El hombre que quiere convertir la vía al mar en una autopista llena de flores

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El hombre que quiere convertir la vía al mar en una autopista llena de flores

Octubre 13, 2019 - 07:55 a. m. Por:
Santiago Cruz Hoyos / Editor de Crónicas
Hernando Betancourt Suárez, el 'Quijote' de las flores

Mientras esté en Colombia, el empresario Hernando Betancourt Suárez procura visitar el kilómetro 18 para cerciorarse del estado de las 14 mil plantas florales que ha sembrado. En tres años, calcula, la vía al mar será considerada la autopista floral más bella y extensa del mundo.

Jorge Orozco / El País

Mientras conduce su camioneta por la vía al mar, el empresario de la construcción Hernando Betancourt Suárez dice que todo empezó una tarde cualquiera de noviembre de 2018, cuando subía al restaurante ‘Aquí me quedo’, en el kilómetro 22. Quería tomar chocolate con queso con su señora, Marcela Caviedes.

– Y mientras subía por la carretera me dije: hombre, ¿por qué no sembramos unas flores a lo largo de la vía? Ese día me propuse sembrar 1000 arbustos florales. Ya llevamos 14.000, con lo que la carretera al mar se convertirá, cuando las plantas florezcan, en la autopista floral más bonita del mundo.

Hernando mencionará más adelante que todos los días se levanta con tres propósitos: hacer algo creativo, algo loco y sobre todo, algo generoso.

– Soy loco, es cierto, pero un loco cuerdo.

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Según sus cuentas, hasta el momento ha sembrado árboles en 117 países. Todo empezó hace unos ocho años, tras la muerte de su padre, Héctor Betancourt. Hernando se encontraba en Panamá y un amigo le sugirió que sembrara un guayacán en su memoria. El árbol está en el parque Omar Torrijos.

Desde entonces, en sus viajes de negocios o de vacaciones, su prioridad es acudir al vivero más cercano y comprar un árbol para sembrarlo. Con el expresidente de Uruguay, José Mújica, sembró uno en su chacra, por ejemplo. En Ciudad de Guatemala sembró otro en el lugar donde asesinaron a Facundo Cabral, el 9 de julio de 2011. En Argentina sembró uno más en compañía del sobrino del Papa Francisco. Lo mismo ha hecho con la tripulación de los cruceros de la Royal Caribbean.

En China, la Policía le advirtió que eso de ir a los parques a sembrar árboles así no más no estaba permitido, pero Hernando terminó haciéndose amigo de los agentes. En Estados Unidos, cuando estaba en la zona de inmigración del aeropuerto de Los Ángeles, los funcionarios que le habían sacado su ropa de la maleta de manera grosera tras mostrar el pasaporte colombiano, se la doblaron con la pulcritud de un sastre cuando se dieron cuenta que acababa de sembrar árboles en compañía de la directora de los parques nacionales del país.

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– En el fondo, todo esto se trata de una filosofía de vida: hacer algo por los demás. El día en que entendamos que entre mejor estén los demás mejor estamos todos, el mundo será distinto.

Las 14.000 plantas florales que ha sembrado en la vía al mar las ha financiado de su propio bolsillo. Desde las semillas, las cuadrillas que se encargan de abrir la tierra, los que abonan, los que fumigan contra las plagas. La mayoría de las personas que contrata viven cerca de la carretera.

En promedio, sembrar una planta floral – y cuidarla – cuesta $100.000, unos 30 dólares.

Conozca más de la labor de Hernando
Hernando Betancourt Suárez, el 'Quijote' de las flores

Al empresario Hernando Betancourt Suárez se le ocurrió convertir la vía al mar en la autopista floral más bella del mundo.

Periodista: Valentina Echeverry Segura - Cámara y Edición: Álvaro Pío Fernández

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Además de sus empresas, Hernando es propietario del vivero Paraíso. Todo empezó hace un par de años, al calor de un tinto, cuando el coronel Édgar Orlando Rodríguez, un amigo suyo, le mostró los proyectos productivos de la Policía. Entre ellos, un vivero. Al Coronel se le ocurrió decirle que ya que recorría el mundo sembrando árboles, montara el suyo.

Con el vivero, Hernando le dona árboles a escuelas, a campesinos, a gente que quiere sembrar en su finca. Máximo diez plantas por persona. Hace unos días algunos políticos le pidieron una donación, pero él les dijo que lo haría después de las elecciones del 27 de octubre, “para ver si siguen con ese entusiasmo tan arrollador por el medio ambiente”.

Hernando Betancourt Suárez, el 'Quijote' de las flores

A lo largo de la vía al mar, Hernando Betancourt está sembrando plantas florales como habanos, júpiter, resucitados, ramo de novia.

Jorge Orozco / El País

Algunos de los empresarios que deben sembrar árboles como compensación al planeta también le han preguntado que ya que él regala árboles, se los done y así evitarse ellos la compra.

Hernando les ha dicho que el asunto no funciona así. Los que pueden comprar, que compren los árboles “para ayudar a ayudar”. El vivero no es fundación, no se dedica a hacer descuentos tributarios, ni nada por el estilo. Pero hasta el momento no ha llegado la primera persona que le diga que le va a comprar 1000 plantas.

Los que sí lo han apoyado han sido los Bomberos, que en el kilómetro 14 de la vía al mar le dan “posada” a sus matas mientras se siembran, la empresa Aguas del Paraíso que aporta el agua, y la Policía. Con el Mayor General Fabián Laurence Cárdenas, “el General del medio ambiente”, ha realizado jornadas de siembra en varias ciudades del país.

En Santander de Quilichao Hernando Betancourt está próximo a entregar un salón para 100 niños, dentro de la sede de Bienestar Familiar.

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Cada tanto, mientras nos dirigimos por la vía al mar al restaurante ‘Aquí me quedo’, donde comenzó todo, Hernando detiene su camioneta a un lado de la carretera y se baja para revisar las plantas. La mayoría están aún sin florecer.

Algunas son júpiter, originarias de China, Japón, el Himalaya y la India. Sus flores pueden ser blancas, o rosadas o carmesí. Otras son habanos, cuyas flores pueden ser amarillas o rojas. También hay ‘resucitados’, de flores largas con cinco pétalos, a veces moradas. O ramo de novia, cuyas flores, por supuesto, son blancas.

Mientras se acuclilla junto a las plantas para detallar sus hojas, Hernando sigue explicando lo que motiva su labor.

Le preocupa, para empezar, que el día que dé su último suspiro se pregunte: ¿por qué no hice más por el mundo? A veces recuerda la película ‘La lista de Schindler’, que cuenta la historia de Oskar Schindler, quien ayudó a 1200 judíos a escapar de las cámaras de gas durante el Holocausto, convenciendo a los Nazis de que los necesitaba para que trabajaran en su fábrica de utensilios de campaña y municiones para el Ejército.

En uno de los apartes de la película, Oskar se pregunta por qué no usó los anillos y el prendedor que portaba para cambiarlos por dos judíos más, para salvar dos personas más. Sintió culpa.

Hernando Betancourt Suárez, el 'Quijote' de las flores

En el último año ha sembrado 14.000 plantas florales, a lado y lado de la carretera.

Jorge Orozco / El País

Hernando dice que no quiere sentir lo mismo, no quiere cuestionarse por qué no hizo más. Con las flores, que son terapéuticas, busca también que quien conozca su historia se pregunte: ¿yo qué estoy haciendo por el planeta? Este señor está haciendo algo, ¿yo qué?

– Mira, esto no nos pertenece a nosotros, la tierra, los bosques. Estamos de paso. Y si seguimos como vamos, los nietos de los nietos de nuestros nietos se van a preguntar por qué no hicimos más, por qué no nos atrevimos a más. Al convertir la vía al mar en la autopista floral más bonita del mundo, quiero que todas las ciudades del país se contagien y lo repliquen. A Cali, estoy seguro, van a venir miles de personas a ver florecidas estas 14 mil plantas y las que seguiremos sembrando, no sé hasta dónde.

Las plantas están sembradas a lado y lado de la carretera, desde el kilómetro 9, en el retén forestal, hasta el kilómetro 22.

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Aunque nació en Cartago, Valle, hace 58 años, Hernando se considera un “quilichagueño”. Cuando tenía 6 años, su papá compró una finca en Santander de Quilichao y la familia se fue a vivir a ese municipio caucano.

Allá pintó los postes de la energía, para mandar un mensaje: se cree que lo público no es de nadie, cuando en realidad es de todos. Otra de sus ‘locuras’. En época de campaña, sin embargo, los políticos empapelaron los postes.

La ‘locura’ más reciente se le ocurrió el día anterior a nuestro encuentro. Mientras almorzaba – de nuevo - en el restaurante ‘Aquí me quedo’, observó a Esperanza Ramos Izquierdo, una artista que pintaba unas mesas. Hernando se imaginó 150 niños dirigidos por seis profesores pintando las fachadas de las casas de Santander de Quilichao, transformando la ciudad en un museo de arte al aire libre.

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La propuesta ya se la hizo a Esperanza, quien aceptó en el acto. Las locuras hay que hacerlas realidad lo más pronto posible, anota Hernando, y cita a Mahatma Gandhi. (Para dormirse, tiene como hábito escuchar audio libros de grandes pensadores).

– Un viaje de 1000 kilómetros se empieza con un paso. De modo que es un mensaje para la humanidad: podemos hacer grandes cosas y esas grandes cosas empiezan con algo muy pequeño.

Cuando viajó a Machu Picchu, Hernando se sorprendió con un turista que le dijo que se tardó cinco años planeando el viaje. A Hernando le bastaron tres días. Como quien sabe que el tiempo para hacer lo que nos hace felices es muy limitado.

***

En la carretera, mientras revisa las plantas, algunos de los habitantes de la zona le pitan para saludarlo. Lo reconocen por su atuendo, siempre de blanco: botas, pantalón, camisa. – El blanco es un símbolo de claridad, de pulcritud, de transparencia. Y eso es lo que soy yo. El blanco es mi identidad.

Lo reconocen, también, porque sin proponérselo, en la vía al mar se hizo casi una celebridad. Pese a no tener ni restaurante, ni finca, ni venta de obleas o de tinos, ni nada que lo ate a la carretera, sigue sembrando flores a lado y lado.

Esa generosidad es lo que más le sorprende a Silvio Muñoz, el propietario del restaurante ‘Aquí me quedo’, donde también Hernando sembró varios júpiter que ya comienzan a florecer.

Gonzalo Concha, quien vive en el kilómetro 22, dice que plantearse sembrar miles de flores a lo largo de una carretera es una cosa que solo se le ocurriría al Quijote “y a él”, Hernando Betancourt Suárez.

Hernando, mientras desayuna con un calentado con chocolate y queso, insiste en que es cierto que esté loco, “pero un loco muy cuerdo”.

El objetivo con todas estas obras es contagiar a los empresarios y a todas las personas para hacer algo que beneficie al mundo. No tenemos que esperar a que sea el Estado el que actúe.

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