Literatura
Parábola del Salmón, de Alonso Sánchez Baute: la novela como odisea íntima hacia el origen del dolor
La primera parte de un periplo vital, geográfico y sentimental, en el que su personaje, como un Ulises contemporáneo, debe enfrentar las heridas del matoneo para descubrir el verdadero rumbo de su vida.
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23 de ago de 2026, 03:59 p. m.
Actualizado el 23 de ago de 2026, 04:06 p. m.
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El poeta griego Konstantinos Kavafis (1863-1933) invirtió por completo la perspectiva tradicional desde la que leemos La Odisea, una obra clásica que —para él— no se reducía a un relato mitológico o, como suele clasificarse en la actualidad: una historia fantástica.
Los dioses irascibles, los gigantes y cíclopes, las brujas, sirenas y monstruos marinos en la mirada de Kavafis devienen como metáforas de un viaje interior, que podríamos definir como una epopeya sentimental.
“Si vas a emprender el viaje hacia Itaca, pide que tu camino sea largo, rico en experiencias, en conocimiento. (...) A Lestrigones ni a Cíclopes, ni al fiero Poseidón hallarás nunca, si no los llevas dentro de tu alma, si no es tu alma quien ante ti los pone”, dice en su poema ‘Itaca’.

Al final del viaje, el héroe triunfa sobre sí mismo y el regreso es un reconocimiento frontal de las heridas personales que, en su largo periplo pretendía olvidar, pero ahora, “rico en saber y en vida, como has vuelto, comprendes ya qué significan las Itacas”.
Dentro de esta familia kavafiana de viajeros sentimentales se encuentra el protagonista de Parábola del Salmón, la novela de Alonso Sánchez Baute que acaba de ser reeditada. Su publicación original fue en marzo de 2020, durante la misma semana que inició la cuarentena nacional por el Covid-19, lo que influyó en su escasa circulación.
“Salió el 20 de marzo del 2020, que, como recordarán todos, a los cinco días se decretó la cuarentena. Luego, por este motivo, es un libro realmente desconocido. En ese momento no tuve la oportunidad de promocionarlo, de hablar de él. Incluso gente muy cercana a mí, ahora que salió esta reedición, se sorprendió porque no sabía de la existencia de este libro”, comenta el escritor nacido en Valledupar, desde su apartamento en Bogotá.
El narrador de Parábola del Salmón —como el Ulises de La Odisea, que se hace llamar “Nadie”—, se niega a darnos su verdadero nombre, pero, a cambio de eso, cuenta en detalle sus experiencias de viaje en Barcelona, Río de Janeiro, São Paulo y Buenos Aires, ciudades donde para anestesiar un dolor profundo que viene de su infancia, se entrega a los excesos de la vida nocturna.
Así, en los momentos de resaca lúcida, el protagonista deja emerger —como Escila y Caribdis— el monstruo de un pasado marcado por el acoso y el matoneo hacia las identidades divergentes, violencias normalizadas en la fuerte cultura patriarcal donde tuvo que nacer y crecer, solo para huir de allí a la primera oportunidad. Por eso, la novela, pensada por el escritor como un díptico, lleva el subtítulo de “Libro de ida”.
—La voz del narrador es muy íntima, casi confesional. ¿Esto es una ilusión que se debe a la maestría literaria o hay una marcada intención autobiográfica?
Sí tiene una voz muy personal, pero en realidad todos mis libros tienen una voz personal. Yo soy coherente con esto, en el sentido de que transmito una identidad con el personaje, algo que puede ser tomado de manera muy verosímil. En cada uno de mis libros ha sucedido, igual con Al Diablo la Maldita Primavera, Leandro y en La Mirada de Humilda.
En este caso, Parábola del Salmón partió de esas columnas que publiqué hace ya 24 años en El Espectador, con el nombre de De Rumba con Loncho. En algunos casos, cuando salía del país, escribía la correspondiente columna o una crónica, porque había muchas más preguntas e inquietudes que surgían en esa soledad, que es de otro tipo, la soledad del viajero, cuando estás descubriendo una ciudad y esa soledad te va planteando otros interrogantes en tu vida, o te va llevando atrás hacia unos recuerdos que estaban ahí, pero que se habían dormido o algo así.

Entonces, este libro es un híbrido entre ese inicio como de crónica de viaje, memoria y ensayo, en el que va apareciendo un personaje que no necesariamente soy yo, porque repito, para mí hablar desde una tercera persona, a nivel literario, es mucho más importante. Y eso es lo que hago en esta novela.
—¿Son traumas los que aparecen en esa soledad?
Con la creación de este personaje pude plantear una serie de interrogantes sobre algo que, no lo llamaría trauma, porque esa palabra nunca me ha gustado, a mí me suena como a víctima, y lo que me interesaba era más bien abordar el dolor que comienza a manifestarse con mayor frecuencia durante esas soledades del viaje.
Un dolor que el personaje no sabe dónde está y ahí está precisamente la cuestión moral, la pregunta que podría hacer de esto una novela. Y es la responsabilidad, ese encuentro con el dolor, la responsabilidad de ser consciente de nuestras heridas, de dónde vienen y lo que nos impulsan a hacer, o en lo que podemos transformarlo.
—Volviendo al tema autobiográfico, ¿qué pasa cuando sus lectores lo confunden con sus personajes?
Desde que se publicó ‘Al Diablo la Maldita Primavera’, que es mi libro de más ficción, porque en la historia de Edwin Rodríguez Buelvas no hay nada mío, quizá solo mis preocupaciones como gay, pero estas son las cosas personales que cada escritor lleva a su trabajo.
Al principio la gente leía el libro y pensaba que era absolutamente autobiográfico, incluso un periodista que antes de llegar a mí contactó a varios de mis amigos, buscando alguna foto en la que yo apareciera vestido de drag queen, o al menos de mujer, y obviamente no la encontró nunca, porque no existe. Él no acababa de entender que Edwin era un personaje de ficción, y cuando llegó a mí, después de eso, sentí en la entrevista que estaba decepcionado. Él esperaba que efectivamente yo fuera como el personaje. De hecho, a mí también me hubiera gustado, no tengo ningún reparo. Hubiera sido feliz si tuviera el talento para montarme en unos tacones, pero ni siquiera uso zapatos de material, siempre estoy con tenis.
A pesar de esto, siempre he entendido esta confusión como un elogio a la verosimilitud del texto. Porque, antes que autobiográfico, el texto suena como tiene que sonar y debe ser verosímil, que al leerlo lo crean.
Me molesta de pronto un poco el que algunos piensen que, al ser autobiográfico, el libro no tiene el mismo trabajo, o que no lo tiene porque hace parte de la imaginación. Pero también es cierto que si alguien quiere tomar este o cualquier texto mío como autobiográfico, pues bienvenido, no tengo ningún reparo.
—El verdadero tema de la novela no está a la vista. Poco a poco, tanto el personaje como el lector terminan por descubrirlo...
Para mí la escritura y la lectura no solo son actos placenteros, también sirven para evidenciar realidades, mostrar algo que otros prefieren mantener oculto y, en mi novela, el tema oculto no son las drogas o el sexo, porque eso ya está abundantemente escrito en la literatura de todas partes del mundo, el tema oculto es el matoneo, algo de lo que poco se habla.
De hecho, el matoneo aparece como personaje en algunos de mis libros, pero no como protagonista. El otro día en mi casa editorial buscamos otros libros sobre esto y encontramos solo uno, de una autora japonesa.
Realmente el matoneo fue el pretexto para escribir este libro, porque, repito, de lo otro, sexo y drogas, ya hay bastante y no hay ninguna novedad en esos temas, y yo siempre estoy tratando de hablar de realidades diferentes en mi literatura.
—Por lo general, el matoneo o el bullying es abordado desde una perspectiva infantil y escolar, pero en su novela cambia esta mirada, evidenciando que este problema no se supera con la mayoría de edad. ¿Por qué se interesó en exponer las secuelas del abuso en la vida adulta?
La palabra matoneo se ha banalizado tanto que la usan para cualquier cosa, incluso cuando te bromean, dicen: “Te estoy matoneando”. O sea, llegamos al otro extremo del asunto, a convertirlo en algo trivial.
Por supuesto que hay una diferencia entre una persona que recibe bullying de adulto y una que la recibe de niño. En eso no quiero generalizar, porque tampoco puedo hablar por todo el mundo, pero es evidente que algo queda de todo lo que sucedió. Algo queda para el resto de la vida, de toda esa situación por la que una persona que es matoneada en la infancia, la manera como lo sufrió y lo enfrentó marca su personalidad.
Porque de entrada hay un aislamiento, hace un momento mencioné la palabra gay, pero cuando hablamos de matoneo nos referimos a todo tipo de señalamiento, por ser gordo, flaco, cojo, por mostrar cualquier tipo de diferencia o vulnerabilidad estás expuesto a esta violencia. Porque de eso se trata el matoneo, de que las otras personas encuentran ese punto que creen es tu debilidad, el talón de Aquiles, y se aprovechan de eso para joderte.
En ‘Al Diablo la Maldita Primavera’, Edwin se defiende con sus palabras, burlándose con su lengua bífida de los que pretendían humillarlo, cuando intentaban matonearlo, pero no sucede así con todos.

Ese señalamiento puede acompañar a una persona por mucho tiempo. Diferente sería si a ti te señalaran para aplaudirte, obviamente tú te llenas de orgullo, das la cara y eres el primero en contestar positivamente. Pero si a ti te están señalando como algo malo, entonces esa persona va quedando aislada, y luego esto va generando una inseguridad, una desconfianza, un pesimismo, como en el personaje de la novela que termina cayendo en las adicciones.
De alguna manera el personaje admira el amor, pero no lo comprende, porque este pasado le impidió sentirlo. Lo reconoce y lo admira, pero no sabe cómo es exactamente el amor, hay en él una dificultad para amar, quizá por una gran desconfianza de los otros. Pero, volviendo a la soledad del viajero, allí comienza a reconocer su herida, como si fuera un mapa guía para salir del laberinto de dolor.
Frases:
“Ahora el matoneo se convirtió en una herramienta política. Tenemos en Estados Unidos a Donald Trump, que es el primer matoneador a nivel mundial, pero también hay un cambio en las comunidades más expuestas a esta violencia, como la LGBTIQ+, que hoy ya no se reconocen como los débiles”.
“Este es un libro lleno de caminos que se bifurcan, de sirenas que intentan encantar al personaje. Tiene mucho de La Odisea, una búsqueda de Ítaca. Por eso la metáfora del salmón que nace en el río y va al mar, pero luego regresa”.
“Como dijo Giséle Pelicot, la vergüenza cambió de lugar, ya no son las víctimas las que cargan con ella. Las nuevas generaciones asumen su identidad con libertad, sin los miedos del pasado. Hay ideologías que buscan acabar con estos derechos, pero ya no es posible que nos devuelvan al clóset”.

Periodista y escritor, entre sus publicaciones destaca el volumen de ensayos ‘Libro de las digresiones’. Reportero con experiencia en temas de cultura, ciencia y salud. Segundo lugar en los Premios Jorge Isaacs 2022, categoría de Ensayo.








