“Tenemos que entrar a una fase que se llama reconstrucción: ahí tenemos que saber cuántas casas se cayeron, cuántas quedaron averiadas, qué material se necesita, cuántas familias, cuántas personas, todo, porque viene un trabajo de reconstrucción, en donde debemos trabajar solidariamente los municipios, el Departamento y la Nación”.
Así lo anticipa la secretaria de Salud del Valle del Cauca, María Cristina Lesmes, quien le entregó a El País un balance sobre el estado de la red hospitalaria del departamento tras el terremoto del lunes pasado.
Pero la funcionaria también hizo referencia a otros aspectos de la tragedia que enluta a la región, como la necesidad de seguir ayudando a las víctimas.
Tras varios días del terremoto, ¿cuál es el panorama de la red hospitalaria del Valle?
La red hospitalaria del departamento está en una circunstancia difícil, porque veníamos en una situación supremamente compleja desde el orden financiero, que afectaba la prestación de servicios de salud porque tenemos una situación muy difícil con las EPS y una fractura de la red y una disminución de la capacidad de instalar.
Así nos coge el terremoto, sin embargo el Valle del Cauca sabe trabajar de forma conjunta público-privada y hemos logrado dar respuesta, a pesar de las dificultades.
En la red pública la mayor pérdida fue en el Hospital Universitario del Valle, donde toca cerrar alrededor de 250 camas, porque se colapsó el espolón 2 del edificio, donde están las salas de pediatría, medicina interna y ginecología. Ahí tuvimos la pérdida de tres personas, hubo siete en el colapso que las logramos recuperar vivas.
El Universitario tiene que hacer un reacomodo interno, cerramos los servicios de hospitalización y sacamos un número de pacientes muy importante a otras instituciones que empezaron a hacer espacio para poderlos remitir, y logramos el acomodo de todos.
De otro lado, las clínicas Colombia, ValleSalud y Nuestra tuvieron en ese minuto una preocupación muy grande, se sacaron los pacientes, pero ahorita están al cien por ciento de su ocupación. Están ocupadas, pero no cerradas. Por fortuna, en las otras clínicas de Cali no tuvimos daños estructurales.
ValleSalud tiene daño estructural y la Nuestra también, la otra no, solo un área que no afecta la prestación del servicio. Los hospitales pequeños y las clínicas pequeñas no tuvieron dificultades.
Y en el resto del departamento, ¿cómo están los hospitales?
En el resto del departamento mi situación más compleja es en el hospital de El Águila, que colapsó en el cien por ciento. No tenemos heridos, no tenemos muertos y se pudieron recuperar los muebles y los equipos, pero el hospital quedó inservible.
Otro hospital que está severamente dañado es el de Roldanillo: el 80 % de su estructura colapsó, se cayeron los techos y no podemos trabajar, pero tenemos urgencias, quirófanos, toda la parte de imagenología y laboratorio está indemne. Tenemos un salón de conferencias grande, donde se ha trasladado hospitalización. Entonces, a pesar de las dificultades, el hospital está funcionando.
El hospital de Zarzal tuvo en el inicio una preocupación por la condición de la estructura física, pero ya se subsanó. Tengo problemas con el de La Cumbre, que se le cayó el techo; el de Pradera tiene grandes agrietamientos; en el de Versalles tengo una pérdida de techo y también en el Argelia, que tengo otra pérdida de techo, pero son instituciones que se han podido acomodar y, a pesar de las dificultades, estamos trabajando.
El Águila está un poquito después de Ansermanuevo y el de Ansermanuevo ha cooperado, y el hospital de Toro tenía un hospital móvil que me lo llevó a El Águila, así que, a pesar de las dificultades, hemos atendido.
¿Qué ha pasado con los otros servicios en esos hospitales?
En medio de la contingencia hemos cerrado la atención ambulatoria de pacientes, estamos atendiendo primero los heridos; hemos atendido alrededor de 1300 y le puedo decir que hoy estamos al día con la atención de pacientes heridos del terremoto.
Entonces, hay una respuesta efectiva, con un cierre de servicios ambulatorios que vamos a empezar a abrir donde ya no tengamos colapso, porque el terremoto ya pasó, ya no hay heridos nuevos sin atender; las personas que tuvieron una afectación directa grave por el terremoto ya fueron atendidas.
Entonces, volvemos a nuestra normalidad, con la disminución de 250 camas del HUV que estamos viendo cómo compensarlas y con una atención ambulatoria que tenemos que ir retomando en el corto plazo para poder preservar el estado de salud de los vallecaucanos de las afecciones cotidianas.
¿Esa parte del HUV que colapsó es de las más antiguas de la edificación?
Sí. El Hospital Universitario tiene alrededor de 70 años, y se había hecho reforzamiento estructural. No puedo decirle si en esos espolones había o no reforzamiento estructural, pero es una edificación muy antigua, que probablemente no toda estaba reforzada, pero que no podíamos modificar porque es patrimonio arquitectónico.
Había muchos cambios al interior y solo se vino esa área lateral, pero el daño es inmenso. Esas 250 camas que se cierran son muchísimas, la tercera parte de las camas, que son 460.
¿Durante su primera visita a Cali, con motivo de la tragedia, el presidente Abelardo de la Espriella alcanzó a ser informado de esta emergencia hospitalaria?
Sí, la Gobernadora le entregó la información al Presidente de forma directa, pero adicionalmente yo tengo un contacto estrecho con la Ministra desde las ocho de la mañana del día martes, y la he informado de todo lo que hemos hecho y de las circunstancias que tenemos.
Luego de acabar de consolidar la información el miércoles, empezamos a trabajar sobre la respuesta de las necesidades, ya no inmediatas, sino las de las siguientes 48 horas, y desde luego contamos con el Ministerio de Salud y todo el Gobierno Nacional en el apoyo a esa respuesta.
Fue difícil acabar de consolidar los daños en el departamento, porque teníamos municipios donde no había energía y, si no hay energía, no hay celular, entonces ha sido muy difícil la comunicación, pero la tenemos completa en un documento que se llama el Edan, que es donde identificamos los daños y las necesidades inmediatas de la población.
¿Qué sigue ahora, en cuanto a la emergencia hospitalaria en el departamento?
Le puedo decir que en salud estamos tranquilos, que lo hemos logrado, con el apoyo indiscutible de todos los prestadores de salud públicos y privados del departamento, pues hemos tenido ofertas generosísimas de equipos, de personal, de hospitales móviles, de una cantidad de cosas que a fin de cuentas no necesitamos porque fuimos capaces con nuestras propias cosas.
Estamos ayudando a Buenaventura, la Cruz Roja va a poner un módulo móvil allá; tenemos el hospitalito móvil de Toro en El Águila y probablemente Cali va a poner un hospital de esos móviles para compensar un poco las camas (del HUV).
Entonces, lo de salud está, pero tenemos unas necesidades humanitarias que me parece muy importante que se refieran: muchísimas personas perdieron la casa y, cuando usted pierde la casa, pierde los electrodomésticos, la ropa, la comida y probablemente lo que tenía como capital.
Tenemos muchísimas personas pasando dificultades. El Cairo es un municipio que está destruido casi en el ciento por ciento; Roldanillo tiene más de 120 casas en el piso. Miles de vallecaucanos están pasando por una condición crítica: no tienen casa, no tienen qué ponerse, no tienen nada, porque, cuando usted sale de su casa, no se lleva las cosas.
Es el momento de ser solidarios, de volcarse a ayudar a los habitantes del departamento que más lo necesitan...
Sí, con la Gobernadora se organizó un centro de acopio, que es la antigua Licorera del Valle, en la Carrera Primera con Calle 34 (de Cali), donde esperamos la generosidad de los vallecaucanos en las cosas que necesitamos: alimentos no perecederos; kits de aseo, que tiene jabón, crema de dientes, peinetas, seda dental, champú, toallas higiénicas, pañales, papel higiénico; necesitamos kits de cocina: ollas, cubiertos, coladores, todo lo que usted necesita en la cocina; necesitamos ropa de todas las tallas de hombres, mujeres y niños en perfecto estado, ojalá nueva, no es lo que nos estorba en la casa, es solidaridad con generosidad.
Y necesitamos ropa de cama, colchonetas, cobijas, sábanas, lo que usted usa para dormir, y toallas, ojalá nuevas, sino usadas en muy buen estado y limpias, como usted las quisiera recibir si fuera el damnificado.
No nos donen medicamentos, por favor, no vayan al clóset ni al cajón del bife ni de la cocina a sacar los medicamentos que tenemos ahí: eso no nos sirve, eso nos hace un problema, porque no sabemos en qué condiciones están almacenados ni sabemos fechas de vencimiento, y lo que nos ponen es a trabajar en algo que no vale la pena.
Necesitamos agua, materiales de construcción para remover escombros y todo eso lo recibimos en el centro de acopio, que es la Licorera del Valle, hasta las 10 de la noche. Hemos recibido un desfile de vallecaucanos generosos, pero lo que tenemos es muy poco en comparación con la necesidad.
Con respecto a los daños ocurridos en el HUV, ¿es posible hablar ya de un estimativo de costos económicos?
No, pero es mucha plata, porque son cinco pisos, son muchas salas, eso vale un dinero muy importante.
Lo que vamos a empezar a hacer son las evaluaciones estructurales, porque todos nuestros hospitales, todos, tienen lesiones. Por eso hay que hacer la evaluación estructural, la pedimos al Ministerio, pero hemos tenido, gracias a Dios, ofertas de ingenieros expertos y vamos a empezar a ver cómo nos acomodamos, porque nosotros estamos en la fase de respuesta.
¿Y qué se hace en esa fase y cuál sería la siguiente, en el marco de esta tragedia ocasionada por el terremoto?
Ahora estamos atendiendo los heridos, sacando los muertos, tratando de reunificar familias, tratando de que la gente busque autoalbergues. Es decir, de que no vaya a acostarse a un coliseo, sino que trate de buscar un amigo, un familiar, alguien que le dé techo temporalmente, mientras solucionamos esto.
Y en la fase de respuesta estamos atendiendo medicamente, atendiendo las cosas rápidas, pero tenemos que entrar a una fase que se llama reconstrucción: ahí tenemos que saber cuántas casas se cayeron, cuántas casas quedaron averiadas, cuántas están lastimadas, qué material se necesita, cuántas familias, cuántas personas, todo, porque viene un trabajo de reconstrucción, en donde debemos trabajar solidariamente los municipios, el Departamento y la Nación.
Ahora hablábamos de que hay que ser solidarios y otra cosa que también se requiere es que la gente siga donando sangre...
Desde luego, la sangre la necesitamos siempre. También le quiero decir que los ciudadanos han sido muy generosos, pero esto no acaba, porque hay personas que están en muy malas condiciones, que han requerido cirugía, que necesitan sangre.
Entonces, recibimos sangre en todos nuestros bancos de sangre, en el que le quede cerca a su lugar de residencia: en el del Hospital Universitario, en el de la clínica Valle del Lili, en la clínica Imbanaco, en el de la Cruz Roja, en el banco que usted tenga cerca su casa, le recibimos la sangre.
En medio de esta tragedia también hay que destacar la labor de quienes están tratando de rescatar a más personas y de los médicos que están atendiendo a los heridos...
Sí, están los rescatistas en las áreas derrumbadas: Cruz Roja, Defensa Civil, hay gente experta en la materia y hemos logrado rescates de personas vivas todavía. No sabría darle el número, pero no tenemos sino agradecimiento: el agradecimiento de permitirle a usted llorar sobre el cuerpo de su persona fallecida o la alegría inmensa de recuperar entre los escombros una persona viva.
Y tenemos nuestro personal de servicios de salud trabajando incansablemente para la atención de las personas heridas: solo agradecimiento, solo agradecimiento.
Tal vez es muy pronto, Secretaria, pero usted ya ha podido reflexionar sobre qué lecciones que nos deja este terremoto...
Pues definitivamente la construcción con calidad, el cumplimiento de las normas de sismorresistencia. También el manejo de los planes de emergencia familiar, la gente tiene que aprender a evacuar estructuras, aunque cuando una casa se colapsa no da tiempo para nada.
Nosotros, por ejemplo, tenemos nuestros planes hospitalarios de emergencia funcionando, los planes locales de emergencia funcionando, y por eso logramos la activación de una respuesta grande.
Pero creo que la lección, como siempre, es que la vida vale la pena, la familia vale la pena. Mire, el 10 de agosto, a las 7:33 minutos, durante dos minutos se movió la tierra y tuvimos mucho miedo y muchas familias están llorando pérdidas. Entonces, creo que nuevamente tenemos que pensar que hay cosas materiales que vienen y se van, pero que el valor de la vida es muy importante, que la solidaridad, el acompañamiento y vivir en paz son valores principales.
También es muy importante reconocer la solidaridad de los vallecaucanos, le digo que es impresionante.