Cali

Humberto Córdoba: El arquitecto sonoro de La Barola y el arte perdido de la discomanía en Cali

Humberto relata sus vivencias, la selección de vinilos originales que marcaron una época y cómo se curaba la música para un público exigente que no solo bailaba, sino que sabía escuchar.

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El Hombre que puso a bailar a Cali: Humberto Córdoba y el legado de La Barola
El Hombre que puso a bailar a Cali: Humberto Córdoba y el legado de La Barola | Foto: Foto: Raúl Palacios / El País

18 de abr de 2026, 04:31 p. m.

Actualizado el 18 de abr de 2026, 04:31 p. m.

Por: Mario Andrés Lozada Tezna / El País

En el universo de la salsa brava y el coleccionismo de vinilos, existen nombres que no necesitan presentación, ni grandes proemios, porque su leyenda se escribió en las reservadas cabinas de sonido, cuando en Cali no era importante el DJ sino la música. Humberto Córdoba es uno de esos nombres.

Considerado por expertos como uno de los mejores melómanos y discomanos de América Latina, Córdoba fue el arquitecto sonoro de ‘La Barola’, un templo de la resistencia salsera, adelantados para la época en la programación musical y que marcó un antes y un después en la vida nocturna de Cali, una ciudad que nunca ha tenido día y hora para la rumba.

Para entender el impacto de personas como Humberto Córdoba, es necesario diferenciar al DJ contemporáneo del discomano tradicional. Mientras el primero busca en la actualidad el protagonismo y el reconocimiento del ego personal, el discomano era un curador, un historiador y un personaje que en el silencio de las palabras, hablaba cada vez que el acetato tocaba la aguja.

Córdoba desglosa cómo la programación musical en La Barola no era una cuestión de azar, sino una narrativa cuidadosamente hilada a través de surcos de 33 y 45 RPM.

“Yo salía de mi casa en la noche a pararme en la ventana de los griles, tenía 13 años, y regresaba al otro día, cuando mi papá salía al trabajo, yo llegaba, me bañaba y me iba a estudiar”, afirma Córdoba con una sonrisa pícara en su rostro.

El Hombre que puso a bailar a Cali: Humberto Córdoba y el legado de La Barola
El Hombre que puso a bailar a Cali: Humberto Córdoba y el legado de La Barola | Foto: Foto: Raúl Palacios / El País

“la música que para muchos era de marihuaneros, realmente son las joyas que luego dieron paso a la ola salsera de los 80′, a ‘La Barola’ llegaba pura pasta (acetatos) americana y la demora era que yo abría la reja y ya estaba lleno”, indica.

Con una mirada al horizonte y con la tranquilidad que le caracteriza, Humberto rememora su adolescencia y la juventud marcada por los bailes de cuota en casas vacías y cuando las luces se apagaban y de inmediato sonaba un bolero.

Hablar de ‘La Barola’ es invocar la Cali que se comunicaba a través de los ritmos agrestes, la rumba sin final, la compra y el consumo casi como una adicción a los acetatos y discos en vinilo; ubicada en la transversal 29 con 14 en Santa Mónica Popular, Bajo la dirección musical de Córdoba, este recinto se alejó de los hits del momento para refugiarse en los sonidos experimentales de las orquestas de Nueva York, Puerto Rico y la variedad que traía el barco, repleto de cajas con música por sonar.

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“Yo me quedaba solo, me tomaba una caneca de ron y me ponía a escuchar disco por disco y era ahí donde encontraba joyas que cuando las ponía, la gente se quedaba asombrada, porque no sabían que en ese mismo trabajo discográfico habían muy buenas canciones”, dice Humberto mientras limpia un trabajo de Jony Pacheco y lo pone al tornamesa technics, que con el peso de su motor, es considerado en el mundo de la melomanía como uno de los mejores para escuchar el buen sonido de los vinilos

Córdoba no niega que si bien fue una época dorada, a su vez estuvo marcada por el lado oscuro del narcotráfico que azotó a Colombia y la rumba no fue ajena.

El Hombre que puso a bailar a Cali: Humberto Córdoba y el legado de La Barola
El Hombre que puso a bailar a Cali: Humberto Córdoba y el legado de La Barola | Foto: Foto: Raúl Palacios / El País

“Cuando cerraba, ya estaban 2 taxis esperándome para ir a juanchito o muchas veces llegaban y me decían que cuanto cobraba para ir a una fiesta a poner música y yo subía el precio y me decían que no había problema y yo iba, pero gracias a Dios nunca me involucré con nada de eso, siempre metido en mi música y mis discos”, sin dar nombres puntuales, relata cómo en muchas ocasiones llegaban a su negocio personas del ‘Cartel de Cali’ que le compraban el surtido de toda la noche solo por escuchar la selecta programación musical que se programaba en ‘La Barola’.

El maestro explica la importancia de la conservación del vinilo y cómo el “golpe” de un disco original prensado en los años 70 posee una calidez orgánica que el formato digital aún no logra replicar. Para los nuevos entusiastas del coleccionismo de música, las palabras de Humberto sirven como una guía esencial sobre la autenticidad y el respeto por el autor, el ejercicio de leer las carátulas a fondo y saber desde quien realiza los coros, hasta quien diseñó la portada del LP.

En el contexto actual, donde los algoritmos deciden qué debemos escuchar, la figura de Humberto Córdoba emerge como un defensor de la autonomía auditiva. Su historia en ‘La Barola’ es el testimonio de una época donde la curaduría musical era un acto de amor y resistencia, no había horario, solo había pasión por saber, respetar y hacer sonar de la mejor manera los vinilos para el disfrute de los clientes.

Hoy, la figura de este discomano sigue siendo una brújula para las nuevas generaciones de investigadores musicales. ‘La Barola’ es una lección vigente sobre cómo la pasión por un género puede preservar la identidad de toda una ciudad. Para los amantes de la salsa brava, Córdoba no es solo quien pone la música, es quien custodia el alma de un género que se niega a morir.

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