'Mamá y la vecina de arriba', una historia de encuentros inesperados 

Mayo 17, 2022 - 12:31 p. m. 2022-05-17 Por:
 Julian Acosta Riveros, especial para Gaceta
Mamá y la vecina

Una historia de encuentros inesperados y felices con extraños, que pueden ser nuestros vecinos o nuestra propia familia. Así es la novela juvenil ‘Mamá y la vecina de arriba’ de Cristina Rebull.

Foto: Especial para El País

Todos hemos tenido vecinos que creemos insoportables, pero claro, entre el colegio, la universidad o el trabajo, lidiar con ellos era solo un asunto de fines de semana… hasta que llegó la pandemia y la convivencia se tornó en algo complicado para todos.

Así le pasa a Estela en ‘Mamá y la vecina de arriba’, quien trabaja en casa y se está volviendo loca con los disparatados ruidos de la vecina del piso superior (a quien apoda “la Mamemimomú”), hasta que Maximino, su hijo y narrador de esta novela, deduce que los ruidos responden a una rutina… ¡la vecina es una artista!

Cristina Rebull

Cristina Rebull, escritora cubanoestadounidense.

Foto: Especial para El País

Pero, claro, esto no es suficiente para soportarlo y, entonces, Jorge Luis (el hermano), papá, la abuela y Maximino urden planes para detener a la vecina, mas estos terminan siendo tan disparatados como los de la propia Estela. Dichas situaciones cómicas se narran en un tono y un ritmo especiales que delatan la vena musical de su autora, la cubanoestadounidense Cristina Rebull, quien es cantante y dramaturga, ganadora de un Emmy en 2013 como guionista, y también ganadora del Premio Norma de Literatura Infantil y Juvenil en 2015, asimismo fue reconocida con el premio OTI de la Canción en 1995. Veamos un ejemplo de su maestría:

“—A mí me parece muy bien que la vecina de arriba haga lo que le venga en gana —dijo Jorge Luis.
”—De verdad, ¿te parece bien? —respondí con asombro.
”—¡Por supuesto! —exclamó—. Abuelo siempre me decía que la vida era demasiado corta y vivirla a gusto era lo mejor que se podía hacer”.

De esta cita inferimos una reflexión muy interesante acerca de la intimidad, pues las situaciones que vive y sufre la familia nos dicen que todo el mundo tiene derecho a desarrollar su personalidad y que, además, es asunto de cada quien lo que haga en el ejercicio de su derecho a la intimidad y a la privacidad. Aunque saber negociar lo que se hace en la intimidad, si afecta a los otros, es clave para el éxito de la convivencia.

Claro, entonces la vecina tiene derecho a hacer lo que quiera y a ser feliz… pero la familia también. Así que, en lugar de entrar en disputa, Maximino termina yendo al apartamento de arriba para encontrarse no con el monstruo que imaginaban, sino con una persona como cualquiera… y allí hay un descubrimiento maravilloso: si somos capaces de escuchar al otro y de abrirnos a la diversidad, si somos empáticos, viviremos experiencias únicas y sorprendentes, como la que termina viviendo Estela gracias a la Mamemimomú (que, por cierto, se llama Yin), la música y la ‘Oda a la alegría’ de Beethoven…

Además de dejarnos una sonrisa y una valiosa lección sobre la empatía, la humanidad y el amor, podríamos arriesgar una conclusión para la novela: la vida es demasiado corta para no hacer lo que amamos. Y para sufrir sin razón.

Coda: el libro tiene unas páginas inolvidables. Les dejo una para que se antojen:

“Miré a Jorge Luis y me dio mucha alegría saber que detrás de sus números infinitos se escondía un hermano bueno y lleno de amor. Tuve muchos deseos de abrazarlo, pero me di cuenta de que lo que había sucedido era eso a lo que abuela llama ‘un verdadero instante de felicidad’. Ella siempre dice que los verdaderos instantes de felicidad no deben forzarse y mucho menos tratar de repetirlos. Que son únicos y que hay que estar muy alerta porque no son muchos. Que cuando suceden hay que aprovecharlos al máximo y disfrutarlos”.

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