La letra con sangre ya no entra, vea otras alternativas para la disciplina en casa

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La letra con sangre ya no entra, vea otras alternativas para la disciplina en casa 

Julio 07, 2019 - 08:34 a.m. Por:
Leidy Tatiana Oliveros, reportera de El País
Niño triste, niño llorando, castigo físico

Imagen de referencia.

Archivo de El País

El castigo físico definitivamente hay que sacarlo de las alternativas que tienen los padres de familia para corregir las conductas de los menores de edad, porque ha sido mal entendido y no se realiza de la manera adecuada. No se trata de hacerle daño al niño ni física ni psicológicamente, sino de corregirlo y lograr, a través del diálogo, que sea consciente de qué hizo mal y cómo lo puede reparar”.

Así lo afirma la psicóloga Lucely Obando, a propósito de la iniciativa del proyecto de ley que promueve la directora del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf), Juliana Pungiluppi, de eliminar el castigo físico como práctica de crianza.

Esta propuesta de Pungiluppi se debe a la reciente decisión del Gobierno francés de aprobar una ley que prohíbe castigos corporales a los niños.
“Debemos acabar con la normalización del castigo físico, porque no modula la conducta de niños y, por el contrario, genera miedo y rompe vínculo de confianza. Sin embargo, las leyes deben ser de carácter pedagógico y venir acompañadas de una transformación cultural”, expresa la funcionaria del Icbf respecto al proyecto que se contempla radicar el próximo 20 de julio en el Congreso.

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Sin embargo, esta iniciativa ha generado diferentes tipos de reacciones. Algunos psicólogos y terapeutas están de acuerdo con que el castigo físico no es la mejor forma de corregir a los menores. No obstante, enfatizan en que no puede ser solo una ley, sino que se deben tener estrategias para educar también a los padres de familia.

“Una ley puede ser un límite que proteja los derechos de los niños en casos extremos, pero sigue la lógica del castigo que se quiere justamente cambiar. Aunque la ley puede servir en ciertas situaciones como punto de partida, es más eficaz dar recursos y herramientas para la crianza y apoyar a los padres y madres en su desarrollo personal. Se necesita más educación emocional para los papás en los planteles educativos a los que van los hijos, y difundir información sobre los descubrimientos que se han hecho sobre el daño que produce el castigo físico”, comenta Ana María Constaín, psicoterapeuta integrativa y transpersonal.

Por su parte, Mónica Arcila, madre de dos varones, de 3 y 5 años, expresa: “No estoy de acuerdo que se prohíba el castigo físico, sentimos que es algo bueno. Cuando hemos intentado no corregir físicamente, los niños siempre están desafiando la autoridad, por más que se les hable, que los llevemos a la reflexión, a veces no comprenden. Además, pienso que siendo ley le quitan la autoridad de ser papás, nosotros somos quienes tenemos el derecho de corregir a nuestros hijos. Claro, que la corrección física tiene un límite, no es pegarle un puño, una cachetada, eso es maltrato infantil”.

De hecho, así como la psicóloga Obando insiste en que no ha sido bien entendido el castigo físico porque muchos padres lo toman como maltrato y “le dan a los niños como si fueran bolsas de boxeo”, el terapeuta familiar René Solano asegura que “muchos padres piensan que recibir o dar golpes es la mejor manera de lograr un buen comportamiento en los niños, porque seguramente eso fue lo que vivieron. Pero vale la pena invitarlos a desarrollar otras formas de lograr obediencia a través de fortalecer los lazos de comunicación y de la presencia significativa de ellos como orientadores y padres”.
De igual forma, Mabel Rojas Vélez, psicóloga clínica y asesora familiar, destaca que “el castigo físico se puede evitar si desde muy pequeño el niño empieza a recibir consecuencias de sus actos y sobre todo, el ejemplo asertivo y adecuado por parte del adulto”.

En este sentido, la profesional Obando, quien también es docente de la Universidad Libre y San Buenaventura, resalta que el principal método de manejo en la crianza es la autoridad.

“Es importante la autoridad con amor, que el niño sepa quién manda en casa y quién dirige las cosas, porque también hay otro extremo que se ha entendido mal, y es que a los niños hay que darles libre autonomía. Ese mal entendimiento ha permitido que el menor sea el rey de casa, quien decide qué quiere hacer, a qué hora comer o acostarse, y no debe ser así”, añade.

El castigo físico, anota René Solano, puede ser demostración de un error de la autoridad. “Cuando el adulto no ejerce una autoridad sino un autoritarismo, es decir, usa el argumento del poder, del amedrantamiento, para lograr que el niño se sujete a lo que el adulto le quiere proponer, cuando esto sucede, el niño se queda sin entender el por qué, y empieza a imaginarse que es un comportamiento abusivo, entonces ahí hace un daño”.

Es por esto que los expertos consideran que es fundamental que los padres adquieran estrategias para criar, educar y castigar a los hijos, además de hacerse conscientes y responsables de que son ellos la primera figura de modelo de crianza y comportamiento.

Alternativas de castigo

De acuerdo con la psicóloga Mabel Rojas, todo niño debe saber que su comportamiento tiene una consecuencia. “Si un mal comportamiento se da, hay que aprender a poner consecuencias; desde muy pequeños, los niños deben aprender a asumir consecuencias de sus actos para que eso minimice la posibilidad de usar el castigo físico”.

Lo ideal, según el terapeuta René, es que la corrección no sea en lo físico, sino en la palabra, para que el niño logre autorregularse con la palabra, y reconocer cuando el adulto le está marcando un límite y el por qué y para qué se le plantea límites a su conducta.

Por ello, cuando el menor no hace las cosas como se le está dirigiendo y comete un error, lo principal es hablar con él, y también se pueden implementar diferentes estrategias de sanción, como tomar acciones que le duelan al niño, niña o adolescente (NNA), pero no físicamente, sino emocional y afectivamente. Algunas de las estrategias son:
Tiempo fuera. Así se le denomina en psicología a la sanción que consiste en aislar al menor por un tiempo y en un sitio diferente. “Pero esto se tiene que acompañar con la comunicación, es decir, el papá debe decirle por qué lo va a separar del resto de la familia y en un sitio apartado, que puede ser un rincón o el patio, y comentarle por qué estará ahí por un determinado tiempo”, explica la psicóloga Obando.

Igualmente, se le debe hablar de la situación, “se le pregunta por qué lo hiciste, por qué respondiste así, por qué te dio rabia, qué otra manera podrías haber encontrado para resolverlo, etcétera, para que con este diálogo el niño empiece a tramitar y a entender sus emociones”, añade.
Esta estrategia funciona para los menores de 5 años, “porque a esa edad ellos están muy necesitados de compartir y estar con todos en casa”, detalla la profesional.

Privarlos de gustos. Los padres pueden privar a los menores de lo que les gusta hacer, como ver televisión, jugar play o no acceder a algunos permisos de salida, como fiestas. Esto funciona con los adolescentes principalmente.

El enojo. Para Obando “la mejor sanción es que el papá o la mamá le muestren enojo y le expresen que no están contentos con lo que está haciendo. A los niños les duele cuando los papás se enojan con ellos”.
Cabe resaltar que la acción de sancionar debe aplicarse inmediatamente se ha cometido la infracción o la falla, no se debe esperar a que pasen horas o días para corregir.

Cada castigo debe estar acompañado de diálogo, así se logra tener un efecto positivo, de lo contrario no.

"La letra con sangre" ya no entra

“Estudios evidencian que los niños criados con violencia son más propensos a tener problemas de consumo de sustancias psicoactivas, baja autoestima, a ser más violentos e incurrir en comportamientos antisociales”, señala Juliana Pungiluppi, directora del Icbf.

De igual forma, la psicoterapeuta Ana María Constaín, agrega: “se ha demostrado que el castigo físico produce daños neuronales y emocionales profundos. El castigo físico tiene repercusiones en la forma de relacionarse con otros, en la capacidad de aprender, en la inteligencia emocional, y en últimas esto afecta la capacidad de ser feliz de una persona y de tener relaciones

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