Cali
Entre escombros y esperanza: la historia de ‘Gato’, el felino que sobrevivió al terremoto en Cali
‘Gato’ no es un felino cualquiera; es el compañero inseparable del hijo de seis años de Raúl. La historia entre ambos comenzó en las calles del barrio Ciudad Córdoba, en la Comuna 15.
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20 de ago de 2026, 02:59 a. m.
Actualizado el 20 de ago de 2026, 02:59 a. m.
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Por: Mario Andrés Lozada Tezna. Editor El Son del Barrio
El polvo del desastre aún no termina de asentarse en la capital del Valle tras el devastador terremoto del pasado 10 de agosto, pero entre el desconsuelo emergen pequeñas historias que devuelven la fe.
En los pasillos de la Clínica Veterinaria de la Universidad Santiago de Cali, el bullicio habitual de la medicina veterinaria se entrelaza hoy con el suspiro de alivio de una familia que temió lo peor. Allí, sobre una mesa de exploración, se encuentra ‘Gato’: un felino de pelaje maltrecho pero con un espíritu inquebrantable que logró sobrevivir más de una semana entre el caos.
‘Gato’ no es un felino cualquiera; es el compañero inseparable del hijo de seis años de Raúl. La historia entre ambos comenzó en las calles del barrio Ciudad Córdoba, en la Comuna 15, cuando el pequeño apenas gateaba y ambos entrelazaron sus vidas. Durante seis años fueron uno solo.

Sin embargo, la mañana del 10 de agosto, cuando la tierra rugió y las estructuras del edificio Torres de Tequendama cedieron hasta obligar a su evacuación, el pánico se apoderó de la mascota. Entre el ruido de la mampostería cayendo y los gritos de angustia, el animal huyó aterrorizado.
Fueron ocho días de incertidumbre desgarradora. Mientras Cali intentaba ponerse en pie, Raúl y su familia regresaban diariamente al perímetro de riesgo en Tequendama, desafiando el peligro para buscar al integrante que les faltaba. La salvación del felino fue posible gracias a una cadena invisible de solidaridad: socorristas, voluntarios, la Defensa Civil y organizaciones animalistas unieron esfuerzos hasta sacarlo de los escombros.

Tras el rescate, la primera parada obligada fue la clínica de la Universidad Santiago de Cali, institución que dispuso sus servicios de valoración médica gratuita para atender a las víctimas de cuatro patas golpeadas por el sismo.
Allí lo recibió la doctora Estefanía Ramírez. La escena clínica era reveladora: tras una semana a la intemperie, la silueta del gato de hogar se había desdibujado. Lucía, sucio, errante y asustado. Presentaba restos de polvo en su cuerpo, raspones e inflamaciones severas en la cabeza, el hocico y los dientes incisivos y colmillos.

“Las lesiones sugieren que le cayó algo encima durante el movimiento telúrico o al intentar escapar”, explicó la doctora Ramírez durante la valoración médica. Asimismo, no descartó que en su desesperada travesía por buscar comida entre las casas, el felino hubiese enfrentado el rechazo de la gente, confundiéndolo con un animal callejero.
El momento de mayor tensión se vivió en la sala de rayos X. Con radiografías de tórax, cuello y cráneo en mano, el diagnóstico trajo la calma que la familia esperaba: no había fracturas graves. Solo una pequeña fisura casi imperceptible en la cavidad nasal y una inflamación superficial que cederá con tratamiento.
Al recibir la noticia de que ‘Gato’ estaría bien y podría continuar su recuperación en casa, los ojos de Raúl reflejaron el milagro. Para esta familia caleña, que lo perdió casi todo con la evacuación de su vivienda, recuperar a su mascota representa el primer paso para reconstruir la alegría de su hogar.
Historias como la de este pequeño sobreviviente demuestran que, en medio de la tragedia que sacudió a la ciudad, la empatía y la unión institucional de Cali se convierten en la medicina más efectiva para sanar las heridas, tanto de humanos como de aquellos amigos de cuatro patas que también sufrieron el rigor de la naturaleza.








