La eterna espera de más de 3.600 colombianos que desean volver al país por crisis de Covid-19

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La eterna espera de más de 3.600 colombianos que desean volver al país por crisis de Covid-19

Mayo 03, 2020 - 11:55 p. m. Por:
Redacción de El País

Andrés y Lina tenían presupuestado seguir su travesía por países como Myanmar, Laos, Singapur, Canadá, México y por último, a finales de año, llegar a Colombia. Hoy quieren retornar a Palmira.

Especial para El País

Hoy, quizá más que nunca, todo es incierto. Un apretón de manos, un abrazo, la cercanía, un beso, ir a un gimnasio, el baile, ir de compras, el regreso a casa.

Esa incertidumbre es la que invade con mayor ahínco, según cifras de la Cancillería, a más de 3.600 colombianos que están fuera del país y que intentan retornar a sus casas en Cali, Medellín, Bogotá, Cartagena, Barranquilla, Armenia, Villavicencio...


Unos salieron por trabajo, otros por estudio, unos cuantos por cumplir sueños, otros más porque viajar les llena el alma. La mayoría pensaba estar de vuelta antes del fin de marzo, pero hoy completan más de dos meses en tierras lejanas.

Aquí dejaron hijos, esposas, esposos, papás, mamás, trabajos, deudas, casas. Por eso hoy, quizá más que nunca, se aferran a las pantallas de computadores y celulares para tratar de encontrar un cupo en los vuelos que cada semana traen de vuelta grupos de colombianos.

La mayoría, según los registros del Ministerio de Relaciones Exteriores, se encuentran en países de América Latina. Sin embargo, también hay casos en Australia, países de Europa y Asia.

Según la canciller, Claudia Blum, hasta el momento, el Gobierno ha logrado gestionar veinte vuelos de carácter humanitario con los que se ha logrado el retorno de 1910 connacionales al país desde el 23 de marzo, cuando se restringió la llegada de vuelos comerciales internacionales.

Uno de los más recientes fue el regreso de 153 colombianos que estaban ‘varados’ en Francia por las medidas de restricción derivadas del Covid-19. Estos ciudadanos habían pedido ayuda consular argumentando que se encontraban en ese territorio de manera temporal.

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Sin embargo, desde la Cancillería se precisa que, del total de los vuelos que se han gestionado hasta la fecha, solo uno ha sido humanitario: el proveniente de Wuhan, China, a finales de febrero. Entonces, trece colombianos llegaron huyendo del epicentro de la pandemia por coronavirus, a costo cero.

Los restantes diecinueve vuelos han sido de “carácter humanitario”, es decir que, pese a que el Gobierno colombiano hace el trámite y coordina con las aerolíneas comerciales las rutas y personas a repatriar, son los ciudadanos quienes han asumido el costo del tiquete aéreo de traslado. Un tecnicismo de, mínimo, 220 dólares, dependiendo dónde esté la persona que quiera retornar.

El viaje, no obstante, suele truncarse para muchos colombianos que hoy carecen de dinero para comer siquiera tres veces al día. ¿Cómo se espera el milagro de volver a casa?

Atrapadas en India

La que era una aventura de nueve días por India se convirtió en un encierro que supera los cuarenta días. Desde un apartamento que paga por semanas en Nueva Delhi, Olga Lucía Claros explica que la travesía inició el 8 de marzo, cuando llegó al segundo país más poblado del mundo junto a su madre, María Soelia Giraldo; su hermana, Luz Myriam Claros; y su hija, Isabella Peña. En su estadía, estas mujeres ya han conocido tres hoteles, un apartamento y más de 130 colombianos que también están ‘varados’ en este país asiático. Todos están sanos.

La plata para sobrevivir ya se está acabando, comenta Olga. Es por eso que al día estas caleñas solo alcanzan a ver dos comidas.

La distancia tampoco ha sido fácil para Isabella, quien tiene 15 años y cursa noveno grado en el Liceo Francés. La diferencia de 10,3 horas entre Cali y Nueva Dehli termina volviendo un juego de azar sus clases virtuales.

Olga y los restantes viajeros llevan tres semanas tras la Cancillería buscando un posible regreso. “Nos dijeron que están organizando un vuelo, pero no han dado fecha. El vuelo del que hablan no es tan humanitario, porque nos van a cobrar, en promedio, 2500 dólares por persona. A nosotras cuatro nos costaría $50 millones volver, y no los tenemos”, dice Olga.

A huir de México

María Camila Acosta es una estudiante de Derecho de la Universidad Santiago de Cali que este año llegó a Ciudad de México a realizar un intercambio académico, pero ha pasado las últimas cuatro semanas aislada en la residencia en la que vive. Solo sale a retirar dinero que le giran sus padres y a comprar víveres. ”Ahora lo duro no es solo la distancia y estar encerrada, sino que las cosas han subido mucho de precio; ya no se gasta lo mismo, la plata no rinde”, comenta la estudiante, quien teme sufrir un contagio de Covid-19, debido a la falta de medidas sanitarias en ese país y la alta exposición a la enfermedad en sitios públicos.

Hoy recibe clases virtuales desde su habitación. Como ella hay otros 359 estudiantes colombianos que se encuentran de intercambio en tierras aztecas y están a la expectativa de un vuelo que les traiga a casa.

Esta caleña cuenta que ya ha entablado diálogos con la Cancillería para lograr que se cristalice el regreso, pero hasta ahora no hay una fecha tentativa para volver.

El último viaje de repatriación desde México costó 220 dólares por pasajero, dice. Sin embargo, de lograr conseguirlos aún habría otro escollo en su camino: buscar $3 millones para pagar 14 días de aislamiento en un hotel de Bogotá.

Confinados en Tailandia

Pese a que en Chiang Mai, Tailandia, aún no se decretan aislamientos, Andrés Álvarez y Lina Ruiz, se encuentran en una habitación de hotel desde hace seis semanas. Ellos, palmiranos, decidieron poner en pausa su travesía por el sudeste asiático para resguardarse del coronavirus. Un día sale Andrés a comprar la comida; el día siguiente sale Lina. Se tardan solo media hora fuera de la pieza.

Hace seis semanas solo comen dos veces al día. Siempre lo mismo: pad thai (fideos con verduras, huevo) y arroz frito. El gobierno tailandés prorrogó su visa hasta el 31 de julio y, cuenta Lina que, al igual que ellos, hay más de 50 colombianos en países del sudeste asiático intentando volver. Por eso crearon el grupo ‘Colombianos varados en el mundo por coronavirus’ en Facebook; hoy son casi 800 integrantes. Lina y Andrés aún no saben cuándo se dará su regreso a Colombia, pero mientras tanto se sostienen con giros de familiares y vendiendo su libro ‘Renunciamos y Viajamos’, en el que recopilan crónicas de sus viajes.

“Dicen que el viaje humanitario saldrá de Indonesia, iría a Bangkok, luego Sidney y llegaría a Bogotá. Si dicen que vale más de lo que podemos pagar, tendremos que esperar que se reactiven los vuelos comerciales”, dice Lina.Confinados en Tailandia.

De Disney, al cuarto

La esperanza de Emanuel de volver al trabajo en oficina, luego de un año de laborar de forma independiente, el coronavirus la dejó en vilo. Después de tanto buscar, en marzo consiguió puesto en una empresa en Medellín. Sin embargo, meses antes había planeado ir a Orlando, Estados Unidos, a conocer los parques de atracciones de Disney con su esposa y su hijo de tres años. Salían el 3 de marzo y volvían el 27 de marzo. En la empresa donde trabajaría le dijeron que lo esperaban, empezaría labores el lunes 30 de marzo; pero la suspensión de vuelos internacionales lo obligó a quedarse en casa de familiares en el país del Tío Sam. Hoy la firma de contrato es una incógnita.

“También es incierto cuándo podremos volver. Hay muchas obligaciones que quedaron pendientes y cada día crecen las cuentas”, advierte este diseñador paisa.

Hasta el momento, comenta, ya se han dado contactos con el Consulado de Miami, que le ha remitido formularios para ver si clasifica en un posible viaje de regreso a La Estrella, Antioquia.

“Lo último que nos dijeron era que nos tocaba esperar, que ahora lo primordial era atender a quienes tenían necesidad de estadía y comida; es decir que en una escala de prioridades no estaríamos calificados para retornar”, señala Emanuel.

El clamor del retorno

Luego de no ver a su novio por más de seis meses, Diana Marcela Tapias viajó hasta Machala, Ecuador, para su reencuentro. Lo hizo junto a su suegra, Leidy González, el pasado 12 de marzo; y aunque la visita estaba planeada para durar unos cuantos días aún permanece lejos de su natal Cali.

Mantienen encerradas en un cuarto, pues en la ciudad hay toque de queda desde las 2:00 p.m. hasta las 5:00 a.m. del día siguiente. En ese pequeño espacio están viviendo cinco personas, incluidas Diana y Leidy.
Ambas viven, además de hacinadas, con el temor latente de un contagio. “Las cosas están muy complicadas. Solo en la cuadra en la que estamos hay dos casos”, advierte la joven, quien a diario logra alimentarse con lo que los vecinos le regalan.

Tras haber enviado sendos correos solicitando ayuda a la Cancillería, el martes de la semana pasada fue la primera vez que Diana tuvo contacto con un funcionario que le dijo le entregarían bonos para alimentación, pero tumbó de un tajo su ilusión de volver pronto al país. “Me dijeron que no había posibilidad de regresar. Estoy desesperada, ya me quiero ir pero ni siquiera dejan salir de la vereda en la que estamos”, dice Diana, a quien la esperan su hijo de 12 años y una nena de 3 años.

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