Economía

“El Gobierno tiene que dar señales de disciplina fiscal al mercado”: Marcela Meléndez, directora ejecutiva de Fedesarrollo

La líder del centro de investigación económica analiza los retos económicos que enfrenta Colombia y plantea que recuperar la confianza, impulsar la inversión privada y ordenar las finanzas públicas son claves para volver a una senda de crecimiento.

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Marcela Meléndez, directora ejecutiva de Fedesarrollo
Marcela Meléndez, directora ejecutiva de Fedesarrollo | Foto: Cortesía Fedesarrollo

20 de sept de 2026, 04:25 p. m.

Actualizado el 20 de sept de 2026, 04:27 p. m.

El terremoto que golpeó al país puso sobre la mesa una nueva urgencia para el Gobierno, pero no borró los problemas económicos y sociales que Colombia ya venía enfrentando. Para Marcela Meléndez, directora ejecutiva de Fedesarrollo, el desafío consiste precisamente en avanzar por dos caminos paralelos: organizar la reconstrucción y, al mismo tiempo, atender las cuatro urgencias que el país ya tenía —el problema fiscal, la seguridad, la oferta de energía y la recuperación del sector de la salud—, sin perder de vista los retos de largo aliento: poner a la economía en una senda de mayor productividad y crecimiento y reducir la desigualdad y la pobreza.

En entrevista con El País, la economista plantea que el Gobierno tiene que dar señales de disciplina fiscal que los mercados oigan, recuperar la confianza de los inversionistas con reglas de juego claras y sin comunicaciones erráticas, y dejar que el Banco de la República actúe con la independencia que necesita.

También considera necesario repensar el sistema educativo para que sea el primer igualador de oportunidades, retomar el desarrollo de la infraestructura de transporte, resolver el problema de oferta del sector energético mediante el pago de deudas y señales regulatorias adecuadas, aprovechar el potencial de la agroindustria y de los recursos mineros, y llamar al crimen organizado por su nombre para concentrar la política de seguridad en reducir el daño que ocasiona.

Colombia venía atravesando una coyuntura económica compleja y ahora tiene que enfrentar las consecuencias de un terremoto. ¿Qué necesita el país para recuperarse?

Hay que partir la conversación en dos. Lo del terremoto es una tragedia imposible de prever y cambia la manera en que puede jugar el Gobierno. Hay algo urgente que desplaza lo que ya era urgente y que va a tomar la atención del Gobierno.

Pero están también los problemas que ya teníamos. Hay unos de largo aliento y otros que son urgentes de la coyuntura. El Gobierno va a tener que trabajar en dos caminos paralelos.

Tenemos un problema fiscal, un problema de seguridad, un problema de oferta de energía en un sector que se detuvo y quedó emproblemado, y tenemos un problema de recuperar el sector de la salud. Esas son las cuatro urgencias con las que tiene que lidiar este Gobierno, mientras arma una gerencia para la reconstrucción.

¿Cómo debería manejarse el impacto fiscal de esta nueva emergencia?

Ojalá queden muy claras las cuentas separadas, porque son dos problemones distintos. El Gobierno de Colombia va a tener que hacer un esfuerzo muy grande para darle señales al mercado de disciplina fiscal.

No tiene tanto espacio para recortar gasto. Va a tener que pensar en cómo genera más ingresos y en qué tuercas puede mover para que la economía empiece a crecer.

Los retos estructurales son poner a la economía en una senda de buena productividad y crecimiento económico y pensar, paralelamente, en cómo reducir la desigualdad y la pobreza.

Usted habla de problemas estructurales. ¿Dónde debería estar una de las principales apuestas del país?

En la educación. Creo que hay que repensar el sistema educativo, en términos de cuál es la educación que tenemos que darles a los niños y jóvenes de Colombia, de las habilidades que requerimos en un momento en que el mercado laboral y la actividad productiva están cambiando tanto.

En un mundo tan cambiante lo que uno necesita es gente capaz de pensar y adaptarse, leer, comprender, aprender sola y estar en un proceso de adaptación constante que le permita pensar de manera innovadora.

Todavía tenemos problemas básicos en educación. No hay acceso para todos y tenemos un problema de deserción altísimo. Muchos niños y jóvenes están abandonando el sistema educativo, posiblemente porque no están vislumbrando un camino que la educación les pueda abrir.

La educación tiene que ser la primera igualadora de oportunidades. Que no importe dónde nazca una persona, quiénes fueron sus padres o si nació en un municipio pequeño o en una ciudad grande. A través del sistema educativo, todos los colombianos deberían tener oportunidades iguales para perseguir sus sueños.

¿También hay que cambiar la manera como entendemos la educación superior?

Sí. Tenemos carreras de cuatro o cinco años en un mundo donde la tecnología y todo está cambiando muy rápido.

La educación superior también tiene que reformularse. Tenemos que revalorar y entender la importancia de la educación técnica y tecnológica. Tenemos que quitarnos la idea de que todo el mundo tiene que ser profesional. Creo que ser profesional va a cambiar de definición en los próximos años y ya está empezando a cambiar en el mundo.

Las universidades que están a la vanguardia ya están visualizando cursos cortos en los que la gente se entrena, sale a trabajar y vuelve a entrenarse. Es una educación constante y permanente, distinta y no secuencial como la conocemos.

DINERO- PLATA- BILLETES
La economista la economista plantea que el Gobierno tiene que dar señales de disciplina fiscal que los mercados oigan, recuperar la confianza de los inversionistas con reglas de juego claras y sin comunicaciones erráticas, | Foto: Creada con IA

¿Cuáles son los sectores que podrían ayudar a Colombia a recuperar el crecimiento?

Es difícil elegir sectores, pero nuestro potencial minero y de combustibles fósiles no va a desaparecer porque se apagó. No lo vamos a poder volver a aprender de un día para otro, pero está ahí y no lo podemos desaprovechar.

Hay que pensar cómo hacer explotación con cuidado del medio ambiente y de la manera más sostenible posible. Pero tenemos recursos mineros y naturales que tenemos que explotar. Hay un tema de minerales críticos que está en la mesa de discusión. Tenemos que ordenar la casa para que no se vuelva una fuente de ingresos para grupos criminales y para que el país pueda capitalizar lo que sale de ahí. Fedesarrollo tiene un trabajo reciente sobre este último tema.

¿Qué papel juega el sector energético?

Juega un papel crucial y hoy día enfrenta un problema grave de oferta, por ausencia de señales claras desde la regulación y por las deudas de Air-e y por el rezago en el pago de los subsidios a las distribuidoras.. Es un sector facilitador de la actividad productiva. Si no tienes un sistema donde la oferta sea suficiente y el costo sea competitivo, el sector productivo, que es intensivo en el uso de energía, se enreda. Este es un caso en el que se junta lo estructural con la urgencia.

¿Y qué debería pasar con la infraestructura?

La infraestructura de transporte se quedó paralizada, no solamente en los últimos cuatro años, sino desde antes. Es un reto grande volver a armarla bien.

La iniciativa privada va a ser importante, pero no basta. La iniciativa privada mira aquellas carreteras o infraestructuras que vislumbra como potencialmente rentables. Pero también hay infraestructuras no rentables que requieren inversión pública y que son importantes para el país y para que el mismo sector productivo pueda funcionar y moverse.

Otro sector con gran potencial es la agroindustria. ¿Qué oportunidades ve allí?

Tenemos el reto de ver cómo hacemos convivir una economía campesina más productiva con el gran desarrollo agroindustrial, por ejemplo, de la Orinoquía.

Desde Fedesarrollo hemos presentado cifras que muestran que tiene un potencial muy interesante, no solamente en términos de solucionar el déficit de alimentos, sino también de impulsar el crecimiento.

Hay retos que resolver, como la tenencia de tierras y las discusiones con los sectores ambientales sobre el agua. Pero hay manera de hacerlo.

Se requiere un país que esté bien alineado y que pueda entender, desde la parte regulatoria y desde lo que debe proveer el Estado, qué se necesita para posibilitar el desarrollo de la altillanura.

¿Cómo recuperar la confianza de los inversionistas?

Recuperar la confianza que perdimos en los últimos cuatro años, en parte porque las comunicaciones fueron tan erráticas, es fundamental.

Si uno va a ver lo que de facto pasó, no hubo nada tan grave como lo que la gente se alcanzó a imaginar. Pero sí hubo una señal supremamente errática de “no creemos en la actividad privada”.

Creo que una cosa virtuosa de este momento es que vuelve a haber un Gobierno que piensa y entiende que es la inversión privada la que al final genera empleo y tiene potencial de generar crecimiento productivo.

El dólar ha caído de manera importante. ¿Puede seguir bajando?

Es difícil decirlo. La expectativa es que, al final del año, lo veamos repuntar otra vez. Ahora estamos en luna de miel y la gente está trayendo su plata de regreso al país porque tiene expectativas de que habrá mayor certidumbre para invertir. Pero las lunas de miel eventualmente se acaban. No quiere decir que se dañe todo, pero sigue un romance distinto.

En Fedesarrollo pensamos que volveremos a estar donde estábamos antes de que empezara la baja, con un dólar del orden de $3.500, algo así, que es la tasa de equilibrio.

Ahora nos está pasando algo atípico que tiene que ver con la confianza que genera la llegada del nuevo Gobierno. El Gobierno que empieza tiene que capitalizar sobre eso y convertir esa expectativa en algo creíble. Eso pasa por dar la señal de que habrá unas reglas de juego claras y por evitar cualquier tipo de comunicaciones erráticas.

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Dólar en Colombia registra alta volatilidad en este 2026. | Foto: Colprensa

La seguridad también es uno de los grandes desafíos. ¿Cómo debería abordarse?

No creo que la seguridad se vaya a solucionar en cuatro años ni que Colombia, por sí sola, sea capaz de erradicar el crimen organizado, que es el problema que debe encarar el Gobierno, porque este es un fenómeno de carácter transnacional.

En Colombia debemos dejar de hablar de conflicto armado, y llamar al crimen organizado por su nombre, para abordarlo con la respuesta de políticas correcta. Es un problema que no podemos eliminar solos, pero sí podemos minimizar el daño que ocasiona y en eso debemos concentrar la respuesta. Uno de los documentos que preparamos en Fedesarrollo para acompañar al gobierno los próximos cuatro años es sobre este tema.

Estamos insistiendo mucho en cambiar la forma en que medimos el éxito en la lucha contra el crimen organizado, para que el país se concentre más en medir a reducción del daño y no tanto en la medición de actividades. Que no nos midamos por el número de capturas ni por el número de hectáreas de coca erradicadas. No quiere decir que dejemos de llevar esos indicadores. Pero estas medidas no necesariamente reflejan que redujimos la capacidad de reclutamiento de menores, de asesinar o esa gobernanza criminal que tenemos en Colombia, donde los criminales están poniendo las reglas de juego en territorios.

La política debe apuntar a la reducción del daño, a contener la sensación de inseguridad y a recuperar la presencia el Estado con todos sus servicios en los territorios. La restricción de recursos obligará a priorizar territorios sobre la geografía, para hacer esto bien.

¿Qué significa eso en la práctica?

Para hacerlo bien hay que reconocer la limitación de las capacidades del Estado, para llegar bien a los lugares donde hoy su presencia es débil. El Estado no va a poder llegar a todas partes de la misma manera en cuatro años. Debe organizarse para llegar primero a los lugares donde su llegada es necesaria para contener un mayor nivel de daño.

Me preocupa que la política de seguridad le apueste a descabezar bandas criminales, capturando o dando de baja a quienes las lideran.

Está demostrado--tenemos múltiples ejemplos en Colombia y en otras partes--que eso lo único que consigue es fragmentar las organizaciones. Y vuelven a surgir otras cabezas. Porque el negocio sigue existiendo y la tecnología de ese negocio también.

Los grupos criminales organizados son, increíblemente, mucho más veloces para innovar que el mismo sector público y que el sector privado que funciona dentro de la legalidad.

Finalmente, ¿qué perspectivas tiene Fedesarrollo para la inflación y qué papel debe jugar el Banco de la República?

Creo que el Banco de la República ha venido jugando responsablemente. Entiendo que hay una angustia porque las tasas de interés estén altas, pero las tasas también tienen una explicación desde lo fiscal.

Cuando un Gobierno tiene un problema de finanzas públicas como el que tenemos hoy, donde el déficit fiscal es grandísimo y el endeudamiento del Estado no parece ser sostenible, el gobierno se endeuda más caro.

El Gobierno puede hacer mucho para ordenar la casa y dar señales de confianza. No va a poder arreglar el déficit fiscal de un día para otro, pero sí puede dar señales de disciplina fiscal. Esas señales los mercados las oyen. El Gobierno tiene que poder empezar a endeudarse más barato.

Para el tema inflacionario, tenemos un agente responsable en el Banco de la República y debemos dejarlo actuar con la independencia que necesita un banco central para poder hacer su parte en el manejo de la economía.

Comunicadora Social - Periodista de la Universidad Autónoma de Occidente, con amplia experiencia en periodismo regional, comercial y desde hace tres años trabajo en la sección de economía.

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