En la memoria histórica de Cali, pocos lugares recuerdan con tanta fuerza la vida social y cultural de comienzos del siglo XX como el emblemático Café El Globo, considerado uno de los cafés más antiguos y representativos de la ciudad.
Ubicado originalmente en la Carrera 4 con Calle 13 —donde hoy funciona la sede de un reconocido banco en el centro de Cali—, este espacio fue mucho más que una cafetería: fue un epicentro de conversación, pensamiento y, también, lugar de dos momentos trágicos que marcaron su historia.
Contado por el proyecto Cali Antiguo, de Tu Barco, se detalló que fue durante la década de 1930, cuando Colombia vivía un auge en la producción y exportación de café, que coincidió con una transformación en las dinámicas sociales urbanas, que este sitio surgió.
Y es que, en la ciudad, las tradicionales tertulias del llamado “Cali Viejo” comenzaron a migrar hacia un nuevo formato, los cafés. Estos espacios, inspirados en modelos europeos, se consolidaron como puntos de encuentro donde se discutían temas políticos, culturales y sociales, principalmente entre hombres de la época.
En ese contexto surgió el Café El Globo, que rápidamente ganó protagonismo como uno de los principales escenarios de tertulia en la ciudad.
Allí se reunían comerciantes, visitantes, políticos, trabajadores..., en un ambiente donde el café era el pretexto para el debate, pero también para compartir.
Sin embargo, con el tiempo, la historia de este lugar se vio atravesada por hechos que estremecieron a sus visitantes y quedaron grabados en la memoria colectiva.
Uno de ellos ocurrió en 1933, cuando fue asesinado el señor Arturo Mejía Marulanda en medio de lo que se atribuyó a motivos sentimentales, un suceso que conmocionó a la sociedad caleña de la época.
Pero aún más impactante fue el episodio de 1935. Según relatos, un hombre proveniente de Aguadas, Caldas, ingresó al café, pidió una bebida y se sentó a leer el periódico. Minutos después, los presentes comenzaron a notar humo que salía desde la parte superior del diario.
La escena, que parecía desconcertante, pronto se tornó fatal: el hombre había encendido un taco de dinamita, el cual ubicó sobre su sombrero, quitándose la vida en el lugar, y dejando heridos a otros tantos.
El hecho dejaría una huella imborrable en la historia del establecimiento, y de los caleños, que por esos años solían disfrutar de este espacio.
Tras estos episodios y con el paso de los años, el Café El Globo fue trasladado a la vía peatonal de la calle 12, donde abrió una segunda sede hacia 1958, luego de la demolición del edificio original.
Este nuevo espacio continuó funcionando como punto de encuentro hasta la década de 1970, cuando finalmente desapareció, cerrando así un capítulo significativo de la vida urbana caleña.
Hoy, aunque el Café El Globo ya no existe físicamente, su historia vuelve a resonar entre los caleños como símbolo de una época en la que los cafés eran escenarios de debate, encuentro, y de una ciudad que comenzaba a expandirse.