Colombia
Entre el dolor y la gratitud: así recuerdan Ana y Andrés a su hija Violeta, tras morir junto a su abuela en el terremoto
Sus familiares Ana Roldán y Andrés Guerrero reconstruyen los días de búsqueda de su hija y su madre y agradecen a quienes arriesgaron su vida para encontrarlas.
Siga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias


12 de sept de 2026, 06:17 p. m.
Actualizado el 12 de sept de 2026, 06:17 p. m.
Noticias Destacadas
Ana Roldán y Andrés Guerrero todavía hablan de Violeta en presente. Lo hacen cuando recuerdan sus ocurrencias, sus gustos, la manera en que disfrutaba cada plan y hasta su particular fascinación por Michael Jackson. También cuando explican cómo están atravesando su ausencia.
La niña, de siete años, murió junto a su abuela Amparo Jaramillo luego del terremoto que sacudió a Cali. Durante varios días, familiares, amigos, vecinos, rescatistas y voluntarios participaron en la búsqueda de ambas, una historia que terminó con la recuperación de sus cuerpos, pero que dejó en sus padres una profunda huella.
Ahora, en medio del duelo, Ana y Andrés hablaron con la revista Semana sobre lo que vivieron y, especialmente, sobre las personas que los acompañaron durante esos días.
Para Ana, resulta difícil recordar aquellos días sin pensar también en quienes estuvieron a su alrededor. Mientras ella y Andrés permanecían concentrados en encontrar a Violeta y a Amparo, una red de ayuda comenzó a organizarse de manera espontánea.
Llegaron vecinos, amigos, padres del colegio de Violeta, empresas, ingenieros, psicólogos, físicos y rescatistas. También hubo quienes llevaron agua, comida, herramientas o simplemente permanecieron cerca de la familia.
“Uno no se imagina cuánto necesita de los otros”, explicó Ana al recordar esos momentos. Para ella, todas esas personas fueron una especie de apoyo en medio de una situación que les impedía pensar con claridad.
Andrés coincide. Dice que no sería posible mencionar a todos los que estuvieron allí, pero que precisamente esa cantidad de personas le dejó una reflexión sobre la solidaridad.

Más de un centenar de voluntarios, según recuerda, estuvieron dispuestos incluso a poner en riesgo su propia vida para ayudar a quienes se encontraban bajo los escombros. “Lo primordial hoy para mí es agradecer”, señaló Andrés. Para él, ese sentimiento también es una manera de rendir homenaje a su hija.
Uno de los momentos que más recuerdan es la llegada de uno de los topos, quien apareció en el edificio cuando los padres ya enfrentaban la posibilidad de que no hubiera sobrevivientes. Después de los protocolos iniciales de los organismos de socorro, el hombre les aseguró que encontraría a Violeta y a Amparo. Permaneció durante 36 horas en la búsqueda.
Andrés recuerda que fueron muchas las personas que participaron en ese trabajo y que, cuando finalmente encontraron a las dos mujeres, el rescatista también lloró al contarles que no había podido hallarlas con vida.
La estructura del edificio hacía especialmente peligrosa la operación. El primer y segundo piso habían colapsado hacia el sótano, donde se encontraban Violeta y Amparo.
Para Ana, aquellos días fueron una constante entre la esperanza y la posibilidad de recibir la peor noticia.
Hubo llamadas que alimentaron la expectativa de encontrarlas con vida. Incluso recibieron información de que Violeta podía estar en otro punto del edificio. Cada dato volvía a abrir una posibilidad. “Eso es lo último que se pierde hasta que ves el cuerpo”, recordó Ana.

La fe de Andrés y la tranquilidad de saber que estaban juntas
Andrés asegura que una de las ideas a las que se aferra para continuar es pensar que Violeta no sufrió durante el tiempo que permaneció bajo los escombros.
“Mi hija vino a ser feliz, vivió sus días plenamente”, expresó. Esa certeza, explica, hace parte de una nueva manera de entender su fe.
Para él, pensar que su hija sufrió sería demasiado doloroso. Por eso prefiere quedarse con la imagen de una niña que llegó al mundo para ser feliz y que, de alguna manera, también se fue en paz.
A esa tranquilidad se suma el hecho de que Violeta y Amparo permanecieron juntas.
La relación entre ambas era especialmente cercana. Desde que nació Violeta, Amparo se convirtió en una figura fundamental en su vida. Compartían vacaciones, visitas a la piscina, recorridos al zoológico y otros planes familiares.
Ana cuenta que su madre estaba profundamente orgullosa de su nieta y acostumbraba mostrar sus fotografías a sus amigas. “Que estuvieran juntas da cierta paz”, reconoce.

Periodista web de El País, comunicadora social y periodista egresada de la Universidad Autónoma de Occidente en Cali, Valle. Me gusta la reportería, presentación y la escritura.
6024455000








