Recuerdos del balón: El día que ‘Pecoso’ Castro armó una batalla campal entre América y River Plate

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Recuerdos del balón: El día que ‘Pecoso’ Castro armó una batalla campal entre América y River Plate

Marzo 30, 2020 - 02:58 p. m. Por:
Redacción de El País

Recuerdos del Balón: Fernando el 'Pecoso' Castro.

Diseño: Henry Ríos Daraviña

El 27 de mayo del 2003 fue una fecha sin importancia para casi todos los mortales, pero no para los hinchas del América de Cali.

Copa Libertadores. Cuartos de final. Partido de vuelta. Y el gigante River Plate argentino saltando a la cancha del Pascual Guerrero con el perfume del chileno Manuel Pellegrini como entrenador y de figuras como el ‘Chacho’ Coudet, Andrés el ‘Nene’ D’ Alessandro y el ‘Torito’ Fernando Cavenaghi.

Los argentinos cargaban en su mochila una trabajada victoria por 2-1 lograda siete días atrás en el estadio Monumental de Buenos Aires, y también una moderada confianza traducida en recelo hacia un equipo americano que en la ronda anterior había dejado en el camino al también argentino Racing, en una definición por penales que causó miles de arritmias cardíacas en Colombia y en el estadio El Cilindro de Avellaneda.

Había respeto, porque en el América se agigantaba bajo los tres palos la figura de ‘Rufay’ Zapata, y los argentinos ya sabían bien lo que con la pelota maestros de orquesta como David Ferreira y Fabián Vargas; y goleadores de estirpe como Jairo el ‘Tigre’ Castillo y Julián Vásquez, todos dirigidos por la visión y el temperamento de un técnico curtido en partidos y mañas como el manizalita Fernando el ‘Pecoso’ Castro, que iba a terminar siendo el gran protagonista de esa noche copera que terminó desbordándose con un reguero de expulsiones, puños, patadas y carabineros corriendo con sus bolillos por la pista atlética.

Pero como diría en una biblia del balón, primero fue el fútbol. Y en los últimos quince minutos del primer tiempo, América fue Gardel e hizo un tango con la defensa marcándole tres goles a River. Los dos primeros fueron de Vásquez. En el 1-0 le entró de cabeza al balón para vencer al mono Buljubasich luego de un saque de banda de Bustos que peinó Asprilla. Y en el 2-0, el goleador paisa definió a placer luego de un pase entre líneas exquisito de Vargas.

A los 45.000 hinchas, rojos y afónicos ya, solo les faltaba ver una genialidad, y ésta se hizo presente en las piernas del lateral izquierdo Kilian Virviescas, que con un slalom se escurrió entre dos jugadores de River para enviar un centro que el ‘Tigre’ iba a mandar a dormir en las redes.

Era un partido casi perfecto, casi, porque Virviescas, quien meses más tarde jugaría en River gracias a su genialidad en ese partido, se dejó llevar por la efusividad de la tribuna y dejó al equipo con diez hombres.

En los 45 minutos finales, ya con la canasta llena y con la idea de que ya no había más por perder, el River de Pellegrini empezó a bombardear el área roja con ese amor propio de los de su tierra, logrando el descuento con un derechazo rastrero del moreno Ludueña, peligroso como un felino salvaje al asecho.

El gol metió a River en el partido, y lo dejó a un festejo de forzar los penales, hasta que apareció ‘Pecoso’ Castro, con una camiseta celeste providencia, para sacar del partido a los millonarios.

El balón salió por el costado derecho de la cancha hacia occidental, donde estaba Castro. Entonces apareció en escena el delantero Darío Husaín para tomar el esférico y hacer pronto el saque lateral, pero el ‘Pecoso’ le pateó la pelota. Furibundo, como toro herido, se acercó Claudio, hermano de Darío, a reclamarle al estratega colombiano, pero lo que él no imaginaba, es que ya todo estaba calculado en la mente de uno de los alumnos más aventajados del histórico Carlos Salvador Bilardo, campeón del mundo y de las mañas.

Claudio Husaín se acercó por su presa, pero él terminó atrapado. ‘Pecoso’ le haló su larga cabellera negra y el ‘turco’, como era reconocido, le lanzó un puñetazo en la cara a Castro. “Epa, epa, epa”, narró por Fox Sports el relator argentino Sebastián el ‘Pollo’ Vignolo, cuando ya no hubo forma de controlar la hecatombe, la pelea barrial que se armó entre colombianos y argentinos, que, de estar en ventaja numérica, terminaron completando los noventa minutos con solo ocho hombres y recibiendo un cuarto gol, obra de un delantero gordo pero eficaz como el cantante Leonardo Fabio Moreno.

“Si yo no hacía algo, River nos iba a empatar, por fortuna pasó eso de Husaín, porque él era el que quería pasarse de mañoso”, recordaría años después el ‘Pecoso’ con una sonrisa pícara y la satisfacción de haber clasificado a semifinales.

Sí. América no fue campeón de la Copa, pero ese 27 de mayo sí alzó el título honorífico de haber hecho parecer pequeñito e inocente a una de las escuadras más poderosas y ganadoras de la historia.

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