En el corazón del Valle de San Nicolás, custodiada por el clima templado del municipio de El Retiro, se alza una edificación que desafía el paso de los siglos, la hacienda Fizebad.
Levantada originalmente en 1825, esta construcción no solo es un referente de la arquitectura colonial antioqueña, sino que guarda en sus muros el inicio de la vida de Liborio Mejía, el hombre que ostenta el récord de ser el mandatario más joven en la historia de la nación.
Los orígenes de esta propiedad se remontan a una era donde la explotación minera dictaba el ritmo económico de la región. Fue impulsada inicialmente por Braulio Mejía Gutiérrez y su esposa, Sotera Lorenzana, bajo el nombre de Potreros del Buen Retiro.
En aquel entonces, el lugar funcionaba como un centro estratégico para la administración de recursos valiosos como el oro y la sal, consolidando la influencia de la familia Mejía en el oriente del departamento.
Un aspecto fascinante de la hacienda es la figura de Sotera Lorenzana, una mujer que rompió los esquemas del siglo XIX. Mientras el acceso a la educación era un privilegio masculino, ella dominaba la lectura y la escritura, habilidades que le permitieron tomar las riendas de la administración del predio.
Su liderazgo fue fundamental para supervisar las faenas mineras y las labores de los trabajadores, demostrando una capacidad de mando poco común para su época.
La hacienda también fue un núcleo de fervor religioso. Dentro de sus terrenos se edificó una capilla que evitaba que los habitantes de la zona tuvieran que realizar largos desplazamientos hasta Rionegro para cumplir con sus deberes espirituales.
En este espacio sagrado se custodiaba una imagen de la Virgen del Rosario la Naval, una pieza que simbolizaba la unión entre la fe católica y las tradiciones más profundas de los propietarios de Fizebad.
Sin embargo, el hito que marcó para siempre la relevancia de esta propiedad fue el nacimiento de Liborio Mejía. Este prócer alcanzó la presidencia con apenas 24 años en junio de 1816, durante los estertores de la denominada Patria Boba.
Su mandato, aunque breve apenas ocho días, estuvo cargado de una responsabilidad titánica, enfrentar la cruenta Reconquista española liderada por el pacificador Pablo Morillo.
La historia de Mejía está intrínsecamente ligada al sacrificio militar. Tras asumir poderes dictatoriales otorgados por el Congreso, el joven presidente comandó a sus tropas en la Batalla de la Cuchilla del Tambo. Lamentablemente, el enfrentamiento terminó en una derrota definitiva para las fuerzas patriotas, lo que derivó en la captura de Mejía y su posterior ejecución en septiembre de ese mismo año bajo cargos de traición a la corona española.