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Diálogo o guerra: elección dividida en Colombia en medio de las elecciones y la violencia; reportaje

Desde la firma del pacto, 492 exguerrilleros han sido asesinados, según el jefe de la Misión de Verificación de la ONU en Colombia, Miroslav Jenča.

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Personas asisten a la firma del "Pacto por la Vida y el Fin del Conflicto en Algeciras" en la Villa Olímpica Luis María Bautista en Algeciras, departamento de Huila, Colombia, el 7 de mayo de 2026. Colombia se dirige a unas elecciones presidenciales dividida sobre cómo enfrentar un conflicto armado que resurge, y quienes apoyaron la paz están en la línea de fuego. (Foto de Pablo VERA / AFP)
Personas asisten a la firma del "Pacto por la Vida y el Fin del Conflicto en Algeciras" en la Villa Olímpica Luis María Bautista en Algeciras, departamento de Huila, Colombia, el 7 de mayo de 2026. Colombia se dirige a unas elecciones presidenciales dividida sobre cómo enfrentar un conflicto armado que resurge, y quienes apoyaron la paz están en la línea de fuego. (Foto de Pablo VERA / AFP) | Foto: AFP

21 de may de 2026, 03:41 a. m.

Actualizado el 21 de may de 2026, 03:44 a. m.

Por Valentín Díaz, AFP/ El País

La exguerrillera Nidia Arcila firmó la paz sin imaginar que diez años después las montañas donde combatió estarían bajo el fuego de nuevos rebeldes y narcos. La pregunta sobre cómo enfrentar el conflicto armado divide a Colombia antes de las elecciones presidenciales.

Entre verdes montañas, los pobladores del municipio de Algeciras en el departamento del Huila (suroeste) sufren la violencia de tres disidencias de las FARC que se apartaron del histórico acuerdo de paz de 2016 y hoy están enfrentadas entre sí por las rentas del narcotráfico.

La AFP visitó este poblado en plena campaña para las elecciones del 31 de mayo, donde los defensores de derechos humanos y excombatientes son constantemente hostigados.

“La paz no nos puede seguir costando la vida”, escribe en una cartelera Arcila, de 41 años, durante un evento en el estadio del pueblo.

Desde la firma del pacto, 492 exguerrilleros han sido asesinados, según el jefe de la Misión de Verificación de la ONU en Colombia, Miroslav Jenča.

Entre ellos la pareja de Arcila, Ronald Rojas. Ambos se conocieron a inicios de los 2000 en las filas de las FARC.

La exmiembro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) Nidia Arcila, también conocida como "Casika", posa para una foto durante una entrevista con AFP en Neiva, departamento de Huila, Colombia, el 8 de mayo de 2026. Colombia se dirige a unas elecciones presidenciales dividida sobre cómo afrontar un conflicto armado resurgente, y quienes apoyaron la paz están en la línea de fuego. (Foto de Pablo VERA / AFP)
La exmiembro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) Nidia Arcila, también conocida como "Casika", posa para una foto durante una entrevista con AFP en Neiva, departamento de Huila, Colombia, el 8 de mayo de 2026. Colombia se dirige a unas elecciones presidenciales dividida sobre cómo afrontar un conflicto armado resurgente, y quienes apoyaron la paz están en la línea de fuego. (Foto de Pablo VERA / AFP) | Foto: AFP

“Él dice que tomó agua del (río) Putumayo y por eso fue que se enamoró de una india”, recuerda sonriente la excombatiente amazónica reclutada desde niña.

Cuatro años después de adherirse al tratado, como lo hicieron otros 13.000 exguerrilleros, la pareja escuchó disparos mientras conversaba en su casa en una zona rural del Huila.

Tres proyectiles impactaron en el pecho de Rojas, que murió poco después en una clínica.

La justicia no ha dado con los responsables, pero esta madre de dos hijos sospecha que pudo deberse a que Rojas “estuvo muy comprometido con la implementación del acuerdo”.

“Me siento como más débil. Me siento sola”, relata a la AFP desde Neiva, capital del departamento.

Allí administra una tienda, decorada por coloridos murales, donde vende café y otros productos elaborados por excombatientes y víctimas del conflicto.

- Dos caminos -

Colombia vive la peor ola de violencia en la última década y esa es una de las principales preocupaciones en la campaña electoral.

La pregunta sobre cómo enfrentar a los grupos armados divide al país en dos visiones irreconciliables.

El líder de las encuestas, el senador izquierdista Iván Cepeda, apuesta por continuar la estrategia de negociaciones de paz con las organizaciones ilegales, en línea con el presidente Gustavo Petro.

De segundo en los sondeos figura el abogado derechista Abelardo de la Espriella, quien propone una guerra frontal.

La violencia contra quienes creyeron en la paz fractura aún más la discusión.

En Algeciras 12 personas entre excombatientes y familiares directos han sido asesinados. En el último ataque armado, en enero, un antiguo guerrillero quedó gravemente herido y su esposa murió.

Funcionarios, la iglesia católica y la Misión de Verificación de la ONU, que examina las garantías de seguridad del tratado, llegaron al poblado de 22.000 habitantes para escuchar el clamor de las víctimas.

La violencia es “el principal obstáculo para consolidar el proceso de reincorporación” de quienes firmaron la paz, dice Jenča.

Johnesmith Rincón, excombatiente de 39 años que hoy dirige una fundación juvenil en el municipio, se moviliza acompañado por un escolta estatal tras recibir amenazas, según él, relacionadas con actividades vinculadas al acuerdo.

“El camino es la reconciliación”, dice, y guarda la esperanza de que algún día “Algeciras pueda vivir en paz”.

La tienda Tienda Nativa se muestra en Neiva, departamento de Huila, Colombia, el 8 de mayo de 2026. Colombia se dirige a unas elecciones presidenciales dividida sobre cómo afrontar un conflicto armado resurgente, y quienes apoyaron la paz están en la línea de fuego. (Foto de Pablo VERA / AFP)
La tienda Tienda Nativa se muestra en Neiva, departamento de Huila, Colombia, el 8 de mayo de 2026. Colombia se dirige a unas elecciones presidenciales dividida sobre cómo afrontar un conflicto armado resurgente, y quienes apoyaron la paz están en la línea de fuego. (Foto de Pablo VERA / AFP) | Foto: AFP

- “Ingresar o morir” -

Colombia ha visto un “crecimiento de la presencia de grupos armados”, motivado por el “fracaso de la paz total”, dice Alejandro Chala, investigador del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz.

A menos de tres meses de dejar el poder, Petro no logra desactivar el conflicto con ninguna de las organizaciones con las que intentó negociar.

De su lado la derecha aboga por una “ofensiva total del Estado”, dice Chala, y apela a la nostalgia del gobierno de Álvaro Uribe (2002-2010), que acorraló a las guerrillas pero también acumuló miles de denuncias por crímenes de las fuerzas de seguridad en alianza con paramilitares.

Mientras tanto los grupos criminales buscan reclutar a los excombatientes por su experiencia, “los presionan a ingresar o morir”, dice Chala.

“Ellos dicen que yo sé manejar los números (...) y que necesitan trabajar conmigo”, dice un antiguo miliciano logístico en las FARC que pide anonimato por las amenazas que recibe ante su negativa de retomar las armas.

En el poblado donde vive, nadie conoce su pasado.

“Mis mejoresaños se los dediqué a la guerrilla y no quiero volver a ponerme esas botas”.

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