El Lili, un río destruido por las minas y los vertimientos sanitarios

El Lili, un río destruido por las minas y los vertimientos sanitarios

Septiembre 13, 2014 - 12:00 a.m. Por:
Luiyith Melo García | Reportero de El País
El Lili, un río destruido por las minas y los vertimientos sanitarios

Cuando entra a la ciudad, el río Lili no parece tener ya ni cien litros por segundo. Su cauce está casi seco y la calidad del agua es mala, según el Dagma.

Gran parte del agua se la toma La Buitrera y la que queda es de mala calidad. Hay contaminación.

Cuando Carlos Garcés Vila llegó a Altos del Rosario, hace como 50 años, todas esas lomas estaban llenas de 'gurreras', pequeñas minas donde trabajaban tres o cuatro personas extrayendo carbón. Eran como 90 en un gran complejo minero que había perforado la cuenca del río Lili y llenó de caparrosa sus aguas.Hace cuatro años, la Policía y la CVC subieron a esas montañas, sellaron las explotaciones y sacaron a 700 mineros a la fuerza. Dicen que desde entonces se acabó la minería, aunque un funcionario de la CVC asegura que en la margen izquierda del río quedan rezagos de la explotación ilegal que siguen vertiendo óxido ferroso al cauce.Lo que sí se sabe es que las minas cerradas siguen destilando al río sus líquidos venenosos acumulados en corrientes subterráneas, como ocurre con las minas que tenía una cementera en la parte baja de La Buitrera. Y los seguirán destilando por mucho tiempo, como lixiviados, hasta que se limpien.Después de selladas las minas, el desafío es la conservación del bosque desde los Altos del Rosario hacia el Otoño a 2600 metros de altura donde nace el río Lili. Esa es, al menos, la preocupación de Fabio Linares, el mayordomo de la Tiolinda, una finca que prefirió el plátano, la yuca y la arracacha al carbón. Fabio ha dedicado sus años a cuidar nueve hectáreas de bosque nativo que ayudan a fabricar agua para el río.“Si cortan esos helechos -señala unas matas sobre las rocas- se secan estos nacimientos y se acaba el agua del río”, advierte el campesino.De esos nacimientos es de donde Garcés Vila, Oblides Muñoz, Carlina Narváez y muchas personas más han conectado mangueras para tomar el agua de sus predios, porque como ellos dicen, a pesar de vivir junto al río no tienen agua potable. Toda se la lleva el acueducto de la Buitrera y sólo deja una gota de agua de aquí para abajo. Una gota de agua para los campesinos es apenas el hilillo que le da continuidad al río para que no se pierda. Y esa gota de agua alcanza para lavar las motos que suelen andar por esos senderos destapados. Fabio Linares mete la punta del machete a la cañada y saca una muestra viscosa de agua. “Mire la grasa que le echan”, se queja.El impacto urbanoCuando el río entra a la ciudad trae alrededor de 170 litros de agua por segundo, según una medición del Dagma de hace dos años. Pero cuando llega al Canal Interceptor Sur, el Lili entrega alrededor de 600 litros de agua. La concentración del oxígeno es del 67 % y la presencia de sólidos que arriba era de 12 miligramos por litro de agua, se duplica al entrar a Cali donde alcanza 24 miligramos por litro. Al parecer, el volumen de agua y la contaminación aumentan porque el afluente recibe 13 vertimientos importantes en el sur de la ciudad y las descargas de 900 conexiones erradas de desechos domésticos que deberían ir al alcantarillado. Algunas de esas conexiones ya han sido corregidas.Los malos olores que a veces despide no son, sin embargo, un obstáculo para que Sandra Valencia, Andrés Gasca y muchos vecinos más se animen a caminar y hacer deporte por los senderos habilitados en su margen derecha.Más adelante, el río se pierde en el asentamiento del Valle del Lili, que algunos califican de invasión, pero que Hugo Salazar, líder de la Comuna 22, dice que “es el barrio más antiguo de Cali” porque nació con los esclavos de la hacienda Cañasgordas hace como dos siglos. Son 200 familias las que viven allí. Poco más abajo, el río se conecta con un humedal sobre el cual se construyó una universidad hace poco. Salazar y otros ingenieros temen que le pueda pasar lo mismo que a la Universidad de la Sabana, en Bogotá, cuando el río se salga de madre por las crecientes.Después de la vía Panamericana no queda mucho del río de Garcés Vila en los Altos del Rosario, de la cascada y el charco fresco que ha sido testigo de una cantidad de niños fabricados en sus aguas, según dice el campesino.El Lili se extingue en medio de la maleza que aprieta cada vez más su cauce, tal vez para ocultar su negrura.

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