la vida.
Triplets Ghetto Kids se registró como organización no gubernamental en 2014, tras el inesperado éxito del grupo de baile con el video casero en el que Alex, Fred, Bachir, Patricia e Isaac, bailaban al ritmo de la canción Sitya Loss, del artista ugandés Eddy Kenzo.

Lograron más de ocho millones de reproducciones en YouTube y otras redes sociales, y el propio Kenzo confesó luego: “No sabía de este video hasta que un amigo me habló de él”. Más tarde, el artista les pidió que colaboraran en el video oficial de la canción, lanzado en septiembre de ese mismo año, lo que marcó el inicio de Ghetto Kids, pero además les permitió a ellos regresar a la escuela y al fundador, Dauda Kavuma, comprar el equipo de producción para desarrollar el grupo.
Es él quien compone y produce las piezas musicales para los Ghetto Kids, que empezaron a hacer giras por África y el Reino Unido en los meses siguientes.
No todo ha sido color de rosa. El 30 de noviembre de 2015 ocurrió un suceso desafortunado: Alex, de 14 años, falleció a consecuencia de un accidente en bicicleta; a pesar del dolor que causó en los niños esta pérdida, en su honor continuaron presentándose en sus giras por África y otros lugares, despertando la admiración de artistas estadounidenses como French Montana, que los invitó a su video de Unforgettable. Estados Unidos los amó a partir de entonces.

El reconocimiento mundial llegó en 2017, con su video de baile al ritmo de la canción de afro house Marimba Rija, del músico angoleño Dotorado Pro. Con pasos de la coreógrafa de renombre internacional Sherrie Silver, nacida en Ruanda, el video alcanzó los 25 millones de reproducciones en ese momento, reseñó The Conversation.
Fue esa la canción perfecta para definir la esencia del colectivo; la marimba es un instrumento de percusión fundamental en diversos estilos musicales de África. La produjo una destacada estrella del afro house y el kuduro, género musical y de baile originario de Luanda, Angola, a finales de la década de 1980. El videoclip combinaba elementos de danzas tradicionales con pasos originales, fruto de la creatividad y el estilo propio del grupo.

Otro video, grabado por niños y niñas de Kampala, en 2021, fue el de la canción Laissez Passer (Déjenlos Pasar), un éxito del músico congoleño Diblo Dibala y casi una premonición de su éxito. Es una fusión de soukous y coupé decalé.
El soukous o sakis es un género de música bailable derivado de la rumba congoleña y popularizado en la década de 1980, y el coupé decalé, una forma de baile y música popular creada en París por un grupo de jóvenes marfileños a principios de la década de 2000.
Al combinarse estas músicas con los pasos de kuduro, Ghetto Kids dio su grito de reafirmación cultural. Quedó claro que no son solo un grupo de chicos que hace videos o que buscan revictimizarse, son un referente cultural, han captado la atención de coreógrafos de renombre y han ganado numerosos galardones internacionales de danza desde 2015: un premio Afrimma, otro de la Asociación de la Industria Discográfica de Estados Unidos y uno más de YouTube Creators.
El botón del éxito
Para José Manuel Ghiso, director artístico de Incolballet, esta invitación de Shakira a los niños de Uganda es muy importante: “Que una artista como ella, de talla internacional, y hoy en día la voz del himno oficial del Mundial, se una a estos niños, que a través de las redes sociales se han visibilizado al danzar estos ritmos africanos fusionados con otros más contemporáneos, es genial, porque abre puertas a más países y culturas para conectarse y apoyarse unos a otros”.
“La danza”, dice Ghiso, “es un lenguaje universal, y estos chicos fusionan sus raíces rítmicas con música de Michael Jackson y de Shakira. En África, donde hay tanta desigualdad, la danza se convierte para ellos en una oportunidad de vida, de reconocimiento, en una salida”.
En palabras de Kavuma
En 2017 Kavuma Dauda concedió una entrevista para el medio ugandés Sqoop, en la que habló de su proyecto y el apoyo de su esposa, Sarah Kavuma, así como de sus hijos Ashley, Alim y Aban Kavuma.
Contó que, en el caso de los niños de la calle, a veces se los encuentra por casualidad o ellos acuden a él: “Hablo con ellos y los convenzo para que se queden con nosotros. Les enseño los alrededores y la vida que podrían tener, distinta a la que llevan ahora, y observo cómo les va”.
Admitió, con tristeza en sus ojos, que a veces no logra convencerlos y vuelven a la calle después de unos días. “Otras veces se quedan y otras, se van y regresan”.

En el caso de los niños que viven con sus progenitores en barrios marginales y desfavorecidos, comentó que llegó a un acuerdo con ellos: “Si vienen y se unen a nosotros, me haré cargo de ellos por completo, lo que significa que los educaré, los vestiré, los alimentaré y me convertiré en su padre, pero con la ayuda de sus propios padres”.
Aclaró también que “ninguno de estos chicos tiene un contrato” con él: todo se basa en puro “entendimiento y un acuerdo verbal para ayudarnos mutuamente a tener una vida mejor”.
Respecto al dinero que ganan con sus videos, colaboraciones, concursos o presentaciones, “es para la fundación, no para los niños ni para mí”, aseguró.
La base de su proyecto es la educación: “No todos son artistas, algunos lo son, los demás, están en la escuela”.
Esta no es la primera vez que los Ghetto Kids estarán en una Copa Mundial, ya lo hicieron en la de Catar.
Así es, en enero de 2023, viajaron a Francia para actuar en el descanso del partido de fútbol entre el Paris Saint-Germain y el Reims, en el Parc des Princes, y conocieron de frente a jugadores del PSG como Kylian Mbappé antes del encuentro deportivo.
Cuando todavía no salían de su asombro, en abril de ese mismo año, se presentaron en la competencia televisiva Britain’s Got Talent y, con su actuación electrizante, ocurrió lo impensable: el nuevo juez Bruno Tonioli, desconociendo las reglas del concurso, les dio el botón dorado, convirtiéndose en los primeros concursantes en pasar directamente a las rondas finales, algo nunca antes visto.

Ganaron la tercera semifinal, con el 39,7 % del voto del público, y obtuvieron el sexto lugar en la final, recibiendo el 10,1 % del voto del público.
La coreografía que prepararon para el famoso programa la crearon a partir de la colaboración de dos maestros en ese arte ugandeses: Nandala Mathew, quien viaja por el mundo difundiendo estilos de danza africana en increíbles fusiones con hip-hop y funk, y Namata Esther, una talentosa coreógrafa que trabaja con la fundación Ghetto Kids.
Su actuación comenzó con un guiño al famoso movimiento de baile pélvico de la estrella del pop estadounidense Michael Jackson y los sonidos de una alegre canción de soukous, para pasar luego al afro house (música electrónica de baile con raíces sudafricanas) con una pizca de coupé-décalé.
Fusionaron con gracia y talento algunos pasos tradicionales de estos estilos con otros movimientos de las numerosas y fascinantes danzas del repertorio ugandés.
Estas incluyen el ding dong (una danza infantil del pueblo Acholi), el agwara (una danza ritual que se utiliza actualmente en bodas y funerales), el ekoche (danza de cortejo del pueblo Langi), el ekizino (del pueblo Bakiga) y el ekitaguriro (del pueblo Banyankore, también conocido como la danza de la vaca y basado en los movimientos de este animal).
A todo ello le añadieron interpretaciones faciales y corporales que adquirieron con el estudio del arte del teatro.
Este año Ghetto Kids ha vuelto a captar la atención mundial, con la invitación de Shakira. Para celebrar la noticia, los integrantes de la fundación en Uganda publicaron un video bailando con una energía arrolladora, sosteniendo con orgullo las banderas de los países sede junto a la bandera de Colombia.
Entre los miembros principales están: Hassan Kavuma Wassawa (21 años), Fred Tumwesigye (22 años), Patricia Nabakooza (21 años), Bashir Lubega (21 años), Ashley Kavuma (15 años) y Ricia Nyangoma (18 años).
Shakira encabezará el show con Madonna y BTS, pero además, en compañía de niños y niñas que ahora pueden pensar en un futuro prometedor, gracias al arte. La colombiana convocó a un reto en redes para que más chicos la acompañen.
Isabel Peláez. Escribo, luego existo. Relatora de historias, sueños y personajes. Editora de cultura, entretenimiento y edición de contenidos digitales.
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