El Sotareño, un lugar detenido en el tiempo

El Sotareño, un lugar detenido en el tiempo

Junio 28, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Julián Gómez - Mábel Lara, especial para El País.

Este bar, ubicado en el centro histórico de la ciudad de Popayán, es un símbolo de la bohemia colombiana con más de 50 años de historia. Cerca de 3000 discos de vinilo del siglo anterior completan la colección musical del lugar.

En la ciudad de Popayán, al suroccidente de Colombia, existe un lugar que condensa una historia, un sitio que parece ser una puerta para entrar al pasado sin dejar de nutrirse del presente y aunque trata de pasar inadvertido con un disimulado aviso sobre su puerta, resulta imposible ignorarlo, puesto que se queda en la mente y en los recuerdos de las personas que generación tras generación han pasado por este cálido bar.El Sotareño es una de las instituciones bohemias más viejas de toda Colombia, posee un valor cultural para la sociedad, algunos artistas han inspirado su obra en los espacios bohemios y acogedores de éste rústico lugar, algunos maestros, estudiantes y hombres de rutina reposan sus espaldas sobre la tibieza de la cerveza más fría en la barra y algunas parejas han jurado amor eterno en las mesas al calor de un trago, mesas que ahora sus hijos y nietos ocupan más de 40 años después.La historia comienza en 1951, año en que Agustín Sarria, oriundo del Valle del Cauca, llega a Popayán con el propósito de tomar unas vacaciones. Conoce la ciudad, nace su amor por la música y finalizando la década, se convierte en el propietario del "Cafetal", un bar ubicado frente a la antigua galería central, lo que hoy es el centro comercial. En 1964 un señor de apellido Portilla le ofrece su negocio "El Sotareño" en venta, Agustín lo permuta por un lote y se lo da a un hermano suyo para que lo administre. Un año después, en 1965, decide vender el Cafetal y pasa a administrar El Sotareño. Éste en sus inicios fue un local pequeño decorado con costales y guadua, la cerveza costaba un peso con cincuenta y una media de caucano se acercaba ya a los tres pesos con cincuenta, el dinero se guardaba en una registradora de los años veinte, que marcaba un máximo de noventa y nueve pesos con noventa y nueve centavos ($99.99).Son cuarenta y tres años los que Agustín le ha dedicado al Sotareño. Durante todo este tiempo, El Sotareño ha sido visitado por estudiantes, profesores, abogados y médicos de la "Universidad", también acuden al lugar muchos extranjeros. "Las historias de la gente que oculta sus amoríos son interminables, lidiar con los celos de los otros es propiciar un disturbio, por eso soy una tumba" dice Agustín después de hacer memoria de algunos malos ratos.El Sotareño, encarnado en Agustín Sarria, es un espacio en donde la gente va a disfrutar, escuchar, conversar, escribir, calificar, llorar, emborracharse y enamorarse, es el espacio de los bohemios y de los versos que dan testimonio de ese embrujo que alguna vez, por allá en los 60`s, cautivó el alma de Agustín, convirtiéndolo en su propia vida.

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