Colombia narrada desde la Literatura Infantil y Juvenil, dos autores recomendados

Junio 03, 2022 - 04:17 p. m. 2022-06-03 Por:
 Jahir Camilo Cediel Rincón, especial para Gaceta
obras de Gerardo Meneses y Carlos Vásquez-Zawadzki

En las obras de Gerardo Meneses y Carlos Vásquez-Zawadzki se manifiesta la diversidad de los territorios colombianos, donde personajes como un mago o un contador de historias se apropian de la cultura y la historia del país y, sin perder su capacidad fantástica, pueden evocar nuevos mundos y otros futuros posibles.

Foto: Especial para Gaceta

El pasado 23 de abril de 2022 en el marco de la Feria Internacional del Libro de Bogotá se celebró la charla titulada ‘Colombia en la LIJ: Paisajes y territorios en los libros para niños y jóvenes’. Un evento que reunió a los autores Gerardo Meneses y Carlos Vásquez-Zawadzki, en la moderación de Janeth Chaparro. Se habló en torno al modo en que su visión del mundo y sus obras, ‘El último viaje de Bashir’ y ‘Mi amigo el griot, contador de historias’, respectivamente, pueden ayudar a entender a Colombia como un territorio lleno de magia que evade, o que socava de forma ficcional, la vehemente violencia a la que nos hemos venido enfrentando desde tiempos donde la memoria se hace inasible.

Todo parte del mundo de los niños y jóvenes, de su modo de ver las palabras y las cosas, del acontecimiento de su inocencia e infinita imaginación. ¿Qué sería del mundo sin una temprana ilusión y esperanza?, ¿sin un niño o joven que crea en la fantasía como territorio del cambio social?, ¿sin la literatura que nos haga sentir representados? Los invitados presentaron un profundo respeto por el universo de la infancia y un enorme interés sobre Colombia, sus historias y particularidades sociales, de modo que estas obras son bellas narraciones que parten de la realidad que se investiga y se exalta en los alcances de la ficción.

‘El último viaje de Bashir’ y ‘Mi amigo el griot, contador de historias’, nacen de lo local, del nicho común, del hogar que al contarse se vuelve universal. Pitalito, Huila, es el nicho de Gerardo Meneses. Sus años infantiles influidos por el itinerante circo y un mago enigmático fueron los que se deslizaron en la novela de Bashir por medio del recuerdo evocado con el candil de la memoria y la admiración por la historia, y una muy personal. El mago de la infancia de Meneses amainó una gran tormenta con el ademán alado de su capa y todos los niños lo creyeron, él incluido. Siendo un adulto ahora sabe la responsabilidad que esto conlleva, y qué importante y difícil debe ser saber que un niño nos cree en todo. Esta confianza en la infancia me hace pensar en que un libro no es por sí mismo, es también una gran construcción colectiva, lo que aviva su fuerte sentido social en el mundo.

Los terrenos maravillosos de la fantasía no se enclaustran en inmensas e inaccesibles torres de piedra, no, se encuentran aquí entre nosotros, invisibles hasta que los resaltamos por el uso de las palabras y la garantía de nuestra imaginación.

Carlos Vásquez-Zawadzki rescata lo fantástico en la cotidianidad del Pacífico colombiano, porque pareciera que este va aislándose cada vez más hasta convertirse en una suerte de leyenda o mito de nuestra historia nacional. ‘Mi amigo el griot, contador de historias’, proviene del litoral Pacífico, Tumaco, Nariño, el hogar de Vásquez- Zawadzki, donde la tradición africana conllevó a la creación de Griot, que en bereber significa contador de historias, consejero de los príncipes. Este hombre consejero, pero sobre todo contador, era un conocedor del mundo, el único que podía traducir lo que ocurría, efímero e irrepetible, en palabras que le dieran un sentido al caos; un traductor, pero también una intersección necesaria para el mundo de la vida, ¿qué sería de nosotros sin las historias y de la facultad de poder narrar y ser narrados? El autor recuerda que las palabras son vehículos de lo sensitivo, ‘Mi amigo el griot, contador de historias’ es más que un conjunto de palabras, es una experiencia que se funde con nuestros sentidos, nuestra mente y nuestro corazón.

Queda una invitación permanente a volver sobre la Literatura Infantil y Juvenil (LIJ), un retorno a nosotros mismos, a vivir lo que somos en nuestra primera y fundamental esencia. A considerar la importancia de los niños para la sociedad actual y futura, ya que sus mundos posibles, los de los libros y los suyos propios, merecen todo el respeto y atención necesarios. Un buen libro puede tener la capacidad de volver a un niño un asiduo lector, tanto como alejarlo completamente del mismo en el caso contrario. Creo firmemente en que leer es la respuesta y que la lectura tiene la mayor importancia para quien apenas está viviendo, acostumbrándose a un mundo difícil pero a la vez maravilloso, donde poder existir es toda una sorpresa del tiempo.

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