¿Quién debe ser el salvador de la crisis que vive la Dimayor? (Opinión)

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¿Quién debe ser el salvador de la crisis que vive la Dimayor? (Opinión)

Agosto 01, 2020 - 11:55 p. m. Por:
César Polanía - Editor de Afición / El País
Asamblea de la Dimayor.

El fútbol colombiano vive una aguda crisis.

Colprensa - El País

Han sonado nombres como en una subasta. Algunos por cuenta de los propios clubes y otros porque los mismos candidatos se pusieron a sonar con sus amigos de la prensa. Lo que no han entendido en el seno de la Dimayor es que, antes de pensar en nombres, lo que hay que definir es el perfil que hoy debe tener el salvador de la peor crisis del fútbol colombiano en toda su historia.

Con la salida de Jorge Enrique Vélez debe cerrarse el capítulo más oscuro de una polarizada y desprestigiada Dimayor, que se ocupó en estos dos años del rentable negocio del fútbol olvidándose totalmente de la pelota, y cuando ello ocurre, los disparos suelen irse muy lejos del arco, que es el gran objetivo. Imagino que las lecciones que dejó esta prolongada y aburrida novela de la salida de Vélez deben ser aprendidas y que su reemplazo no puede ser alguien al que se vean obligados a pagarle, al cabo de otros dos años, una onerosa indemnización lejana a la legalidad. Como lo escribí en un trino, el tapabocas más caro del mundo costó 600 millones de pesos y se vendió en la Dimayor.

Tienen una gran oportunidad los 36 presidentes de los clubes para sentarse a la mesa por primera vez unidos en los últimos tiempos, pensando en un solo objetivo. Por eso, son totalmente desacertados algunos de los nombres que sonaron para asumir la silla que dejó Vélez vacía. Un directivo o exdirectivo de los clubes en el cargo abriría más la brecha que existe en estos momentos entre los miembros del organismo.

El nuevo presidente de la Dimayor tiene que ser un hombre totalmente ajeno a los equipos que integran el ente, pero no por ello lejano del negocio —del sano negocio— del fútbol.

Ese nuevo presidente tiene que ser alguien con liderazgo real, no impuesto ni maquillado; un ejecutivo de alta calidad, capaz de conseguir y hacer efectivo el uso de los recursos financieros; innovador y promotor de ideas rentables, por supuesto, pero en beneficio principalmente de la pelota, y que, desde luego, los terceros de la televisión y el patrocinio también ganen; y debe ser cercano al Gobierno y con espíritu conciliador.

Además de ese perfil, la Dimayor urge de una reforma de los estatutos y acuerdos para que la torta de las ganancias sea repartida con mayor coherencia entre los clubes. No sugiero con esto que los grandes armen toldo aparte, como lo pretenden, pero sí que haya una mayor pertinencia en las distribuciones y las categorizaciones de los equipos. Una liga más reducida, con menos equipos, sería más competitiva y espantaría a clubes que parecen de garaje y ni siquiera tienen una cancha en óptimas condiciones para jugar. O aquellos cuyos directivos —si se les puede llamar de esa manera— engordan sus bolsillos vendiendo jugadores, pero les incumplen en los salarios, las prestaciones sociales y la seguridad laboral.

Además de eso, la prensa debe cumplir su función real, ser vigilante y defensora de las sanas costumbres en el negocio del fútbol, no el silencioso cómplice que soba chaqueta quién sabe a cambio de qué.

Todavía, después del escándalo que ocasionó Vélez en la Dimayor, se escucha a periodistas defendiendo su gestión. Esos periodistas son tan dañinos para el fútbol como los propios corruptos que se han enquistado en las entidades que deben conducir por buen camino a la pelota.

Basta mirar el caso del Luis Bedoya, que posaba de impoluto, y les puso muchos ceros a sus cuentas bancarias mientras fue presidente de la Federación. Y más vale que su sucesor, Ramón Jesurún, termine limpio en el escándalo de la reventa de boletas de las eliminatorias al Mundial de Rusia. Complejo manchar la pelota más de lo que hoy está. Una Dimayor fragmentada, sin presidente, y clubes que amenazan crear otra liga, como si la pandemia del coronavirus no haya ocasionado ya tantos males.

Tómense su tiempo, señores directivos. Antes de seguir lanzando nombres, piensen, los 36, en el perfil que hoy necesita la presidencia de la Dimayor. No se equivoquen de nuevo. Recuerden que los tapabocas salen muy costosos.

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