Mirar al Peñón

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Mirar al Peñón

Agosto 22, 2018 - 11:50 p.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Ha pasado más de un año y el barrio El Peñón continúa enfrentado a la tristeza de ver el viejo claustro de la Sagrada Familia en medio de un debate urbanístico y arquitectónico que no le trae ningún beneficio a la ciudad.

La paralización de la obra que ahí se planeó ha debido darse al inicio de la intervención que convierte al viejo colegio en centro comercial y hotel. No hoy, cuando buena parte de los trabajos han sido adelantados, y la comunidad se enfrenta al dilema de no saber exactamente hacia dónde va el proyecto; si hacia la utópica recuperación de lo que fue el claustro, o hacia la ruina total.

Creo, la Alcaldía debe tomar atención inmediata ahí, donde se pierden diariamente 800 empleos y la posibilidad de tener, además de un espacio comercial de primer nivel, cine, ópera, museos virtuales, oferta gastronómica en un patio de gran belleza.

El proyecto inicial tuvo un cálculo de inversión de $70 mil millones, con la unión de Jero SAS, Helm y Corpobanca, además de inversores independientes.

Como habitante de El Peñón, también fui presa del encantamiento de vivir cerca de un parque idílico donde cada noche perros y humanos se confiesan cuitas de amor. Vi ahí un aire del pasado y me solacé en sus casas antañonas con antejardines ingleses.

Sólo que en veinte años el POT del barrio cambió sustancialmente, como en Granada. Su destino derivó hacia un perfil comercial, donde es posible encontrar muy buenos restaurantes, bares, cafés y heladerías. Remozar y adaptar a los nuevos tiempos La Sagrada Familia, estaba en armonía con ese movimiento.

El historiador Carlos Mercado Mercado anota: “El barrio El Peñón fue uno de los primeros en gozar del agua purísima del acueducto de San Antonio en 1915. El Peñón era también el legendario Charco del Burro, donde está hoy La Tertulia. Ahí, en esa explanada del frente estuvo ‘El Foli’, una pista de baile donde los caleños concurrían a bailar melodías como ‘El puñal sevillano’, ‘Palmeras’, ‘Ladrillo está en la cárcel’ y ‘Damisela encantadora’, entre otras…”

El charco fue llamado así porque ahí pastaban los burros que empleaban para cargar adobe desde el punto llamado Buenos Aires, en Las Tres Cruces. Más arriba, existió otro charco: el de la Burra.

El barrio tuvo también tintes paisajísticos dignos del Siglo de Oro; los novicios de la comunidad franciscana dejaban ver discretamente sus coronillas, cuando venían al atardecer a nadar en el llamado Remanso de los Pedrones, un ojo de agua envidiable donde estuvo el primer acueducto colonial de Cali, el cual fue construido con ladrillo, cal viva, yemas de huevo y sangre de reses.

Pedrones y El Burro tenían gran profundidad y fueron por mucho tiempo el balneario público de los caleños a comienzos del Siglo XX. Por ahí concurrían expertos nadadores como Blas Scarpetta, Vicente García Córdoba, los Troncoso, Panesso, Castillo y Arboleda “que se lanzaban desde la Casa de los Alemanes”.

En 1915 Clímaco y Ulpiano Lloreda fueron los primeros dueños de lo que es hoy El Peñón. Lotes para urbanizar fueron comprados por el Capitán Gustavo Gómez y Vicente García Córdoba. Con el nacimiento del colegio de La Sagrada Familia, regentado por las Madres de la Providencia, se creó también “El Amparo”, institución para educar niñas de bajos recursos. Carlos Mercado dice que entre los primeros pobladores de El Peñón estaban las familias Ocampo, Rodríguez, Quintero, Goehta, el padre Zabulón Hoyos, Paulino y Paulinito Gamboa.

En el último comunicado a la opinión pública, el gerente de la firma constructora encargada del viejo colegio La Sagrada Familia, Jerónimo Jiménez, dice: “Hemos cumplido a cabalidad con la recuperación y restauración del patrimonio arquitectónico. Agradecemos a la comunidad de El Peñón, vecinos del proyecto, empresas vinculadas e inversionistas, por su apoyo y solidaridad”.

Sigue en Twitter @cabomarzo

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