Campaña de joven estudiante que busca cumplir el sueño de ser Astrónoma

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La joven estudiante que con esta campaña busca cumplir el sueño de ser Astrónoma

Marzo 10, 2021 - 08:59 p. m. Por:
Carolina Meza – Laboratorio de Periodismo de la Universidad Javeriana Cali / Especial para El País
Stefanya Jaramillo - campaña astronomía

Stefanya Jaramillo logró ingresar a la Universidad de Antioquia y ahora busca respaldos para convertirse en astrónoma.

Foto: Especial para El País

La primera vez que Stefanya utilizó un telescopio era una noche de Luna llena. El Tablazo, la vereda de Antioquia donde vive, pocas veces había estado tan iluminado como en aquella ocasión. “Fue una cosa impresionante. ¿Cómo era posible que existiera algo tan maravilloso? A partir de ese momento me enamoré de la Astronomía”, recuerda la joven.

Stefanya Jaramillo Higuita tiene 18 años y vive con su mamá y su hermano. El negocio familiar es un criadero de pollos, aunque el hombre de la casa trabaja a veces como mecánico y ella ocupa sus días libres dándole clases a un niño.

Desde pequeña fue muy curiosa y extrovertida. Le gusta practicar natación, toca el violín, le va muy bien en las matemáticas, sueña con ser políglota y quiere trabajar en la Nasa. Esto último no es una utopía: en diciembre fue admitida para estudiar Astronomía en la Universidad de Antioquia, entre miles de estudiantes que se disputaban un cupo en una de las mejores universidades públicas del país.

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Amor a primera vista

Tocar un aparato sobre un trípode de aluminio, base azul y espejos no fue algo básico para esta joven, sino la puerta a un mundo por descubrir. Lo hizo en la Institución Educativa Rural El Tablazo, a donde llegó una donación que le cambió la vida.

El profesor Luis Armando Bedoya fue el responsable de que la Astronomía se cruzara en el camino de Stefanya. Él propuso un proyecto de matemáticas y programación con el que entró a participar a un concurso que ganó. El premio fue una dotación de múltiples herramientas tecnológicas, entre las que estaba el telescopio, para el colegio.

Cuando llevaron el telescopio a la institución, unos pocos estudiantes se interesaron en él. Stefanya, atrapada por la fascinación, no quiso que se quedara en el olvido. “Yo le dije al profe que había que hacer algo, pero no quería hacerlo yo sola”, recuerda. Así fue como fundaron un club de Astronomía en los cerros de la vereda.

Algunos chicos le siguieron "la locura". El primer día usaron el telescopio gracias a un miembro del Planetario de Medellín que les enseñó a armarlo y manipularlo en una noche de luna llena. Cuando Stefanya la vio a través del lente, lo tuvo todo claro: “Esto es lo mío”.

Aunque en su pueblo no es común que los jóvenes terminen el bachillerato y sigan estudiando, Stefanya sabía que debía hacer todo lo posible para entrar a la Universidad de Antioquia. Parecía un juego de la suerte que sus dos sueños más grandes se juntaran en uno, pues esta es la única universidad de Colombia que ofrece pregrado en Astronomía. Respiró y se metió en la cabeza una frase: “Yo voy a ser astrónoma, y voy a ser astrónoma de la Universidad de Antioquia”.

A esta universidad se presentan más de 50 mil personas y solo cinco mil son admitidas. Con el profesor Armando, su cómplice, empezó a estudiar todos los días. Pasaron varios meses antes de recibir un correo en el que le informaban que el examen de admisión sería en diciembre, de manera presencial. Lo hizo.

La publicación de los resultados estaba programada para el 30 de diciembre, pero un día antes la llamó una amiga para decirle que ya podía verlos en la página. En ese momento, subió al punto más alto de su casa para recibir la señal de Internet. El corazón se le quería salir. La respiración se agitó por los nervios y, con las manos entumecidas, abrió la plataforma de la Universidad.

No pudo evitar el llanto cuando vio un título verde que decía ‘Admitido’. “Abrazaba a mi mamá y le decía “mami, pasé a la universidad, pasé a la universidad”. También llamé al profe Armando para contarle”, recuerda. Él, que la había acompañado en el proceso, le respondió con dos palabras: “Yo sabía”. Entre un listado de 200 admitidos, Stefanya ocupó el puesto 40.

De El Tablazo para el mundo

Quienes conocen El Tablazo pueden asegurar que sus estrechas carreteras siguen siendo de tierra y piedra. Sus caminos conducen a lo alto de la montaña, desde donde se puede lograr una vista panorámica del municipio de Barbosa. En esa tierra se cultiva papa, mora y cebolla larga. Como sus habitantes no son más de 100, todos se conocen: son amigos, compadres, parientes o vecinos.

“El problema es que hay más cosas malas que buenas”, cuenta Stefanya. Los jóvenes suelen dedicarse al trabajo y abandonan el estudio: la mayoría son mototaxistas o buscan empleo en otras zonas. En las mujeres, una de las principales problemáticas es que quedan embarazadas a temprana edad y se dedican al cuidado de sus hijos y de los cultivos. Muy pocas personas de El Tablazo tienen la oportunidad de costear una carrera universitaria.

Cuando recuerda su infancia, reafirma que nunca pretendió ser igual a quienes la rodeaban. Sus gustos y su percepción de la vida eran distintos a los de la gente de su pueblo. “Siempre fui una niña muy libre, activa, obstinada y soñadora”, dice. Cuando creía en algo, no había nada ni nadie que le quitara la idea de la cabeza. “Desde chiquita empecé a decir que si me gustaba algo tenía que hacer de todo para que eso hiciera parte de mi vida. Nunca me quedé quieta, siempre quise ir más allá”, agrega.

Todo el mundo se daba cuenta de su obstinación: sus profesores fueron los primeros en notar tanta valentía y creyeron en ella. Su cuerpo y su mente mantenían ocupados estudiando, creando y haciendo las tareas que le dejaban. Poco a poco empezó a sentir la necesidad de organizar su proyecto de vida y convertirse en un orgullo. “Yo sé que algún día voy a hacer que este pueblito cambie y sea más inspirador para los jóvenes”, afirma.

En busca de un computador

No todo es color de rosa en la tierra el olvido. Como el sustento de su familia se respalda en los productos que comercializan, una de sus dificultades para iniciar la universidad es que no tiene computador.

Conseguirlo se ha convertido en su prioridad: empezó a buscar ayudas para jóvenes, pero las opciones han sido pocas. En este camino conoció a una mujer llamada Marcela Escobar, que se interesó en su historia y, junto a la fundación Adiuvo, hizo que Stefanya fuera la mujer elegida para la campaña de conmemoración del Día de la Niña y la Mujer en la Ciencia y la Tecnología.

Como en sus planes no estaba dejar pasar la oportunidad de su vida, dejó la pena y pidió ayuda. “Le dije a Marcela que lo que más necesitaba era un computador y conectividad, porque no tenía esas herramientas”.

A través de la fundación se creó una Vaki, sistema virtual que permite que personas hagan donaciones de manera anónima para un fin determinado. En este caso, la meta de recolección es de $5 millones, que se usarán para comprar el computador y darle una cuota mensual de sostenimiento durante cinco meses.

La recolecta, que se titula ‘Un computador para una futura astrónoma’, termina el 16 de marzo. Stefanya sacó a flote su proactividad y no se quedó cruzada de brazos esperando las ayudas. Hizo una lista de personas que podían aportarle y empezó a hacer una red masiva para que se enteraran de su causa. Muchas personas han hecho sus aportes, pero aún no se logra la meta.

Si desea ayudar a Stefanya, puede donar en la Vaki aquí

El lunes 1 de marzo, Stefanya empezó la universidad. Se sentía muy asustada, pero sabía que iba a disfrutar cada trabajo, tarea o examen que hiciera parte de su carrera. El compromiso de hacer las cosas bien no es solo con ella misma, sino con toda la gente que cree en sus sueños y le ha dado la mano. “Esto es algo extraordinario”, afirma.

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