Cali
Taliana Vargas: vocación, fe y el pulso de gobernar desde lo social
La gestora social de Cali habla sin libreto sobre sus proyectos bandera, la presión de gobernar al lado de Alejandro Eder y el peso de servir en una ciudad que aún no termina de creer en sí.
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1 de mar de 2026, 04:25 p. m.
Actualizado el 1 de mar de 2026, 04:25 p. m.
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La primera respuesta no sale. Se queda suspendida en el aire. Taliana piensa, duda, sonríe incómoda. “Uy, no… qué difícil esa pregunta”. No es una evasiva; es una confesión.
Cuando se le pide que resuma lo más retador de llegar a la Alcaldía de Cali como gestora social, no encuentra una sola cosa. Dice que todo ha sido retador. Y en esa palabra cabe el peso de la política, la exposición pública y la crítica.
Habla rápido, pero vuelve siempre al mismo punto: servir. Dice que ella y su esposo, el alcalde de Cali, Alejandro Eder, sienten que tienen una responsabilidad con Cali porque la vida les ha dado mucho. Que no llegaron a buscar poder, sino a sanar heridas. Que eso, en un país donde la política suele leerse con desconfianza, cuesta que se entienda.
En la conversación no hay libreto técnico ni cifras memorizadas más allá de las que repite con orgullo.
Hay fe, convicción y una defensa cerrada de tres apuestas: CuidArte, Litoral y la Casa Matria del Oriente, Dice que ese será su legado. Y que, si después lo desmontan, ya no dependerá de ella.

¿Qué ha sido lo más retador desde que llegó a la Alcaldía como gestora social?
Uy, no, qué difícil esa pregunta. Todo ha sido retador. Pero si me toca escoger algo, ha sido que la gente entienda por qué unas personas como Alejandro y como yo estamos sirviendo a Cali. Siento que no se ha entendido del todo.
Lastimosamente, la política no la ejercen personas como un Alejandro o como yo, entonces a la gente y hasta al sector público les queda difícil comprender que hay vocación de servicio real.
Nosotros lo hacemos porque sentimos que nos han dado tanto que tenemos que servir, que tenemos que sanar heridas del pasado, que tenemos que ser amor, reconciliación, construcción. Cali estaba muy estancada. Pero que eso se entienda no ha sido fácil.
¿Qué le gustaría que las mujeres caleñas dijeran al final de estos cuatro años como gestora social?
Me gustaría que dijeran: Taliana fue gestora social, hizo una pausa en su vida y, junto a su esposo, creó CuidArte, el programa del cuidado más grande del suroccidente colombiano.
Que digan que apoyé a las madres cuidadoras, que les metí el corazón y el alma a los artesanos del Pacífico. Que digan que dejé algo que antes no existía.
Hablemos de esa deuda histórica. ¿Cuál cree que era la principal deuda de Cali con sus mujeres?
No había un balance público enfocado en la mujer cuidadora. Antes de Cuidarte no existía una estructura clara, un programa que protegiera y reconociera el cuidado. Por eso es tan importante.
Empezamos el 18 de marzo hace dos años. Hoy tenemos nueve ecosistemas y hemos llegado a casi 5000 mujeres. El próximo año queremos tener doce ecosistemas y atender entre 17.000 y 20.000 mujeres en todas las comunas, en zona urbana y rural.
Explíquelo sencillo: ¿qué es CuidArte?
Es reconocer el cuidado como trabajo, como derecho y como responsabilidad colectiva. Cuando hablamos de cuidado, muchas mujeres ni siquiera se identifican como cuidadoras.
Una mujer puede dedicar ocho horas diarias al cuidado no remunerado. Ocho horas de su vida que nadie le paga. Y si pagáramos el cuidado, eso representaría el 20 % del PIB del país. Es enorme.
No se puede hablar de desarrollo si no hay una estructura pública que apoye a la mujer cuidadora.
¿Qué hace concretamente el programa?
Libera tiempo. La mujer llega con su hijo, con su persona con discapacidad o con el adulto mayor que cuida. Esa persona entra a actividades paralelas y ella puede elegir qué quiere hacer: terminar su bachillerato, formarse, aprender algo nuevo.
Redistribuimos responsabilidades, reducimos sobrecarga y construimos autonomía económica. No es solo un respiro. Es formación, educación, capital semilla, bienestar y apoyo psicosocial.
¿Cuántas mujeres participan activamente?
Cinco mil mujeres que van todos los días. No es un taller aislado. Van a diario. CuidArte es como una universidad de vida.
¿Qué cambios la han marcado en el proceso de los Cuidarte?
Historias como la de Marleny. Ella había llegado hasta sexto de bachillerato y le daba pena decir que no sabía leer ni escribir bien. Escuchó a una vecina que iba a CuidArte y la vio más contenta. Se animó.
Un año después validó su bachillerato, tiene formación, capital semilla y quiere montar su empresa. Sigue cuidando, pero ahora también se está realizando.
O María, que aprendió a nadar, a montar bicicleta, a tejer, está terminando su bachillerato. Muchas mujeres sienten que deben dejar de soñar. CuidArte les devuelve la posibilidad de reconocerse como personas.
¿Dónde están ubicados estos ecosistemas?
Estamos en zona urbana y rural: El Hormiguero, El Saladito, Golondrinas, La Buitrera; en las comunas 15, 20, 21; en el Centro, comunas 3 y 9. Nueve en total. Y queremos más.

Si una mujer quiere vincularse, ¿qué debe hacer?
Le diría: “Esto es para ti. Lo construimos pensando en ti, en tus sueños que se diluyeron por el cuidado.
Puedes llegar con tu hijo o tu adulto mayor, dejarlo en uno de los CuidArte y mientras cuidamos de ellos, tú puedes soñar: estudiar, emprender, tener capital semilla, apoyo psicosocial".
Es la primera vez que la Alcaldía trabaja así para la mujer cuidadora. No se puede reconciliar una ciudad si no se trabaja para la mujer.
Háblenos de la Casa Matria del Oriente, porque la que actualmente opera existe en el oeste de la ciudad. ¿Por qué esa Casa Matria no está en el sector que realmente necesitan las mujeres de Cali?
Era irreal que solo existiera una Casa Matria en el oeste y no en el oriente de la ciudad. Nadie había pensado en eso. En esta gestión eso es prioridad.
Por medio del empréstito ya están los recursos y la vamos a lanzar a finales de este año o comienzos del próximo. Para nosotros el cuidado de la mujer caleña no puede ser sectorizado, tiene que ser para todas las mujeres de la ciudad.
Cuando escucha historias de violencia contra mujeres, ¿qué piensa?
Eso es lo que me lleva a trabajar gratis todos los días. A mí la Alcaldía no me paga. Yo tengo mi trabajo desde hace 18 años. La gente me ve en comerciales, en campañas, mis novelas siguen al aire. Con eso tengo estabilidad económica.
Lo que hago como gestora social lo hago del corazón. Estructurar estos proyectos, organizarlos, recibir críticas públicas y privadas… no tendría que hacerlo. Pero escogí estas dos ramas: CuidArte y Litoral. Ese es mi regalo para Cali.
¿No le pesa la crítica?
Claro que pesa. Pero cuando uno sabe por qué hace las cosas, eso te sostiene.
Hablemos de la vida en casa. ¿Cómo separa el matrimonio de la presión de gobernar una ciudad como Cali, como lo hace su esposo Alejandro Eder?
Es difícil, muy difícil. Es un reto diario. Vamos de la mano de Dios, un día a la vez.
¿Qué conversaciones tienen en privado con su esposo, el alcalde Alejandro Eder, cuando la ciudad atraviesa momentos complejos?
Yo hago el rol que hacen muchas mujeres: somos faro, luz, las de oración. Oramos, sostenemos el hogar, cuidamos a los niños. La oración me da vida. Mi eucaristía diaria, el Santísimo, la comunión, la confesión, el rosario. Eso me sostiene. Desde ahí acompaño.
¿Le ha dicho alguna vez al alcalde Eder que no está de acuerdo con una decisión pública?
Sí, claro. Tenemos conversaciones abiertas y honestas. Él me oye. Mucho.
¿Qué ha descubierto del alcalde Eder en estos dos años de gobierno?
No conozco a una persona que trabaje más. No conozco a alguien con una vocación de servicio tan grande. No se deja comprar ni vender por nada ni nadie. Llegar a una ciudad herida, dividida, y querer desarrollarla con visión y carácter no es fácil. Yo lo admiro profundamente.
La exposición es constante en su cargo de Gestora Social y como esposa de Alejandro Eder. ¿Qué mantiene emocionalmente estable a la familia ?
Llevo 18 años siendo figura pública. La gente me vio crecer, me conoció joven, me vio casarme. Cuando uno es leal a sus valores, la gente termina entendiendo quién eres. Hemos actuado con amor y creo que los frutos se darán.
¿Cómo manejan en la vida de pareja esa polarización de Cali?
Cali es una ciudad bipolar. Un día todos felices y al otro todos enemigos. Nos duele cómo el caleño se destruye entre sí y no ve sus fortalezas. Pero yo soy embajadora de esta región. Veo sus maravillas y trabajo por ellas.
Pasemos a Litoral. ¿Qué es exactamente este proyecto?
Es un proyecto de la Alcaldía para dignificar el trabajo ancestral del Pacífico. Nada puede llamarse lujo si no es hecho a mano. La artesanía es el verdadero lujo. Si no la dignificamos, perdemos nuestra esencia.
Litoral es una vitrina, pero también talleres, capital semilla, formación y estructura para que crezcan profesionalmente.
¿Cómo funciona en la práctica?
Contactamos artesanos, los vinculamos, reciben capacitaciones, trabajan con maestros artesanos, fortalecen sus talleres, transforman sus espacios. Es una estructura completa, no solo exhibición.
Cuéntenos una historia concreta.
Una mujer que vendía en la calle en Cali, pasando hambre. Migró hace años, ya es caleña. Entró a Litoral. La llevamos a París, a Le Bon Marché (uno de los almacenes más antiguos de esta ciudad), junto a la diseñadora caleña Johanna Ortiz. Estaba en uno de los centros comerciales más importantes del mundo, vendiendo su trabajo hecho a mano. Sus hijas ahora quieren aprender lo que ella hace. Antes no lo valoraban. Hoy toda la familia vive de esa artesanía. Eso cambia generaciones.
¿Por qué insistir?
Porque Cali es la capital del Pacífico colombiano. Aquí migran para estudiar, para salud, para la música. Pero no tenían un espacio donde mostrar su trabajo, donde contar su proceso. Eso era injusto.
Si tuviera que resumir su legado en una frase, ¿cuál sería?
Que trabajé para la mujer cuidadora y para dignificar nuestras raíces. Si después quieren acabarlo, ya no depende de mí. Yo entregué lo mejor de mi alma.
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