El astronauta sueco Christer Fuglesang habla de su libro de ciencia y aventura para niños

Agosto 15, 2021 - 11:40 a. m. 2021-08-15 Por:
 L. C. Bermeo Gamboa, periodista de Gaceta
Christer Fuglesang

Christer Fuglesang viajó en dos ocasiones al espacio exterior, a bordo del transbordador Discovery. Su primer viaje fue en 2006 y el segundo en 2009, ambos a la Estación Espacial Internacional.

Foto: AFP / NASA

La Real Academia de Ciencias de Suecia se fundó en 1739, como afirma Andrea Wulf en ‘En busca de Venus’, fue “durante la llamada Era de la Libertad, cuando el poder pasó de la corona al parlamento tras la muerte del rey Carlos XII”. Desde esa época los suecos empezaron a investigar con criterios científicos el universo, buscando descifrar sus misterios. Su primer gran astrónomo fue Pehr Wilhelm Wargentin, quien creció obsesionado por las noches eternas y los soles de medianoche, característicos de los países escandinavos. De hecho, a sus 12 años Wargentin observó un eclipse que determinaría su carrera en la ciencia, llegando a ser el primer secretario de la Academia de Ciencias de su país, y luego el primer director del Observatorio de Estocolmo. Además, fue el primer astrónomo en publicar un artículo sobre las lunas de Júpiter, y sobre todo fue el impulsor de que Suecia participara durante el siglo XVIII de la primera expedición colectiva para medir la distancia entre la Tierra y el Sol, entonces logró que un colega viajara a la lejana Laponia para observar los tránsitos de Venus por el Sol, en 1761 y 1769. Actualmente, uno de los cráteres de la Luna lleva el nombre de Wargentin en su honor.

Tendrían que pasar más de dos siglos para que un Sueco, heredero de Wargentin y su fascinación por el espacio, lograra atravesar la atmósfera de la Tierra, esta vez no solo con la mirada, sino con todo su cuerpo —y una nave propulsada— para tener la oportunidad de vivir 27 días en órbita, dentro de una estación y realizar 5 caminatas espaciales. Ese hombre afortunado y valiente, es el físico y astronauta Christer Fuglesang, uno de los autores que participó en la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2021, que precisamente tiene como país invitado de honor a Suecia.

Nacido en Estocolmo hace 64 años, Fuglesang estudió Ingeniería Física en el Instituto Real de Física de Suecia, y después se doctoró en Física de Partículas. Desde 1990 empezó a trabajar en el CERN, el laboratorio de partículas más grande del mundo, ubicado en Ginebra (Suiza). Allí se encuentran el Gran Colisionador de Hadrones, con 27 kilómetros de circunferencia, y donde se comprobó la existencia del bosón de Higgs. En este lugar, nada estimulante por lo visto, se encontraba trabajando cuando se enteró de que la Agencia Espacial Europea (ESA) estaba buscando aspirantes para ser astronautas. Entonces, para 1992, cuando Fuglesang tenía 32 años, tal vez pensó que si ya había observado la materia desde niveles cuánticos, no sería demasiado aburrido observar la materia a niveles astrofísicos, algo que seguramente Wargentin habría aprobado.

De esta forma, el físico de partículas empezó su entrenamiento. Primero en Alemania, al año siguiente continuó su preparación en Rusia, en el Centro Gagarin de entrenamiento de Cosmonautas (CGEC), ubicado en la llamada Ciudad de las Estrellas, un pueblo cercano a Moscú. Para 1996 aún continuaba su aprendizaje, lo habían nombrado comandante de una nave y su objetivo era dominar todas las operaciones de desacoplamiento de la estación espacial MIR, de Rusia, su reingreso a la atmósfera y aterrizaje. Finalmente en 1998, ya en los campos de entrenamiento de la NASA acabarían las pruebas de resistencia y las simulaciones, entonces lograría ingresar a la lista de astronautas aptos para misiones espaciales. Tenía 40 años, y ahora solo debía esperar su oportunidad, aunque contaba con una ventaja. Era el único astronauta que podía ser convocado para una misión por parte de Rusia o de Estados Unidos, contaba con la autorización de ambos países.

En 2006, entre el 7 y 22 de diciembre, cerca de la mediana edad, Christer Fuglesang se convirtió en el primer astronauta sueco en viajar al espacio. Esto último puede parecer redundante, pero hay que tener en cuenta que muchos astronautas preparados como tal, nunca llegan a cruzar la atmósfera terrestre.

El astronauta había sido convocado por la NASA para ser parte de la misión STS-116, encargada de transportar el tercer segmento para la conformación en órbita de la Estación Espacial Internacional (ISS por sus siglas en inglés). Con 5 tripulantes partió en su trigésimo quinto viaje el transbordador Discovery, el vehículo espacial con más vuelos de la historia y en funciones desde 1984. En su interior, llevaban un segmento metálico de ensamblaje que pesaba dos toneladas, y medía 3,3 metros de largo, 4,4 metros de ancho y 3,2 metros de altura, además llevaban consigo a la astronauta Sunnita Williams que reemplazaría en la ISS a Thomas Reiter, quien estaba en el espacio desde julio de ese año, como parte de la misión anterior, la STS-121. En esta misión, Fuglesang tenía el cargo de especialista de misión, como enviado de la Agencia Espacial Europea, fue en esta ocasión que realizó sus primeras caminatas espaciales, revisando la instalación eléctrica de la ISS. A su regreso, dos semanas después, había hecho historia para su país y se convirtió en una celebridad nacional.

En su primera visita a Suecia después de la misión espacial, a principios del 2007, Fuglesang y su esposa Elisabeth —también ingeniera de Universidad Tecnológica Real—, fueron recibidos por el rey Carl Gustaf y la reina Silvia en el Castillo Real de Estocolmo. Igualmente, el Primer Ministro sueco Fredrik Reinfeldt, y todo su gabinete le hicieron un reconocimiento oficial.

Tres años más tarde, el astronauta sueco —ahora de 52 años— volvería al espacio en la misión STS-128 del 28 de agosto de 2009. Viajando de nuevo en el Discovery, Fuglesang estuvo 13 días, con lo que completaría un total de 27 en su carrera espacial.

una loca aventura en el espacio

‘Una loca aventura en el espacio’ (Panamericana Editorial). Traducción del sueco de Ana Luisa Valdés e ilustraciones de Álvaro Tapia.

Foto: Especial para El País

A su regreso decide dedicarse a preparar nuevos astronautas europeos en el Instituto Real de Física y continuar sus investigaciones en el CERN. Aunque no tiene 77 años como John Glenn, el astronauta más viejo que haya viajado al espacio, Fuglesang optó por permanecer en tierra... hasta el momento.

Entre sus años de trabajo en el CERN, los de preparación como astronauta, y las idas y venidas del espacio, Fuglesang tuvo a sus dos primeros hijos —Malin y Denise—, y mientras crecían una de sus costumbres era que su padre les contara historias por la noche, antes de dormir. Y sucede con frecuencia que un hombre de familia siempre termina contando historias sobre su trabajo, que este caso resultan de mucho interés, como confiesa el mismo Fuglesang, “cuando podía, mezclaba un poco de física elemental y otras cosas, a propósito, en las historias que inventaba para ellos”. Así fueron naciendo Markus y Mariana, dos hermanos, y el tío Alberto, personajes de ‘Una loca aventura en el espacio’, el libro infantil que el astronauta publicó en 2010, con enorme acogida en Suecia, y que en 2020 se tradujo al español y se publicó por primera vez en Colombia.

‘Una loca aventura en el espacio’, en edición de Panamericana Editorial, con traducción del sueco de Ana Luisa Valdés y con las ilustraciones de Álvaro Tapia, es un libro donde la fantasía infantil se desarrolla con libertad, al tiempo que es potenciada con los conocimientos científicos que el tío Alberto va explicando a sus curiosos sobrinos, durante su viaje por el espacio-tiempo. De esta forma conocerán las partículas del átomo, la relatividad del tiempo, la antimateria, así como por qué desaparecieron los dinosaurios. Desde la virtualidad, el astronauta y escritor, viajó hasta Colombia para presentar su libro en la FILBo y hablar de la infancia, ciencia y materia oscura.

Christer Fuglesang en estación espacial

Christer Fuglesang (centro), con sus compañeros de misión, al interior de la Estación Espacial Internacional, en 2006.

Foto: AFP / NASA

—¿Hubo algo en particular en su niñez o juventud que lo motivara a dedicarse a la física?

No realmente, pero siempre me gustaron las matemáticas y disfrutaba resolviendo ese tipo de problemas. Aun así, no fue hasta mi último año de secundaria que decidí que quería estudiar ingeniería en física, en vez de estudiar otra cosa.

—Su libro nació a partir de una historia que inventó para sus hijos, ¿qué tan importante cree que es la narración oral de padres a hijos?

Creo que es muy importante. Estimula sus fantasías y como padres podemos escoger qué contarles e incluir datos interesantes para su conocimiento. También ayuda a fortalecer los vínculos entre padres e hijos.

—¿Qué tan importante es aprender sobre ciencia desde la niñez para desarrollar una carrera científica a futuro? ¿Durante la suya leyó algún libro que despertara su interés en la ciencia?

No es precisamente necesario, pero el estar expuesto a ello a una edad temprana puede generar un interés para toda la vida y un deseo, o incluso un anhelo, de conocer y aprender más. No puedo decir que fue algún libro en específico el que resaltó, pero cuando era niño leí varios libros y algunos uno podría decir que fueron inicios de “ciencia ficción”. En particular muchos libros de Julio Verne. También me gustaban los libros que explicaban las cosas de manera sencilla para los niños.

—¿Qué lo motivó a dejar su trabajo con partículas atómicas en el CERN y arriesgarse a ser un astronauta?

Hacer investigación en el campo de la física fue muy divertido y emocionante ¡pero la oportunidad de ir al espacio lo era aún más! Por muchos años había estado pensando en que, si alguna vez tuviese la oportunidad de ir al espacio, tenía que aprovecharla. Pero incluso como astronauta pude continuar ejerciendo la física y la investigación.

—¿Encontró alguna relación entre observar partículas en el CERN y ver la Tierra desde una estación espacial?

Ambas son la exploración de nuevas fronteras. En el CERN de física fundamental, en el ISS cómo los humanos podemos aprender a vivir y expandirnos en el espacio. Y una más directa: muchas de las partículas en el espacio (radiación) son las mismas usadas en el CERN y pueden ser observadas por los astronautas cuando su luz destella en sus ojos, por lo general estando en cama justo antes de dormir. De hecho, hice algunas investigaciones sobre este fenómeno.

—¿Qué lecciones de vida aprendió después de pasar 27 días en el espacio? ¿Alguna vez sintió miedo?

A estar bien preparado y tener un buen equipo de trabajo, y que la mayoría de los problemas pueden ser resueltos y superados. Pero también que la Tierra no es tan grande, en realidad es la pequeña nave espacial de la humanidad en la inmensidad del Universo, y es mejor que la cuidemos. Así como somos de cuidadosos con los sistemas de vida en la nave espacial que usamos. Desde el espacio no se ven fronteras entre países (excepto unas cuantas muy marcadas, como la de Norte y Sur Corea durante la noche) y te das cuenta de que toda la Tierra tiene que trabajar junta, así como nosotros lo hicimos en la ISS.

Realmente nunca me sentí asustado. Un poco emocionado, de seguro. Sobre todo, cuando salí a mi primera caminata espacial.

—¿Se debe tener alguna cualidad o habilidad específica para ser astronauta? ¿Puede cualquiera convertirse en uno, o qué hace falta para ello?

Debes ser capaz de aprender muchas cosas, tanto teóricas como prácticas, considerablemente rápido. Hay mucho para lo cual prepararse antes de un vuelo espacial. Ser sociable y un buen compañero de equipo. Tener un buen estado físico (pero no necesariamente hay que ser un atleta) y estar saludable. ¡Y finalmente, tener suerte! Estar en el lugar indicado en el momento indicado. No cualquiera puede ser un astronauta, principalmente porque hay muy pocas oportunidades, pero mucha gente podría serlo en principio y muchas podrían ir al espacio, si alguna vez existe la posibilidad. En el futuro habrá más y más oportunidades, pero aun así solo habrá un número limitado de astronautas (que para mi mente son las personas contratadas para trabajar en el espacio).

Si quieres ser un astronauta, estudia ingeniería, ciencias naturales o medicina en la universidad. Y trata de hacer algo extracurricular (obtener una licencia de vuelo, escalada de montaña, obtener una licencia de conducción…). ¡Se sociable, involúcrate en distintas actividades, y mantente saludable!

—¿Qué opina de los viajes espaciales comerciales que millonarios como Richard Branson y Jeff Bezos han hecho?

¡Es maravilloso! Les dará a muchas más personas la oportunidad de vivir la extraordinaria experiencia de estar en el espacio y ver nuestro planeta desde arriba. Por supuesto, es costoso en este momento, pero los precios bajarán. Pero, aún más importante, se desarrollarán nuevas tecnologías y esto creará competencia, lo cual bajará aún más los costos de enviar personas al espacio y aumentará las actividades espaciales en general. En este contexto cabe mencionar que Elon Musk ha sido uno de los mayores contribuyentes para esto. Estas actividades son necesarias para aumentar la presencia humana en el espacio.

—Para usted, ¿qué tan importante es que haya libros de ciencia para niños?

Creo que es muy importante. ¡Hace que los niños sientan curiosidad! También creo que incluso los niños pequeños pueden entender (a su manera) física básica (y otras ciencias). Entender, es de cierta manera aceptar. Si recibes una explicación que (mentalmente) puedes aceptar, entonces habrás “entendido”.

—¿Qué tips puede compartir para aquellos que quieren escribir historias de ciencia para niños?

¡Esa es una pregunta difícil! Yo no he guiado mis libros con normas o consejos específicos. Pero intentaré responder:

1. Se puede mezclar la fantasía con la vida real, pero es importante resaltar lo que es solo fantasía.
2. Escribe personajes con los que los niños puedan sentirse identificados.
3. Incluye en el texto breves explicaciones de hechos o términos científicos (pueden ser sobre eventos históricos o personajes de interés).
4. Incluir buenas imágenes o ilustraciones es muy importante (tuve suerte de que mi editor en Suecia encontrara a un muy buen artista).
5. Diviértete mientras creas tu historia, trata de que sea tanto emocionante como divertida.

—¿Qué piensa del prejuicio de que a los niños no se les puede hablar de ciencia por que no podrán entenderlo o se confundirán?

En parte creo que el prejuicio viene de adultos que no logran entender conceptos no-intuitivos (relatividad, mecánica cuántica…) y que por ello asumen que para los niños será aún más difícil. Pero creo que en algunos casos puede ser lo contrario, porque los niños tienen mentes más abiertas, y menos prejuicios.

—¿Considera que su libro no es solo para niños, es decir, que los adultos también pueden aprender y despertar su curiosidad por la ciencia?

¡Sí! En particular mi cuarto libro ‘El agujero negro’, donde intento crear un poco de entendimiento sobre el concepto de mecánica cuántica.

—Para usted, ¿cuál es el descubrimiento astrofísico más importante de los últimos años, y cuál es el más grande misterio del Universo que se esté investigando?

El descubrimiento reciente más grande ha sido la detección de ondas gravitacionales en el 2015, predichas por Albert Einstein hace 99 años.
Existen muchos grandes misterios y muchas ciencias que más o menos están intentando resolverlos. Yo tengo tres en particular:

1. La materia oscura: de toda la materia en el Universo, solo el 15% está hecha de cosas que conocemos (protones, neutrones, electrones, neutrinos). ¿Qué es lo demás?
2. La energía oscura: la tasa de expansión del Universo está aumentando y no sabemos por qué, pero le llamamos energía oscura a lo que sea que esté detrás de esto, y que domina a toda la energía en el Universo.
3. El origen de la vida: ¿cómo inició y dónde en el Universo podemos encontrar más?

—¿Qué piensa de que su libro esté disponible por primera vez para lectores hispanohablantes, y que se puede compartir con los niños colombianos?

¡Estoy muy emocionado y contento por ello! Especialmente, porque tengo lazos familiares con Colombia desde hace algunos años. Mi segunda hija, Denise, está casada con Víctor que nació en Colombia y cuya familia materna aún vive allá (su padre era sueco).

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