colombia
Arley Acosta, el joven campesino que encontró en el chontaduro la forma de tener un trabajo estable en Popayán
Esta es la historia de este caucano que vendiendo este fruto encontró la forma de tener unos buenos ingresos económicos.
Siga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias


25 de mar de 2026, 11:03 p. m.
Actualizado el 25 de mar de 2026, 11:03 p. m.
Noticias Destacadas
En las primeras horas de todas las mañanas, de todos los días, de todas las semanas, y cuando la mayoría aún duerme o empiezan a despertarse, Arley Acosta Ruiz ya está parado, trabajando duro. Son las cuatro en punto y su jornada comienza, con un fruto germina en la zona rural de El Tambo.
Por eso, y en medio de la tranquilidad del amanecer, este joven campesino organiza pacientemente todo lo necesario para salir a trabajar con un producto que no solo representa su sustento económico, sino también una tradición gastronómica en el departamento del Cauca: el chontaduro.

Don Arley, como ya lo conocen sus clientes a diario lo visitan, inició este emprendimiento en el 2024, aprovechando la temporada de cosecha, cuando el producto bajó bastante de precio y permitió comercializarlo con mayor facilidad en Popayán, a donde llega por toneladas este fruto, del cual se puede obtener otros productos.
Desde el año pasado, entonces, decidió apostarle a este fruto típico, convirtiéndolo en el eje económico de su día a día, en su trabajo, muestra de que si se puede emprender con actividades legales.
“Hay días buenos y días no tan buenos, como en todo en la vida, pero gracias a Dios tenemos la salud para levantarnos temprano y salir a trabajar, eso para mi es una bendición y como le dijo a los clientes, voy formando mi empresa poco a poco, sin hacerle daño a nadie”, cuenta mientras atiende a quienes se acercan a su puesto, atraídos por el color rojizo y anaranjado del chontaduro recién preparado, sacado de la olla y tiene esa presentación grasosa, señal de que es un chontaduro delicioso, si se acompaña con sal y miel.
Su rutina no cambia mucho. Madrugar es una constante, como buen hombre de campo, así lo aprendió desde pequeño, cuando sus padres, campesinos del municipio de Balboa, tenían que salir ordeñar, recoger café o cargas bultos. Luego empieza a preparar el producto, asegurarse de que esté fresco y salir sin importar el clima, todas rutinas hacen parte de su disciplina, permitiéndole tener su propio trabajo. Llueva o haga sol, Don Arley sabe que no puede quedarse en casa: el chontaduro no espera, hay que venderlo, por asegurar la ganancia del día, pero también para no desperdiciarlo.

“A veces toca salir hasta mojado, pero si uno no vende, el producto se puede dañar. Entonces hay que hacerlo con ganas”, explica al compartir una sonrisa que refleja tanto esfuerzo como esperanza, dando de paso ejemplo de que no hay que hacer el mal para tener dinero. “Lo legal deja, es el camino, además hay que dar ejemplo de que se puede salir adelante sin hacer el daño”, agrega este joven caucano de 30 años de edad.
Con el paso del tiempo, su dedicación ha comenzado a dar frutos. Poco a poco ha ganado clientela, personas que regresan no solo por el sabor, sino por la calidad y la constancia con la que trabaja este joven, po rlo general se ubica con su moto y cajón donde pela el chontaduro frente a uno de los paraderos de Movilidad de Futura, en Popayán, en inmediaciones del hospital Universitario San José.
“La gente ya me conoce, sabe que vendemos un producto fresco y de buena calidad. Eso es lo más importante, que el cliente terminé feliz al consumirlo, claro, es una ganancia para mí porque la meta es tener un negocio más grande y claro, dar empelo, ayudar a la sociedad”, afirma, mientras pela este fruto que es todo un manjar para los payaneses.
Por eso, y más allá de las ventas, lo que mueve a Don Arley es el deseo de salir adelante con trabajo honesto, sin esperar caminos fáciles, ni buscando cómo afectar a los demás. Su historia es la de muchos emprendedores caucanos, de todas las índoles que, desde lo cotidiano, sostienen sus hogares con esfuerzo y perseverancia, trabajando en las calles, porque creen que si hay futuro.
Al final, su mensaje es sencillo pero directo: una invitación abierta a apoyar al pequeño comerciante, esto como forma de ir fortaleciendo el desarrollo.
“Agradecido con Dios, con la vida y con las personas que nos apoyan. Aquí estamos, siempre firmes, invitándolos a que vengan y consuman este producto. El chontaduro es lo mejor del campo caucano”, dice, mientras continúa su jornada, fiel a una rutina que comienza antes del amanecer y se sostiene con trabajo, fe y disciplina.

Soy comunicador social de la Universidad Santiago de Cali y periodista radicado en Popayán desde hace más de 15 años, pero con nacionalidad caleña. Además, soy reportero judicial en una de las regiones más hermosas del mundo, el Cauca.
6024455000







