Cantos al cielo: la Filarmónica de Cali deleitó a los feligreses durante la Semana Santa

Abril 17, 2022 - 11:45 p. m. 2022-04-17 Por:
Juan Camilo Villaquirán Úsuga, reportero de El País
Filarmónica de Cali Semana Santa

La Filarmónica de Cali realizó dos conciertos de Semana Santa los días jueves y viernes. La agrupación interpretó el ‘Miserere’, de Paul Dury, y el ‘Messe de Requiem op. 48’, de Gabriel Fauré. Más de 60 voces participaron en los eventos.

Foto: Filarmónica de Cali / Especial para El País

En el bullicio de uno de los barrios del oriente de Cali emergió una voz potente y controlada, un timbre que fue capaz de opacar el incesante ladrido de los numerosos perros de la cuadra, hasta tal punto de llenar el espacio de una paz inmensa. Esa virtud proviene de Beatriz Quiceno, una de las voces que en Cali le cantan a Dios.

Beatriz es una soprano caleña que, aunque en ocasiones también interpreta música de otros géneros, la mayoría de sus presentaciones las hace en iglesias y eventos religiosos, dejando al servicio su voz para adorar al Todopoderoso.

“Bien se ha sabido que, a través de la historia, la música casi siempre nace en las iglesias y ese fue mi caso. Mi papá era un hombre muy católico y él nos llevaba a la iglesia los domingos al coro de niños, en donde yo me empecé a formar, y por eso desde muy chiquita le vengo cantando a Dios no solamente en las iglesias católicas sino en las iglesias cristianas”, recuerda Quiceno.

Durante los siete días de la Semana Mayor que concluyó ayer, la ‘Capital mundial de la salsa’ descansó de los habituales ritmos que la caracterizan para darle protagonismo a quienes armonizan con sus cantos y dan paz a los más de 250.000 feligreses que asisten a eventos religiosos durante esta celebración. Voces que han sido forjadas con años de estudio.

“Lo peculiar es que yo no iba a escoger el canto, sino que me iba a ir por el lado de la guitarra y de la composición. De hecho, mi título es en composición, pero las cosas de Dios hicieron que en el camino me encontrara con la oportunidad de ir a una audición y escuchar a mis compañeros cantar lírico y me enamoré de eso”, dice Quiceno.

Uno se da cuenta de que llena el alma de las personas con los cantos religiosos, entonces para mí se me volvió una pasión cantarlos". Beatriz Quiceno, soprano.

El homenaje de la Filarmónica

Aunque en el caso de Beatriz Quiceno, por ejemplo, su formación ha sido ardua y constante, hasta el punto de cantar en inglés y francés, para el director titular de la orquesta Filarmónica de Cali, Francesco Belli, realmente “no hay diferencia entre un cantante religioso y un cantante lírico. El cantante es cantante, así cante bien o cante mal”.

La Orquesta Filarmónica tuvo dos presentaciones en Semana Santa, en las que interpretaron cantos religiosos en compañía del Coro Juvenil Escuela de Música Desepaz.

“Tenemos un coro de 60 voces conformado, por una parte, con los estudiantes de Desepaz y otra parte, con unos adultos profesionales de aquí de la ciudad de Cali. Estoy muy contento del coro y por supuesto, de mi orquesta, la cual se preparó para estos dos conciertos, que fueron muy emotivos”, precisó Belli.

De hecho, el maestro dio a conocer cómo no solamente los cantos religiosos sirven para adorar a Dios, sino para entregar mensajes necesarios en ciertos momentos como el actual, para una población específica, en este caso para los caleños.

“Hay un dicho que dice que quien le canta a Dios está rezando dos veces, entonces yo creo que cantar un texto litúrgico como lo es el Miserere o un Réquiem (cantos interpretados en las presentaciones de la Filarmónica), que son dos textos con algo de dramatismo, es muy bueno, pero también lo que quiero resaltar es que al final de este Miserere hay un aleluya, entonces hay una apertura completa, que simboliza la luz que necesitamos todos después de los años de pandemia, de guerra y de cosas muy duras que han pasado, entonces es un canto a la paz y a la humanidad”, sentencia Belli.

De acuerdo con textos históricos, el canto litúrgico inició en los tiempos de Jesucristo y se hacía en las sinagogas (sitios destinados por los judíos para el estudio e interpretación de la Escritura Sagrada).

Posteriormente, con la expansión del cristianismo durante el Imperio Romano, los textos sagrados fueron traducidos a diferentes idiomas para darle paso a un estilo que consistía en compartir de manera textual lo consignado en la Biblia, principalmente los Salmos, es decir, un discurso cantado, el cual se hacía principalmente en latín.

Así las cosas, con el paso del tiempo y con el surgimiento de nuevas generaciones, los cantos litúrgicos han evolucionado para adaptarse a los ritmos predominantes de las épocas, pero sigue conservando su esencia inicial: adorar y ser una forma de conexión directa con Dios.

El papel de los solistas no es muy largo, pero sí complejo, es por eso que disfrutamos cuando al final de las presentaciones al público le gusta lo que hacemos”. César González, barítono.

En ese mismo sentido, Natalia Vanegas, soprano que fue solista en las presentaciones de la Filarmónica, califica este tipo de eventos como una especie de renacer, debido a que se viene de una época en la que debido a la pandemia no se podían hacer encuentros de esta índole con el 100% de asistencia de las personas.

“La tradición en el país ha sido bastante religiosa, tradicionalmente católica, pero ahora estamos abiertos a muchos más credos, pero de lo que estamos seguros y en lo que todos coincidimos es que cantarle a Dios y alabarlo es lo más importante en esta Semana Santa”, recalca Vanegas, al referirse al evento en el que interpretó uno de los cantos religiosos principales.

Además, la soprano resaltó que la preparación para una actividad de esas magnitudes es muy rigurosa, pero que en su caso particular es una experiencia gratificante ver al final el resultado del esfuerzo de todos los que participaron en la elaboración del espectáculo.

“La música es el arte que conecta el alma a través de los sonidos, esperamos que a través de esta música el público pueda desconectarse un poco de su cotidianidad y elevarse a lo sublime”, añade la soprano.

“Así la vida dé mil vueltas siempre quiero cantarle a Dios, porque lo más importante en el ser humano es la parte espiritual”. Beatriz Quiceno, soprano.

Por su parte, el barítono y también intérprete de la Filarmónica de Cali César González indicó que hace mucho tiempo no se hacía un montaje tan grande de coristas y sinfónicos como el que se hizo durante las dos presentaciones de Semana Santa.

“Particularmente con el Réquiem (texto litúrgico), que es una misa de difunto y en la que soy solista, el autor quería desligarse de ese tipo de misa que es súper oscura y deseaba hacer algo un poco más llevado a evocar la felicidad del camino hacia el cielo. Es por eso que principalmente lo que yo quise transmitir es la alegría de escuchar un montaje tan grande, pero también la tranquilidad y la paz interior que evoca esta música”, expone González.

Los cantantes solistas tenemos una gran preparación individual, ya que por medio de la música se conecta el alma con Dios”. Natalia Vanegas, soprano.

Contrario a lo que muchos piensan, González reveló que el montaje para un evento como el presentado el 14 y 15 de este mes es muy riguroso, hasta el punto de que en su caso particular tuvo que prepararse desde el año pasado, pero argumentó que lo hizo con gusto, debido a la vena artística que proviene de su familia.

“Vengo de una familia con tradición musical. De hecho, tengo un tío que es el maestro González, que es uno de los guitarristas más importantes del país, entonces desde muy niño existe esa tradición a través de mi papá y escuchando toda la vida a mi tío. Yo no me fui por el lado instrumental, pero esa semilla ya estaba sembrada en mi casa y me decidí por el canto”, dice el barítono.

De acuerdo con textos históricos, los cantos litúrgicos en la antigüedad solo podían ser interpretados en las iglesias por personas realmente conocedoras y expertas en música.

Es por eso que el cantante de ópera exaltó el desarrollo de su presentación. “Lo interesante fue cuando empezaron los ensayos y se escuchaba todo junto, además, escuchar al final la alegría de la gente cuando le gustó el trabajo que uno hizo”, concluye González.

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