El País recorrió el corregimiento de San Pacho, en el norte del Valle del Cauca, donde se encontró con la casa de Jessica Lorena, una de las tantas afectadas que tuvo este corregimiento el pasado lunes 10 de agosto con el terremoto que tuvo epicentro muy cerca de aquí a San José del Palmar, Chocó.

La vivienda de Jessica quedó totalmente destruida: solo la fachada quedó en pie. En esa casa vivía con su esposo y sus dos hijos; allí habían invertido años de trabajo y esfuerzo para levantar un hogar que ahora está reducido a escombros. La pérdida, explica Jessica con la voz entrecortada, no es únicamente material.

Es la desaparición de recuerdos, de objetos cotidianos y de la seguridad que brinda un techo propio. Lo que se pide con urgencia son materiales de construcción como varillas, cemento, ladrillos porque muchas familias del corregimiento no tienen ni siquiera una teja que las proteja del clima. Aunque en su caso la estructura conservó parte del techo, hay hogares que quedaron sin nada y requieren intervención inmediata para evitar que la emergencia se agrave.

“Es muy difícil, es muy difícil, porque uno lleva muchos años tratando de construir una casa, de ponerla bonita, de conseguir sus cosas, y en cuestiones de un segundo, tenerlo que perder todo. Es un sacrificio de ocho años, donde hemos tratado de construir paredes, familia, hogar, todo, y ahorita pues mira cómo estamos”, expresó Jessica para El País.

Desde el primer día, la respuesta en San Pacho ha sido mayoritariamente comunitaria. Jessica, a pesar de haber perdido su casa, se ha sumado a la recolección y distribución de ropa e insumos.

En el corregimiento se habilitaron varios puntos de acopio para canalizar las donaciones: el principal en el parque, coordinado por el concejal conocido como Popocho; otro en la Secretaría de Deporte, donde Kika organiza la recepción cerca del comando de policía; y las cuatro ollas comunitarias que funcionan como centros de preparación de alimentos y recepción de aportes.

Varios corregimientos del Valle sufrieron graves afectaciones tras el sismo. | Foto: El País

Jessica aclara que por su trabajo entre semana solo puede estar en el corregimiento los fines de semana y en las tardes, por lo que pide que las entregas se concentren en esos puntos para facilitar la logística.

La situación que describe Jessica evidencia la doble necesidad que enfrenta la comunidad: atención humanitaria inmediata y un plan de reconstrucción a mediano y largo plazo. En lo urgente, las ollas comunitarias y la solidaridad vecinal han permitido ofrecer comida caliente, ropa y apoyo emocional a las familias más afectadas.