"Ahora les toca a los jugadores salvarme": Máyer Candelo, técnico de Cortuluá

"Ahora les toca a los jugadores salvarme": Máyer Candelo, técnico de Cortuluá

Marzo 09, 2019 - 08:22 p.m. Por:
Francisco Henao Bolívar, reportero de El País
Máyer Candelo

Máyer Candelo muestra su lado más humano en charla con El País.

Periodista: Francisco Henao Bolívar / Vídeo y edición: Sebastián Castro Jaramillo

En un abrir y cerrar de ojos Máyer Candelo pasó de ser jugador de Cortuluá a técnico del equipo vallecaucano que este año busca su regreso a Primera División.

A sus 42 años la oportunidad tocó sus puertas. Una propuesta que tuvo que analizar rápidamente porque el torneo de ascenso y las prioridades del Cortuluá no daban espera.

Candelo dejó en el clóset su legendaria camiseta 10, la que vistió en casi todos los equipos donde jugó, y de inmediato se puso el 'buzo' de técnico para iniciar una carrera que, como él mismo lo dice, espera que sea igual de fructífera y larga como lo fue la de futbolista.

Mientras dos de sus asistentes miran los videos de los últimos partidos de Chicó, rival de Cortuluá este domingo en el 12 de Octubre, Candelo se sienta en una silla de una cómoda oficina para hablar con El País de su carrera como jugador y del nuevo reto que recién empieza.

¿Cómo tomó este paso de jugador a técnico en poco tiempo?
Una sorpresa, esto no lo esperaba; me he ido preparando y estudiando para cuando me llegara la oportunidad. Y eso fue de un día a otro. Tomamos la decisión, llamé a mis compañeros de trabajo y lo tomamos. Duele porque yo estaba acostumbrado a jugar y a patear, y ahora toca mandar y que otros pateen. Pero se adelantó el sueño y estoy feliz por eso.

¿Alcanzó a hacerle el duelo al retiro como jugador?
No ha habido tiempo. Yo soy un afortunado porque dejo una carrera de futbolista y al segundo inicio una de entrenador. Pero el duelo resulta fácil porque esto salió de un segundo a otro. Ya no puedo dar alegrías, ya no puedo hacer un pase o celebrar un gol de mis compañeros. Ya no puedo salvar a nadie como siempre lo hice con un pase o un gol. Salvé a muchos técnicos. Ahora a los jugadores les toca salvarme para mantenerme y hacer una carrera larga y bonita.

¿Cómo se inició en el fútbol?
Yo nací bendecido. A los 7 años llegué al Cali. Comencé en el barrio Bretaña, donde en lugar de una cancha lo que había era puro cemento. Jugaba en la calle y era pura pasión. No como ahora, que los muchachos están con aparatos electrónicos.

Máyer Candelo

Máyer Candelo, nuevo entrenador del Cortuluá.

Wirman Ríos / El País


¿Cómo llega al Cali?
Había un entrenador de las inferiores del Cali que me vio jugar en su cuadra. Me dijo que fuera a una prueba en las canchas Panamericanas, que era donde entrenaban las categorías del Cali. Comencé con el profe Ricardo Martínez, después con Armando Calderón, el 'abuelo' Cruz y muchos otros que tuvieron que ver con mi proceso en las canteras.

¿En su casa siempre hubo apoyo?
En mi casa la situación siempre fue complicada, pero mis papás y mis abuelos eran apasionados por el fútbol y siempre me animaron; y aunque no había para comer, me daban para los pasajes para que nunca faltara a un entrenamiento.

¿En algún momento pensó en 'tirar la toalla' y dedicarse a otra cosa?
No porque siempre me gusta retarme y ponerme plazos. Yo dije que si a los 18 años no había jugado un minuto como profesional, me dedicaba a otra cosa. Gracias a Dios a los 17 debuté con el profe ‘Pecoso’, que fue el que me dio la luz.

¿En sus inicios fue disciplinado?
No, rebelde pero sin perder el amor por jugar fútbol. Yo era el tipo más rebelde dentro y fuera de la cancha. Si me iban a molestar, decía que no volvía. Si no tenía guayos, decía que así no jugaba. El profe Ricardo Martínez siempre me ayudó. Me daba para el bus o para comprar zapatos. Pero en la cancha yo le cumplía.

Máyer Candelo

Máyer Candelo espera hacer una buena tarea como técnico de Cortuluá.

Cortesía Cortuluá / El País

¿Nunca faltó a un entrenamiento?
Síííí, muchas veces, era un ‘locazo’ y faltaba a un entrenamiento en divisiones menores por algún motivo.

¿Cuándo fue el debut?
Nunca se me olvida: 14 de febrero de 1996 ante el Quindío en Armenia. El ‘Pecoso’ me dio 20 minutos y ese día ganamos 3-0. Yo compartí habitación el día antes con una persona que quise, Martín Zapata (q.e.p.d.). Y entré por él. Fue el día más maravilloso porque ahí vi la luz y el inicio de una carrera muy linda.

¿Quién era su ídolo en esa época?
El ‘Pibe’ Valderrama, que lo tenía al lado. Le veía su pelo brillante, yo pasaba cada rato por su lado cuando estuvo en el Cali y yo hacía parte de las inferiores. Tuve el privilegio de ver llegar a muchas figuras al Cali.

¿El partido que más recuerda?
Uff... siempre hubo una rivalidad sana con América y esos partidos eran especiales por todo lo que se vivía. Y si había un gol mío de por medio, con mayor razón.

¿Cuántos goles anotó en su carrera?
Ese es mi único dolor porque quería llegar a 120 goles y me quedé en 119. Me faltó uno. Esperaba lograrlo en el Cortuluá, pero se dio lo de coger el equipo y ahí quedó mi cuenta.

¿Qué fue lo mejor que le pasó mientras jugó para el Deportivo Cali?
Muchas cosas. Me tocó el título del 96 porque eran 22 años sin ser campeón. El del 98 ya siendo figura con Arley Betancurt, Víctor Bonilla y muchos otros. Después la Copa Libertadores del 99 y un partido ante Cerro Porteño que puede ser uno de los mejores que yo haya jugado.

¿Por qué decide ir luego a Vélez?
Yo nunca quise ir a Argentina porque me atraía más Brasil por el estilo de ellos, que es parecido al mío. Además, en el Cali estaba cómodo, teníamos todo, como eran canchas para entrenar y habitación privada en la concentración. Pero me equivoqué porque en Vélez encontré cosas mejores. Tenía una villa gigante con más de 10 canchas, tenía un hotel y al entrar a la habitación se encontraba uno con una maleta llena de ropa para cada jugador. Empecé a vivir cosas diferentes; además, el técnico era Falcioni, quien me dijo que él era el que me había pedido.

Salió de Vélez y vino al América. ¿Cómo fue llegar al rival de patio?
Hay muchas cosas que uno no puede hablar. De niño, por la rivalidad, uno decía que no podía jugar en el otro equipo. Pero en este fútbol hay cosas que uno quisiera contar. Solo puedo decir que cuando vine al América lo hice con profesionalismo. Estuve muy poco, pero quedé en la huella de ellos, así no me quieran. Alcancé a ser campeón con Jaime de la Pava.

Y después va a Millonarios...
Sí, fue algo extraordinario. Millonarios es un gigante de verdad; su hinchada hace valer lo que es el equipo, son apasionados, son fieles y van al estadio a matarte o gritarte o a aplaudirte. Hubo buena química en la primera etapa. Luego estuve en una segunda etapa y salimos campeones después de muchos años.

Usted vuelve al exterior y dura varios años en Perú. ¿Qué encontró allá para jugar tanto tiempo?
Yo estaba bien en Universidad de Chile, pero me llamó Jorge Nunes, el paraguayo que me dirigió en el Cali con ‘Cheché’ Hernández. Dirigía a Universitario y me dijo que le diera una mano, que no lo dejara morir. Fui allá y jugué tres años porque me trataron muy bien. Luego pasé al Aurich y al César Vallejo.

¿La Selección Colombia fue una materia pendiente en su carrera?
Sí, no tuve ese ‘dulcecito’, ese amor de un técnico que me dijera: venga y juegue con confianza, como lo tuvieron Giovanni (Hernández), Néider Morantes y el mismo Macnelly. Del que menos esperé fue el que más me llevó, el ‘Chiqui’ García, porque se decía que era un fútbol defensivo. Y me llevó a la Copa de Oro y a las eliminatorias. El profe Javier Álvarez fue otro que me tuvo en cuenta.

Este domingo inicia su etapa de DT. ¿Qué clase de entrenador será Candelo?
Quiero ser un técnico ofensivo porque jugué bien al fútbol. Hice magia muchas veces y así quiero que juegue mi equipo, que sea alegre, que sea feliz, que juegue en el campo

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