Crítica: 'La espía roja', el pasado nunca muere

Crítica: 'La espía roja', el pasado nunca muere

Mayo 12, 2019 - 08:25 a.m. Por:
Claudia Rojas Arbeláez / Especial para Gaceta
La espía Roja

'La espía roja' es interpretada por Judi Dench.

Especial para El País

Como si fuera la escena climática de una película de espías, una mañana de septiembre del año 1999 una venerable anciana británica de 87 años fue detenida por la policía. Los cargos que se le impugnaban están relacionados con delitos cometidos muchos años atrás, de hecho en su juventud.

El problema fue que el delito se extendió, por 40 años para ser exactos y ella siguió con su vida como si nada. Después de todo no había culpa sino una profunda convicción.

Entonces todo esto de detener a una anciana que nunca dio de qué hablar en su vecindario, parecía ser producto de una broma o, peor aún, de un error, pero no fue así. En realidad aquella mujer que tenía por nombre Melita Norwood, pese a su condición y género filtró información confidencial a los soviéticos mientras se desempeñaba como una secretaria.

La interesante y casi inverosímil anécdota se convirtió en el centro de las miradas de muchos, y claro, también de quienes hacen películas. Ahora, veinte años después, la historia sirve de inspiración para una producción llamada ‘La espía roja’(Red Joan, en su título original).

La trama que podemos ver en pantallas dista de la real en algunos detalles, de hecho se nos presenta como una mujer que durante su juventud trabajaba como física con un grupo de científicos que hacían experimentos que, a la postre, llevaría a Inglaterra a encontrar la ruta más certera en la carrera armamentista y nuclear. Y allí es donde la película se torna interesante y se inscribe de lleno en un género marcado por el glamour y la tensión, pero que aquí luce cotidiano y poco peligroso.

Esta ruptura del paradigma es muy interesante, sin embargo se vuelve repetida, más allá del prolongado recurso del sostenido flash back, en una historia romántica que pretende venderse como relevante pero que carece de todos sus elementos.

Pero así y todo, hemos de decir que ‘La espía roja’ se deja ver y mantiene el interés que se despierta desde aquella primera secuencia: la detención de la anciana Joan Stanley mientras cuida las plantas de su jardín. Esta bibliotecaria jubilada es viuda y tiene un hijo, abogado, que no entiende de qué se trata todo ese escándalo que ha resultado envuelta su madre.

La mujer en cambio parece no sorprenderse.

Pese a su vida de abuela querendona que llena las horas del día pintando acuarelas, entiende su detención como algo que se veía venir. Por eso no hay escándalos ni secretos. Ella está dispuesta a decir cuanto sabe e hizo, pero sobre todo está decidida a demostrar que todo aquello fue producto de una profunda convicción ideológica y ante todo pacifista.

Quienes la investigan intentan descubrir sus filiaciones políticas y entender a ciencia cierta cuales fueron los motivos que la llevaron a entregar fotografías y planos de los adelantos científicos de los ingleses a los rusos, desde los días de la posguerra y durante cuatro décadas más.
A partir de ese momento, la película se desarrolla en medio de un interrogatorio en el que la anciana revela detalles de su juventud.

Su auténtico interés por el socialismo la llevó a coincidir con un grupo de jóvenes como ella y a sostener una tormentosa relación sentimental con uno de sus lideres. Este romance sellaría su destino y marcaría su participación en una organización a la que nunca se propuso pertenecer.
A medida que avanzan los interrogatorios, el pasado se revela con una exquisita dirección de arte, mostrándonos de manera bastante facilona es verdad, aquellos puntos trascendentales que los investigadores consideran definitivos para probar su culpabilidad. No pasa así con el presente, donde la anciana tiene que lidiar las recriminaciones a manera de berrinche que le hace su hijo, y que parecen más sacada de una escena de televisión que de una trama de este estilo.

‘La espía roja’ está dirigida por Trevor Nunn, director de teatro que ha tenido una discreto paso por el cine y un poco más en la televisión y está protagonizada por Judi Dench, a quien reconocemos por actuar, paradójicamente, como “M” en la saga de James Bond.

Esta vez Dench está del lado de los chicos malos, pero qué bien lo hace.
Al final la moraleja está en que no se deben juzgar los acontecimientos del pasado desde la perspectiva del presente y así la película deja su mensaje en voz de su protagonista que expresa a los medios que lo que hizo no fue en contra de su país sino a favor de sus convicciones ideológicas. @kayarojas

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