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El equipo de ciclismo que volvió de las cenizas para salvar a jóvenes en Colombia
Perdieron todo en un incendio mientras competían en una carrera. Dos años después regresaron para ganarla. Esta es la historia del equipo de ciclismo fundado por el exciclista Juan Guillermo Jaramillo para transformar la vida de jóvenes que crecen entre la violencia y la falta de oportunidades.
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5 de abr de 2026, 07:48 p. m.
Actualizado el 5 de abr de 2026, 07:48 p. m.
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El corto circuito comenzó a extenderse por la casa. Llegó hasta el cuarto donde guardaban los agroquímicos de la agropecuaria familiar. Entonces hubo una explosión.
Las llamas alcanzaron la bodega donde el recién fundado equipo de ciclismo, Threshold Team Milo Sáfer, guardaba sus bicicletas y uniformes. Cuando llegaron los bomberos, tardaron cinco horas en apagar el fuego. Para ese momento, el proyecto con el que el exciclista Juan Guillermo Jaramillo buscaba rescatar de la violencia a decenas de jóvenes, había quedado en cenizas.
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Juan Guillermo nació en el suroeste de Antioquia, la misma tierra de donde salieron ciclistas como Rigoberto Urán o Carlos ‘Bananito’ Betancur. El municipio se llama Ciudad Bolívar —muchos lo confunden con el barrio de Bogotá — y está rodeado por montañas de verdes oscuros y cultivos de café.
Allí, como casi todos los niños del pueblo, Juan Guillermo creció con una obsesión: aprender a montar bicicleta. La suya la heredó de su padre, Jhon Mario Jaramillo, un aficionado al ciclismo que levantó una agropecuaria familiar mientras repartía concentrado para animales pedaleando de finca en finca.

Con cada carrera en las calles empinadas del pueblo, Juan Guillermo empezó a convencerse de que su vida estaba en el ciclismo. Compitió en distintos municipios de Antioquia y el resto del país y, años después, llegó a Europa.
— Vi por televisión las glorias de Nairo Quintana. Ese era mi sueño.
En 2022 corrió en España y Portugal. Fue campeón juvenil en algunas pruebas. Tenía disciplina, entrenaba y se alimentaba como los profesionales. Pero pronto entendió que sus estadísticas no le alcanzaban.
— No tenía la potencia de ciclistas como Rigo. Y sin esos números no hay contrato que te permita quedarte. Mi familia, que siempre ha sido muy trabajadora, era la que me ayudaba. Así como en el fútbol no todos llegan al Real Madrid, no todos llegan a la élite del ciclismo. Lo acepté de forma natural.

En todo caso, mientras competía cada semana pedaleando bajo la nieve o en medio del verano europeo junto a los mejores del mundo, Juan Guillermo empezó sin darse cuenta a prepararse para otra vida. Los ciclistas a los que comenzó a entrenar con lo aprendido en el exterior comenzaron a ganar. Había encontrado su lugar.
— Extraño la competencia. Me retiré a los 25 años y la adrenalina de estar dentro del pelotón me encanta. Pero estoy seguro de que como entrenador puedo generar un cambio más grande en Colombia que ganando carreras.
Cuando regresó al país, decidió convertir esa certeza en un proyecto. Con su familia fundó un equipo que entrena jóvenes como si ya estuvieran en Europa; una especie de universidad para los ciclistas colombianos. La meta no es solo ganar carreras: es salvarlos de la violencia.
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Mientras competía en Europa, Juan Guillermo recibió una noticia que le quitó el sueño: al menos 30 jóvenes de Ciudad Bolívar estaban siendo amenazados y debían abandonar el pueblo.

— ¿Qué está pasando? —le preguntó a su papá por teléfono.
La respuesta era la misma que se repite aún en muchas regiones de Colombia: bandas criminales disputándose el microtráfico, presencia de grupos armados, menores reclutados a cambio de dinero, armas, un poder efímero.
Aquel contraste lo sacudió por dentro. Mientras Juan Guillermo corría frente a los mejores equipos del mundo, en su pueblo algunos muchachos pedaleaban para huir. Apenas el 24% de los estudiantes de la zona rural en Ciudad Bolívar podían acceder a la universidad; las tasas de criminalidad juvenil eran de 210 casos por cada 100 mil habitantes, casi el doble del promedio nacional.
- Tenemos que aportar nuestro granito de arena. Inspirarlos para que quieran cambiar su vida a través del deporte —le dijo Juan Guillermo a su papá.

Así nació el proyecto familiar del equipo Threshold Team Milo Sáfer. El nombre, que ha ido mutando, corresponde a los patrocinadores. Threshold es una empresa de entrenamiento deportivo con sede en Medellín, una de las más grandes a nivel mundial; Milo, la bebida energizante y Safer es una compañía dedicada a la venta de agro biológicos para el campo. La mayoría de los ciclistas del equipo son recolectores de café.
Su padre asumió la gerencia, su hermano la asistencia técnica y Juan Guillermo la dirección deportiva. Su mamá, doña Gladys Helena Muñoz, es quien lo sostiene todo en silencio así no conozca de ciclismo: la que madruga a lavar implementos, organiza, acompaña.
Al principio trabajaron solo con jóvenes de Ciudad Bolívar. Después les comenzaron a llegar peticiones desde otras regiones de Colombia. Juan Guillermo visitaba escuelas donde daba charlas de nutrición y llevaba donaciones de los patrocinadores. Los jóvenes interesados le enviaban sus resultados deportivos, el palmarés, como si se tratara de una hoja de vida.
— Queremos que vean el equipo como su primer trabajo. Revisamos entrevistas, números de potencia, disciplina. Cuando entran al equipo ya no tienen que preocuparse por los gastos de los viajes. Cubrimos todo desde que salen de su casa. Solo deben concentrarse en pedalear.

El Threshold Team Milo Sáfer ha acompañado a más de 300 jóvenes. Uno de ellos, Andrés Talero, ya fue convocado a Selección Colombia. Pero las historias que más marcan al equipo no siempre tienen que ver con medallas.
Santiago Vásquez, por ejemplo, creció en una de las zonas más difíciles de Ciudad Bolívar, donde la presencia de las grupos delincuenciales es parte de la cotidianidad. Para mejorar su bicicleta recogió café durante meses y vendió boletas para comprar suplementos alimenticios y mejorar sus números. Hoy entrena con dedicación y sueña con convertirse en profesional para sacar adelante a su mamá.
— Eso es justo lo que queremos. Nos importan los resultados deportivos, pero primero formar personas. Si logramos eso, los estamos protegiendo de la violencia, del reclutamiento – dice Juan Guillermo.

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Threshold Team Milo Sáfer está hecho de “montañeros”, suele decir Juan Guillermo.
- En el buen sentido de la palabra: gente berraca, que no se rinde, que siempre encuentra la manera de seguir subiendo.
Cuando ocurrió el incendio, mientras corrían la Clásica de Rionegro, el silencio se apoderó del grupo. Algunos muchachos pensaron que todo había terminado. Las bicicletas que se quemaron no servían ni para venderlas como chatarra.
Pero el equipo resistió. Con ayuda de patrocinadores y de la comunidad ciclística, siguieron entrenando, compitiendo, soñando. Dos años después regresaron a la misma carrera. Esta vez ganaron la etapa reina y la clasificación general por apenas dos segundos. En el lugar donde lo habían perdido todo, sintieron que lo recuperaban todo.
— Como el ave fénix; como los montañeros.
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