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 Así se editó 'Vindictas', el libro que rescata la obra de cuentistas latinoamericanas

Marzo 14, 2021 - 12:06 p. m. 2021-03-14 Por:
 Pablo Concha, especial para Gaceta
Socorro Venegas y Juan Casamayor

Socorro Venegas y Juan Casamayor son los editores de esta antología publicada por Páginas de Espuma.

Foto: Especial para Gaceta

Lo afirma Jorge Volpi en la contratapa del libro: “Quizás algunos de los grandes cuentos escritos en nuestro idioma no son los que creíamos. Hay ausencias injustificables. Piezas maestras enterradas por el desdén o la desidia o el machismo”. El escritor mexicano, autor de ‘El juego del Apocalipsis’, ‘Días de ira’ y ‘Una novela criminal’, no podría tener más razón acerca de ‘Vindictas: cuentistas latinoamericanas’.

La antología ‘Vindictas’ se origina en el corazón de un proyecto de difusión de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) para revisar el canon literario del siglo XX y poner en circulación novelas escritas en español por mujeres que no se hubieran editado al menos desde hace veinte años. Obras importantes que debido a “una visión machista de la literatura” y a “un canon sujeto a un espacio heteropatriarcal blanco, que fundamenta una mirada de leer excluyente y, por tanto, crea una invisibilidad” no tuvieron la difusión que merecían y que debieron tener en su momento.

La presente obra es una co-edición entre la UNAM y la editorial independiente española Páginas de Espuma, a cargo de Juan Casamayor y la escritora mexicana Socorro Venegas, autora entre otros títulos de ‘La memoria donde ardía’ (2019), ‘Vestido de novia’ (2014) y ‘Todas las islas’ (2002), y acompañado de las ilustraciones de Jimena Estibaliz.
Lo que Vindictas busca es “vengar y castigar modelos que marginan” y “proteger y entregar a los lectores y las lectoras nueva luz. Luz vindicta”. La presente antología tiene veinte cuentos y veinte escritoras, una por cada país de América Latina y España, y lo que pretende es desestabilizar la historia literaria y repensar el canon que nos han vendido, el cual carece de las voces y miradas de estas autoras y por lo tanto es incompleto, sesgado y prejuicioso.

En ‘Vindictas: cuentistas latinoamericanas’ encontramos relatos como ‘Reunión’ de Gilda Holst (Ecuador) en donde el sexo de una mujer despide un olor particularmente intenso que la avergüenza y no sabe cómo ocultar, o ‘Barlovento’ de Marvel Moreno (Colombia) en donde la desaparición del cadáver de una abuela lleva a su nieta a descubrir una extraña alianza ancestral que también la afecta. ‘Desaparecida’ de Ivonne Recinos Aquino (Guatemala), un cuento extraño, poético y fantasmal, ejemplo de lo magistral que puede ser un relato breve. ‘Cómplices de extraños juegos’ de María Luisa de Luján Campos (Argentina), un cuento aterrador, donde la extrañeza e incomprensión de lo que sucede crece con cada línea de la narración (ideal para los lectores que disfrutan de las historias de Samantha Schweblin y Mariana Enriquez. ‘El occiso’ de María Virginia Estenssoro (Bolivia), una obra maestra por donde se la mire, que hipnotiza y deja al lector con ganas de salir corriendo a buscar el libro, el cual fue el único publicado en vida por la autora y el responsable de un verdadero escándalo en la sociedad boliviana en los años 30. Y hay más, muchas más historias fascinantes en ‘Vindictas’, veinte cuentos que parecen muchos pero que al final son pocos.

A continuación una charla con los editores de esta antología:

Vindictas

Gracias al encuentro entre escritoras de distintas generaciones se recuperan en 'Vindictas' veinte voces de distintos países de Latinoamérica que habían sido desplazadas por el canon literario.

Foto: Especial para Gaceta

—¿Cómo se seleccionaron las veinte autoras incluidas en este libro? ¿Cuáles fueron los parámetros para su escogencia?

La colección Vindictas de la UNAM parte de una voluntad muy clara de comunicación intergeneracional entre creadoras. En este sentido, nuestro proyecto partió de una red de escritoras y académicas jóvenes que nos puso sobre la pista de cuentos, obras y escritoras. Escritoras exhumando escritoras, como lo definió la autora ecuatoriana María Fernanda Ampuero. A partir de ahí comenzó nuestra labor de lectura, debate y selección apasionante que fue cumpliendo unos criterios objetivos previos –una escritora vindicta por país con una obra destacable en el género del cuento– y, sobre todo, enriqueciendo nuestra propuesta con una calidad indudable.

—En el prólogo del libro dicen que los lectores se han perdido, que el canon establecido que hemos leído es “excluyente, fomentado por un conjunto heteropatriarcal blanco que fundamenta una invisibilidad”. ¿Cuál debería ser entonces ese nuevo canon? ¿Qué se necesita para que sea aceptado y difundido?

No se trata tanto de sustituir el canon como de extender los límites y ampliar los nombres y las obras del existente. No es posible construir un modelo para los lectores a partir de un canon que de un modo crónico y tenaz da la espalda a la mitad de la creación. Ciertamente era llamativo (cuando no vergonzoso) que nuestras opciones de lectura fueran excepcionales cuando se trataba de escritoras. Es un problema presente que se arrastra desde el pasado y que debemos prevenir para que no se repita en un futuro próximo. Para ello publicar libros no es suficiente: hay que establecer políticas y metodologías que tengan presente estas miradas que siempre han estado y están ahí: en planes académicos de estudio, en programas de ferias y festivales literarios, en catálogos de editoriales y bibliotecas, en los espacios de la crítica y la librería y un largo etcétera.

—En otra parte del prólogo, dicen que “venimos de una falta de profundidad lectora temible”. ¿Podría decirse que los lectores también somos responsables de la perpetuación de este canon literario sesgado?

Los lectores acceden a un corpus lector esculpido por distintos interlocutores. La suma de una dolorosa falta de esfuerzo, rigor, equidad y sensibilidad ha hecho que se produzca una fractura en qué puede leerse y que no, qué es canon y qué no. Es el momento ahora de corregir esas decisiones que han producido graves ausencias y carencias en los lectores. En el viaje que ha sido editar ‘Vindictas’ hemos tenido dos sensaciones: el placer del hallazgo, pero también la rabia de no haber podido leer algunos textos mucho antes, tal vez en una etapa de formación sentimental e intelectual que tan profundamente nos modela.

—“Una antología es una historia de ausencias”, dicen en algún momento. ¿Podría decirse que hay ausencias también en ‘Vindictas’? ¿Qué otras tantas autoras puede haber ahí afuera que ni siquiera las corresponsales académicas que colaboraron con ustedes en este proyecto conocen o han leído?

A medida que avanzamos en la edición de ‘Vindictas’ fuimos conscientes de que no era una antología. Se trata de una propuesta abierta, de una puerta abierta también a través de la cual entra luz vindicta que, ojalá, vaya de mano en mano. Si leemos ‘Vindictas’ a priori como una lista cerrada estaremos cometiendo un error: la amplitud geográfica, cronológica y literaria obliga a pensar su lectura como una invitación para profundizar en otras latitudes, otras escritoras, otras literaturas.

—Esta exclusión sistemática de las escritoras a lo largo del tiempo, ¿es sólo una cuestión de machismo? ¿O hay algo más detrás?

Un canon literario es hijo de su tiempo y de su sociedad. La sociedad ha estado marcada todo el siglo XX por un heteropatriarcado que se ha permeado en diferentes órdenes de nuestra vida. La presencia de escritoras no podía escapar al machismo inherente en nuestra cultura. ¿Algo detrás? Más que especular podemos ir a los hechos: ¿cómo se explica que durante toda una segunda mitad del siglo XX decenas y decenas de antologías de cuentos, independientemente de su origen, siempre excluyeran o minimizaran hasta extremos sonrojantes la inclusión de escritoras? La realidad se define por sí sola.

—Puede existir un problema con la antología ‘Vindictas’ y es que los lectores que queden enganchados con algún relato o con el estilo de alguna escritora quizá no lo tengan tan fácil a la hora de encontrar más material de estas autoras. ¿Qué hacer en ese caso? ¿Qué les podrían aconsejar a esos lectores que queden con ganas de más?

No creemos que sea un problema. Todo lo contrario. Esa situación es síntoma de que ‘Vindictas’ ha cumplido su función. En su espíritu se halla estimular la curiosidad y la sensibilidad de modo que se genere paulatinamente una demanda de recuperación de obras y escritoras, de títulos descatalogados, de sumar alternativas literarias. Si este es el deseo de los lectores, estaremos ante un primer paso indispensable y necesario hacia la normalización y la visibilidad que saque toda esta creación de librerías de segunda mano o bibliotecas recónditas.

—Algunos cuentos poseen algún elemento fantástico en la historia o bordean ese género de manera indirecta; me refiero a relatos como ‘El occiso’, ‘Cómplices de extraños juegos’, Barlovento’. ¿Es posible que una escritora que se mueva en esos campos de la literatura de género fantástico, ya marginales de por sí, pueda ser, o haya sido, aún más invisibilizada?

Ser escritora. Ser cuentista. Ser creadoras de mundos insólitos. Es una ecuación que acentúa esa invisibilidad, sin duda. Sin embargo, pese a una estética o un género determinados no estamos hablando de escritoras marginales. En su vida todas ellas poseían una sólida trayectoria intelectual y literaria, participaban en círculos literarios y compartían su escritura con otras disciplinas como el arte, el cine, la diplomacia o la universidad.

—Gran parte de las escritoras que aparecen en ‘Vindictas’ ya fallecieron, muchas sin lograr el reconocimiento que merecían mientras estaban vivas. ¿Qué es más grave: que no hayan podido ver el impacto de sus letras, o que las hayan silenciado sus propios congéneres?

No es una disyuntiva: el silencio y la invisibilización es la raíz; la falta de reconocimiento, la consecuencia. La existencia de esa relación causa/efecto es lo grave. Hay que romper esos eslabones. Lo más grave es que ni siquiera es un olvido: para olvidar hay que tener al menos un recuerdo y ni siquiera esta es la situación de algunas obras, de algunas escritoras.

—Páginas de Espuma es de las pocas editoriales interesadas en rescatar estas escritoras y darlas a conocer al gran público. No solo con la actual ‘Vindictas’, sino también con libros como ‘Insólitas: Narradoras de lo fantástico en Latinoamérica y España’, publicado en 2019. ¿Qué otras antologías de este tipo están en camino, o qué pueden contarnos sobre futuros proyectos?

Estoy seguro de que podrán venir otros proyectos similares. Junto a ellos, la sistemática edición de libros de escritoras de aquí y ahora con el fin de que en el futuro no necesitamos hacer antologías para reivindicar una literatura que nunca debió oscurecerse.

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