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Las reflexiones educativas que dejan hasta ahora las clases virtuales

Septiembre 20, 2020 - 12:00 p. m. 2020-09-20 Por:
Andrea Milena Otero Otero, reportera de El País
Clases virtuales, imagen de referencia

Las clases virtuales exigen focalizar la energía en el tiempo de estudio. Para ello se sugiere cerrar chats, redes sociales y evitar revisar correos innecesarios.

Foto: El País

En repetidas ocasiones, desde que las clases presenciales migraron a la virtualidad por causa de la pandemia, entre los temas de debate ha estado cómo los estudiantes se adaptan a esta nueva realidad encontrando diversos puntos de vista.

Esto llevó a que las universidades trabajen constantemente en el diseño y aplicación de políticas inclusivas, para dinamizar los procesos de aprendizaje.

Aura Patricia Munar, docente de la Facultad de Ingeniería, de la Corporación Universitaria Minuto de Dios, Uniminuto, explicó que para lograr un proceso efectivo con los estudiantes de forma virtual, es primordial la capacitación al cuerpo de profesores, especialmente de aquellos que no tenían una relación estrecha con el lenguaje digital.

En el caso de los estudiantes, Munar asegura que, algunos comenzaron a desarrollar técnicas de estudio para facilitar la comprensión de los procesos académicos y tener un mayor rendimiento. Sin embargo, no todos han tenido una buena experiencia con la educación virtual universitaria.

Tropiezos y aprendizajes

Personas como Luis Alejandro Acosta, estudiante de décimo semestre de Ingeniería Electrónica en la Pontificia Universidad Javeriana, de Cali, expresan con frecuencia un sentimiento de añoranza por lo que eran las clases presenciales.

Con base en su testimonio, sumado al de Katherine Dicue, estudiante de Atención Prehospitalaria en la Universidad del Valle, Carlos Collazos, estudiante de Tecnología en Gestión de Procesos Industriales en la Universidad Santiago de Cali, y varios expertos en temas educativos, El País comparte a continuación, anécdotas comunes entre los universitarios, que dejan reflexiones vinculadas con el uso de las TICs en los procesos educativos virtuales.

1. La comunicación a través de la pantalla. Una de las situaciones repetitivas en las clases virtuales es que no todos los estudiantes activan su cámara o participación de las actividades planteadas, “situación que dificulta que el docente gestione las demandas del aprendizaje”, asegura el psicólogo Álvaro Salazar.

Sin embargo, a el estudiante Carlos Collazos tiene una explicación a esto: “en ocasiones existe temor a la crítica o desconfianza por compartir con otras personas nuestros espacios privados”.

En este sentido, el psicólogo de Bienestar Universitario de la Icesi, Álvaro Salazar, recomienda utilizar herramientas propias de las plataformas digitales, como una imagen de fondo. Asimismo, aconseja a los docentes establecer las reglas del curso desde el comienzo, de esta forma se pueden evitar situaciones incómodas o comprometedoras.

2. Exceso de información. La dificultad para formular preguntas y generar un hilo conductor entre los contenidos que se trabajan en la clase virtual y aquellos que se deben desarrollar de forma autónoma, es muy común.

Carlos Collazos cree que esto se debe a que “hay una sobrecarga de trabajo ligado a la clase virtual y a que el contenido curricular no está del todo ajustado a las nuevas realidades”.

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Pero, de acuerdo con el psicólogo y docente universitario Samuel Vivas, “es fundamental no procrastinar. Muchas veces los estudiantes van dejando tareas para luego, eso hace que al final tengan demasiado trabajo por tareas sencillas que se acumulan y se vuelven difíciles de responder en los tiempos que restan para la entrega”.

3. Aburrimiento por la modalidad. Victoria Prado, doctora en Educación y directora del Centro de Enseñanza y Aprendizaje, de la Pontificia Universidad Javeriana, destaca que la forma en cómo se va a evaluar es una de las preocupaciones más latentes para los estudiantes, porque implica un cúmulo de actividades y contenidos que están centrados en el trabajo autónomo.

Luis Alejandro Acosta comenta que, “esto hace que tengamos problemas de ansiedad o depresión, porque estamos en un constante afán y sentimos que el tiempo no nos rinde”.

Asimismo, la situación puede llevar a que se presenten problemas visuales o musculares, que es necesario que el estudiante comparta con el área encargada en la Universidad, para disponer del acompañamiento necesario.

4. Trabajo individual o en grupo. En la presencialidad hay un reconocimiento del otro a través de la interacción constante que permite evaluar aspectos esenciales para la convivencia, tales como el sentido de la responsabilidad y el respeto.

Pero, en la virtualidad el relacionamiento es totalmente distinto, “por esto es frecuente que algunos estudiantes expresen su interés por trabajar de forma independiente; sin embargo, no olvidemos que es un proceso y como tal iremos aprendiendo con el pasar del tiempo, no solo a cómo comunicarnos con el otro de forma efectiva, sino a sacar el mayor provecho a las plataformas digitales de estudio”, precisa Aura Patricia Munar.

5. Desconcentración por factores externos. La falta de atención en las clases se convierte en uno de los mayores problemas de la virtualidad.
La estudiante Katherine Dicue, resalta que en este aspecto es importante reflexionar sobre el contexto, no solo porque hay personas que no poseen los recursos tecnológicos necesarios para seguir las clases, sino porque las dinámicas familiares y sociales son muy distintas.

“En mi caso, aunque la Universidad me ha brindado acompañamiento económico de conectividad, en mi territorio no tengo las condiciones para ver las clases porque es una zona rural donde no hay señal de internet. lo importante es que la Universidad lo sepa y pueda brindar el asesoramiento pedagógico y psicológico que podamos requerir”, comenta la estudiante.


Apoyo al estudiante

A través de departamentos como Bienestar Universitario, las instituciones de educación superior buscan acompañar a los estudiantes en las posibles situaciones que puedan llegar a afectar su aprendizaje.

Dicho acompañamiento involucra a un equipo interdisciplinar de trabajo, en el que participan psicólogos, médicos, maestros, trabajadores sociales, comunicadores, fonoaudiólogos, entre otros profesionales.

Asimismo, las actividades culturales, recreativas, lúdicas y espirituales que se pueden realizar, aún sin estar en el campus, es otra de las formas que las universidades han identificado como viables para conservar el relacionamiento con sus profesionales en formación. Generalmente estas actividades no son opcionales, gratuitas y no calificables.

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