Deportes
“América me dejó en visto”: Juliana Raga, la capitana que aún no sabe por qué acabaron las porristas de los ‘diablos rojos’
Durante 25 años, hizo parte del grupo de porristas del América. El 15 de diciembre de 2024, en la final contra Nacional, se presentaron por última vez en el Pascual. Desde entonces, ha buscado una explicación de la institución sin obtener una respuesta. Esta es la historia de una mujer que convirtió su pasión por el equipo y el baile en una forma de vidaFue porrista del América de Cali: Carolina Cruz le abrió su corazón a El País y reveló detalles inéditos de su vida.
Siga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias


18 de oct de 2026, 11:46 a. m.
Actualizado el 18 de oct de 2026, 11:46 a. m.
Noticias Destacadas
Jorge ‘El Pelícano’ Banguero, volante del América, se puso de espaldas al arco donde su equipo se jugaba el descenso ante Patriotas de Boyacá. Llorando, le pidió a Juliana Raga, la capitana de las porristas, que le narrara lo que sucedía.
— Mona, usted me va diciendo.
Juliana no olvida lo que pasó después: Jairo ‘El Tigre’ Castillo desperdició el penal definitivo; el arquero rival, Carlos Chávez, convirtió el suyo, y el América se fue a la B.
— Recuerdo que la gente se quedó con las manos en la cabeza. Y se escuchó como un gemido.
La noche del 17 de diciembre de 2011 fue una de las más tristes para Juliana como hincha del ‘rojo’. También lo fue la tarde del 15 de diciembre de 2024, durante la final de la Copa contra Nacional. No tanto por la derrota ante el rival histórico, sino porque ese fue el último partido en el que las porristas del América se presentaron en el Pascual Guerrero. Cumbia de Bailaron.
— La nueva administración decidió acabar con las porristas y, un año y medio después, yo no sé los motivos. Pese a que he preguntado, nadie me da una respuesta oficial. América me dejó en visto —dice Juliana, administradora de empresas que completó 25 años en el grupo de animadoras de los Diablos Rojos.

***
Fue su padre, Rafael, de 82 años, quien convirtió a Juliana y al resto de la familia Raga en seguidores del América. Cuando era una niña, su papá la llevaba al primer piso de la tribuna occidental del estadio Pascual Guerrero. Siempre ocupaban el mismo lugar: la curva que conecta esa tribuna con sur, justo donde se ubicaban las porristas en la pista atlética.
A los 4 años, Juliana las miraba a lo lejos con ojos de admiración. En su colegio, el Femenino San Fernando, ubicado frente al estadio, llegó a formar parte del equipo de animadoras. El porrismo le permitía unir dos pasiones: el fútbol y el baile.
— Una vez no fui al colegio y mis compañeras me dijeron: “Vino el director de las porristas del América a buscar niñas nuevas”. Yo me emocioné y busqué dónde eran las pruebas. Tenía 15 años. La primera vez me dijeron que no; la segunda, también, hasta que la tercera fue la vencida. Nunca me imaginé que se iba a volver la mitad de mi vida: 25 años en el grupo. Fue un hobby que, por mi nivel de compromiso, se convirtió en parte de mí.
El director de las porristas era Jaime Quintero, cuya esposa, doña Flor, dirigía a su vez las porristas del Deportivo Cali.

— Ella era hincha del Cali a morir; él, del América. Cuando iban al estadio, ella lo hacía con su indumentaria verde y él, roja.
Por esos años, el América ya había hecho historia. En 1979, además de conseguir su primer título en el fútbol colombiano, se convirtió en el primer equipo del país en tener porristas. La idea fue de doña Beatriz Uribe de Borrero, la gerente, quien durante una gira vio a las animadoras de los clubes en Estados Unidos.
Eran tiempos en los que, para acceder al grupo, había que pertenecer a un estrato social alto, ser sobrina o hija de algún socio, o tener cierto tipo de belleza, estatura y contextura. La exreina y presentadora de televisión Carolina Cruz fue porrista del América. Después hubo una apertura para que entraran animadoras sin importar el estrato social o un tipo de belleza determinado. Las dos únicas condiciones eran ser hinchas del ‘rojo’ y tener talento para el baile y las acrobacias.
El primer partido de Juliana como animadora fue en 1996. Aquella tarde, el América le ganó al Unión Magdalena 5-0. En la cancha estaba su ídolo, Anthony ‘El Pipa’ de Ávila, a quien considera el mejor jugador en la historia del club. Cuando ‘el Pitufo’ regresó al equipo, con 45 años, Juliana llegaba disfónica a la casa.
***
Juliana fue porrista del América entre 1996 y 2002. En 2007 regresó como capitana. Desde 2014 es la directora del grupo. Es lunes y ella toma café en un centro comercial. Mientras recuerda goles, balonazos que alguna vez le pegaron en la pista atlética, títulos y derrotas, suspira: aún desconoce el motivo por el cual el América acabó con el grupo de porristas, si ni siquiera tenían un sueldo fijo. Nunca ha habido un contrato.

¿Cómo funcionan los acuerdos entre el América y el grupo de porristas?
Han sido tres etapas. Cuando entré, siendo una adolescente, la porrista entraba al estadio por lista y podía llevar un acompañante. Te daban un refrigerio y ya: ese era el pago. Así fue hasta que el América descendió a la B. Después empezaron a darnos dos boletas, el refrigerio mejoró y también nos daban hidratación.
Pero no había sueldo…
No, nunca. Nos hacían ir a presentaciones, al Batallón Pichincha, a Univalle, pero no había salario. El porrismo lo disfrutábamos porque era una pasión. Uno iba con la ilusión de presentarse ante un gran público. No sabíamos que eso era un trabajo, que debía pagarse. De eso me vine a dar cuenta muchos años después.
Y eso lo cambié como capitana. Cuando nos pedían ir a ciertas presentaciones, no llevaba a todas las muchachas, sino que seleccionaba a algunas, según lo que exigiera cada evento. Ensayábamos para que todo quedara impecable y el dinero se repartía en partes iguales. Podían ser 100.000 pesos, en promedio. Las empresas quedaban súper contentas y se tomaban fotos con las muchachas. Pero sueldo como tal, por animar en el Pascual, nunca ha habido.
Cuando estuvimos en la B empezaron a darnos dos boletas y refrigerio. Después nos dieron un subsidio de transporte. Hasta que en 2024 se acordó darles a las integrantes 60.000 pesos por partido y dos boletas de occidental, primer piso. Todas recibíamos lo mismo.

¿Cuál fue el último partido de las porristas del América?
Fue América-Nacional, en diciembre. La final en la que hubo disturbios y todo se puso muy feo. Yo saqué del estadio a las porristas antes de que se acabara el partido. Ya tenía el presentimiento de que iban a acabar con el equipo de porrismo y las preparé muy bien para ese día. Les dije que quería que salieran muy hermosas: bailaron con unas polleras.
¿Por qué presentía que iba a ser el último partido?
Porque las cosas cambiaron cuando llegó la nueva administración. Los empleados me decían que el ambiente estaba muy pesado. Además, en enero de 2024 me llamaron a una reunión muy rara. Era como si tuviera que presentar descargos: yo sola con siete personas del América. Una página que tiene poder de convocatoria entre la hinchada, El Aguante, creo que se llama, había publicado algo en apoyo a las porristas. A la nueva administración le pareció una ofensa que yo le hubiera dado ‘me gusta’ a esa publicación.
Ese día conocí a la presidenta, Marcela Gómez; a Juliana Dávila, la gerente, y a otras personas. Al final, Marcela me leyó una carta que explicaba cómo se iba a trabajar y cuáles serían los cambios para las porristas. Era algo así como ‘lo toma o lo deja’. Me regañaron por el ‘me gusta’ a la publicación de El Aguante y no me iban a dejar hablar. Yo dije: “Un momento, tengo derecho a hacerlo”.

¿Qué decía la carta?
Decía que, de las 20 integrantes del equipo de porrismo, quedarían 10. Es decir, sacaron a diez niñas y no sé por qué. También decía que no iríamos a los diez partidos de liga, sino que me avisarían a cuáles debíamos asistir, porque querían darles espacio a otros grupos artísticos. Supuestamente, la gente estaba cansada de ver a las porristas.
Pero hubo un punto que hizo llorar a todas en el equipo: no nos permitían estar en la pista. Estar allí, cerca del equipo, es la esencia de una porrista. Nos mandaron a la tribuna con la gente.
Supuestamente, estaba prohibido por la Dimayor, pero les mencioné todos los equipos que tenían porristas en la pista. Dijeron que iban a multar al América. Eso nunca me lo creí, y las niñas concluyeron: “Nos quieren aburrir para sacarnos”. Bajo esas condiciones trabajamos en 2024.
¿Qué pasó en 2025?
Llamé para preguntar por las condiciones en que íbamos a trabajar y me dijeron que esperara porque el América tenía cinco fechas de sanción por los disturbios del partido contra Nacional. Cuando se acabó la sanción, me dejaban en visto los mensajes.
La gente de Mercadeo empezó a renunciar. Había mucha rotación de personal. Me tocó conseguir los contactos de los nuevos encargados de Mercadeo. Quedaban en avisarme, pasaban semanas y nada. Me dejaban en visto.
Un día me desesperé tanto que llamé a quien no quería llamar: Luz, la jefa de Logística. Me dijo que no era con ella y me dio otro contacto. Esa persona me dijo que sí, que me iba a ayudar. Así se fue todo 2025 y pasó este año, y nadie responde.
Me conseguí el correo y el WhatsApp de Marcela Gómez. Le escribí que mi equipo de trabajo y yo necesitábamos una respuesta oficial: si continuaba o no el equipo de porrismo. Una respuesta clara, porque me parece increíble que una empresa tan grande como el América no tenga la decencia de decir: “Muchas gracias por todo, hasta aquí llegamos”. Aunque sea por WhatsApp, pero, por Dios, digan algo oficial.
Eso no ha pasado. Me dejan en visto. Marcela no me respondió. Y el teléfono de don Tulio Gómez ya no lo tengo, aunque sé que con él las cosas funcionan diferente.

¿Por qué?
Alguna vez le pedí una reunión porque nos iban a cambiar de nuevo las condiciones. Él tiene una costumbre: cita a todas las personas a la misma hora. En una mesa grandísima él pregunta: “¿usted qué?”. Uno le explica delante de todo el mundo y él resuelve en el acto, punto por punto. Es una forma de trabajar diferente.
Una vez le dije que acabar con el equipo de porrismo era un error porque podía generar ingresos para la empresa. Nos patrocinaba Rosquillas Caleñas y la plata entraba al América, no a las porristas.
Pero se necesita gestión en mercadeo. “Pues claro, mija”, dijo. Rosquillas nos apoyaba con uniformes y otros respaldos importantísimos, pero el dinero del patrocinio era para el América. El patrocinio se acabó después de la pandemia, nos explicaron que Rosquillas había quedado golpeada económicamente.
Si el América no les paga un sueldo a las porristas y, según sus cuentas, el costo era de 680.000 pesos por partido, ¿por qué cree que no siguió el equipo de porrismo?
No tengo idea. Como te digo, América me dejó en visto. Y eso es lo que quisiera saber: he preguntado tanto, y nadie responde. Tengo niñas de 14 años que me preguntan por qué se acabó el equipo. Me dicen: “volvamos”. Pero, después de año y medio, no tengo respuesta.
Me parece hasta irrespetuoso el trato del América con nosotras, conmigo, que le he entregado 25 años de mi vida. Siempre he tenido buena relación con todos. No entiendo qué pasó ni por qué ese trato.
Si es por plata, eran $ 680.000 los que invertía el América por partido. Hasta los últimos uniformes los compramos nosotras, aunque hubo épocas en las que, además de Rosquillas, nos patrocinaron LG, Póker, Cine Colombia, en fin.
Tengo niñas que se abonan. Me han dicho que es mentira que en cada partido el América les dé espacio a otros artistas. Hay partidos en los que se acaba el primer tiempo y no hay ningún espectáculo para el hincha que paga la boleta o está abonado. Además, en Mercadeo hay mucha rotación de personal. Eso hace muy difícil entablar una relación de trabajo duradera con el gerente.

¿Volvería al equipo?
Sí, yo volvería, pero más por las niñas de Cali que aman el porrismo y al América, y por mantener esta tradición. Aunque sé que, después de haber hecho el comunicado en el que expliqué que el América no daba una respuesta oficial sobre si el equipo de porrismo seguía o no, me lo van a cobrar.
Pero estoy tranquila, mi deseo es que el equipo siga, así yo no esté. El equipo de porrismo hace parte de la tradición del América y, con una buena gestión de Mercadeo, sería más la plata que le entra al equipo por ahí que la que sale.
Pero, como se dice popularmente, estoy sana de qué fue lo que pasó. Son 25 años en los que me tomé el equipo muy en serio. Cada domingo madrugué para preparar todo para el partido. No dependo económicamente del América, pero esta situación me ha afectado mucho el ánimo.
Cuando estaba en la pista, como encargada del grupo, le agradecía a Dios. ¿Quién iba a pensar que esa niñita que amaba al América y al porrismo iba a llegar al Pascual?: para mí era muy importante. Le pedía a Dios: “Déjame llegar a los 100 años del América”, porque veía que el ambiente iba cambiando. Los 100 se cumplen el próximo año y no voy a poder estar.
6024455000






