Opinión: El M-19 y la paz pactada

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Opinión: El M-19 y la paz pactada

Marzo 09, 2020 - 11:41 a. m. Por:
Diego Arias, especial para El País
M-19

El 9 de marzo de 1990 se firmó el acuerdo de paz entre el Gobierno colombiano y el M-19.

Agencia EFE

Hace 30 años, el 9 de marzo de 1990, se firmó el primer acuerdo de paz contemporáneo en Colombia. Ese día, en lo alto de las montañas del Cauca, Carlos Pizarro, máximo comandante del Movimiento 19 de Abril (M-19) dio una orden sin atenuantes: “¡Combatientes: dejad las armas!”.

En los cuatro años que siguieron se firmaron también acuerdos de paz con el Ejército Popular de Liberación (EPL), el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), el Movimiento Armado Indígena Quintín Lame, la Corriente de Renovación Socialista (CRS) y un importante sector del Ejército de Liberación Nacional (ELN). También se firmaron acuerdos de paz con un grupo de las Autodefensas de Puerto Boyacá y con un par de organizaciones milicianas. En total, más de 5000 guerrilleros y cerca de 1000 miembros de otros grupos armados dejaron sus armas y se incorporaron a la vida civil y la política legal.

El M-19 dio ese paso audaz hacia la paz en momentos en que la sola idea de poder hablar de una negociación política era algo considerado entre las guerrillas y el movimiento revolucionario más extremo y ortodoxo como la máxima traición a los ideales revolucionarios. Por entonces, desde esa misma perspectiva, hablar de paz y de democracia era propio de una ideología burguesa y “reformista”.

Recuerdo que estando yo en El Salvador como parte de la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (Fmln), en las horas previas al ataque a San Salvador y a 5 capitales departamentales, un comandante de esa guerrilla arengó a la tropa diciendo que jamás verían al Fmln haciendo lo que en ese momento (a finales de 1989) el M-19 estaba gestando en Colombia, es decir, sentarse a negociar la paz con el adversario. Luego reiteró que la única consigna era “vencer o morir”.

Mas tarde, luego de un balance agridulce de aquella ofensiva militar, la guerrilla salvadoreña inició conversaciones que terminaron en un tratado de paz en 1992 (Acuerdo de Chapultepec). De manera que el M-19 no estaba equivocado en el camino que por primera vez se recorría en Latinoamérica y que luego las Farc también asumieron y ojalá también, en un futuro cercano, lo haga el ELN.

Esa paz de los años 90 contó con un inmenso apoyo público, algo que siempre seguirá siendo necesario para que esta tenga nuevos desarrollos y sea sustentable. Y fue el contexto en el que la guerrilla, ya sin armas, intervino con éxito en la configuración y desarrollo de una coyuntura histórica y crucial: la Asamblea Nacional Constituyente de 1991.

Sin embargo, después, no todos los alzados en armas siguieron caminos similares y en los años siguientes hubo un escalamiento del conflicto en el país. De alguna manera la Constitución de 1991 fue un tratado de paz, pero fue diciente que al mismo tiempo de ser suscrita se tomara la decisión del bombardeo a “Casa Verde”, sede del secretariado de las Farc. Resultó también desafortunado que esa misma constitución, pese a sus significativos avances, no haya logrado aun que tengamos una democracia más profunda y una paz consolidada.

La del M19 fue una decisión valiente y coherente. Y sin duda, la paz pactada sigue siendo la mejor de las paces posibles.

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