El ELN no se debe a un gobierno o a otro, se debe al pueblo colombiano y el pueblo colombiano no acepta más violencia, no acepta más lucha armada como camino, ese es un desgaste ya vivido y superado”.

Así responde el arzobispo de Cali, Darío de Jesús Monsalve, al preguntarle por un mensaje para esa guerrilla, señalada por las autoridades como responsable del atentado cometido el jueves contra la Escuela de Cadetes de la Policía.

Reflexivo, cuidando mucho más sus palabras, quien se la ha ‘jugado’ por la llamada Paz Completa que muchos reclaman para Colombia, monseñor Monsalve dice que sigue dispuesto a servir de facilitador con ese grupo armado, porque “la tarea de la paz no depende de la favorabilidad o de la oposición que uno pueda tener frente a esa responsabilidad”.

¿Qué reflexión hace sobre lo ocurrido en la Escuela de Cadetes?

Más que una reflexión, es el sentimiento común de repudio a semejante atrocidad, pero también de solidaridad muy inmediata, desde mi condición de sacerdote y ciudadano, con todas estas familias afectadas, con los heridos que se están recuperando y con la institución de la Policía. Pero también pienso que estos hechos necesitan ser digeridos con cuidado, evitando ser manipulados frente a estos acontecimientos inaceptables como hechos de violencia, de terrorismo, pero al mismo tiempo el pueblo debe, sin duda alguna, mantener el espíritu del futuro inmediato de Colombia, que es inseparable de la convivencia y de una paz lograda por vía de acuerdo.

En lo personal, ¿cómo lo afecta el que estos diálogos hayan terminado así, ya que usted fue facilitador de los mismos y tantas veces llamó a las partes para que se evitarán tragedias como esta?

Desde el punto de vista de la coyuntura política que tiene el país, me causa tristeza y me duele, como lo he dicho en otras ocasiones, que no se valoren los pasos que con sacrificio se han venido construyendo, sacrificio de muchas gentes, y siento también que la construcción de paz en el país no se agota entre el Gobierno y un grupo subversivo, como no se agotó la paz tampoco en el Acuerdo de La Habana. Pero el tema fuerte aquí es el pueblo colombiano mismo, es la comunidad internacional que ha venido acompañando al pueblo colombiano y es el imperioso sentido de garantizarle un mañana sereno a las nuevas generaciones. Este atentado es un golpe directo a la juventud colombiana, truncó vidas y sueños jóvenes e inocentes, ni los jóvenes ni sus familias ni los militares, nadie debe contagiarse de la carga de odio que explota vidas. Por eso esas nuevas generaciones se deben garantizar un mañana superando las violencias de las viejas generaciones que, como se ha dicho, piensan más en las próximas elecciones que en las venideras generaciones.

El exnegociador de paz con las Farc Juan Fernando Cristo ha planteado que es mejor levantar la mesa y atacar militarmente al ELN y esperar otro momento para el diálogo, ¿qué opina?


Evitando polémicas, porque no es este ni el día ni la hora para las polémicas, pero sí hay que decir que en ningún momento el diálogo queda como un accesorio. El diálogo en una sociedad conflictiva es parte sustantiva de esa sociedad que necesita sobrevivir y que necesita abrirse horizontes y Colombia sí que los necesita. Colombia no puede seguir perdiendo tiempo, vidas, riqueza, paz y tranquilidad.

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¿Qué mensaje le envía al ELN?

Yo les pido tres cosas siempre: la primera es la verdad. En este caso es la del atentado. El ELN debe ser absolutamente claro, contundente, objetivo en esto. Necesitamos la verdad, porque este es un hecho que tiene un contexto muy difícil, complejo y polifacético y esto significa muchísimo para la sociedad, de tal manera que es urgente la verdad, que se sepa qué papel tuvo el ELN en esto. Y lo segundo es la lealtad: el ELN no se debe a un gobierno o a otro, se debe al pueblo colombiano y el pueblo colombiano no acepta más violencia, no acepta más lucha armada como camino, ese es un desgaste ya vivido y superado.

¿Y cuál es la tercera?

La coherencia con ellos mismos y con su mensaje, si es que aún siguen pensando en un horizonte político; la coherencia con los medios, que no pueden ser indiscriminados, sin parar mientes en el daño causado, y la coherencia con el mensaje de defensa y protección de la vida, que han dicho tantas veces y que esperamos verlo en relación con la vida humana, con la dignidad y la libertad de las personas y en relación con el medio ambiente.

¿Para usted son convincentes los argumentos dados por las autoridades en el sentido de que sí fue el ELN el responsable de ese hecho?

En este momento la autoridad no tiene título de ninguna índole, es el Estado, no es la autoridad de tal o cual Gobierno, de tal cuál o institución. Aquí es el Estado y la sociedad, y yo espero que el Estado no actúe como Gobierno sino como Estado, y que la sociedad actúe como sociedad y no como partido.

El presidente le pidió al Gobierno de Cuba que capture a los negociadores del ELN que están allá, pero hay quienes dicen que eso viola los protocolos que se pactaron al inicio de las conversaciones. ¿Cree que hubo precipitud en esa solicitud?

Esa respuesta la deben dar los especialistas en el asunto y los gobiernos implicados y creo que tomar decisiones bajo el dolor intenso que tiene Colombia no es lo mejor, el dolor es el dolor y las decisiones van encaminadas a la verdad, a la justicia y al orden, pero cuando se trata de realidades tan decisivas para una nación, como es la paz y el monopolio de la fuerza y de las armas por parte del Estado, hay que pensar más allá de esos términos de ejercicio de la autoridad, es decir, hay que pensar en términos del futuro necesario, posible, inmediato y a mediano y largo plazo.

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De manera increíble, el atentado también ha avivado la polarización política que padece el país, ¿cómo evitar esa otra tragedia?

Yo creo que la solidaridad es con la defensa y la protección de la vida de todos los colombianos sin excepción, y la solidaridad con un pueblo que ha venido luchando por construir su paz y que no puede permitir que esa paz sea asaltada por fuerzas tenebrosas que se está todavía por precisar bien quiénes son. Me da pie la pregunta para insistir en que la situación se maneje con el sentido del Estado, es decir, los que trabajamos por la paz no lo hacemos por un gobierno u otro, lo hacemos por el sentido de una sociedad y de su Estado, sus instituciones, su futuro, y por eso creo que en este momento hay que reaccionar con silencio, con sencillez, sin vociferaciones y sin caer en las trampas de la manipulación.

¿Cree que lo sucedido con el ELN puede afectar la implementación del Acuerdo de Paz con las Farc?

El proceso de una sociedad que camina hacia la paz no solo por unos acuerdos y pactos sino que camina ella misma como gestora de convivencia y participa en la solución de sus problemas es un esfuerzo de largo aliento, así que lo que está en peligro es que no solo no exista una política gubernamental de paz, sino que se pierda el horizonte de la necesidad de la paz para que el progreso de Colombia sea posible.

¿Pese a todo lo que le ha costado, usted sigue dispuesto a ser facilitador de los diálogos si las partes o una de ellas se lo pide?

Claro, ya lo he dicho en las respuestas anteriores, nosotros, desde la fe, y yo muy en concreto como Iglesia, sé que la tarea de la paz no depende de la favorabilidad o de la oposición que pueda tener uno frente a esta responsabilidad. Nosotros estamos trabajando por la paz, no lo hemos dejado de hacer, y si no tenemos un marco político para ayudar en los diálogos y en los acuerdos, pues trabajamos en el marco jurídico y constitucional y en el marco pastoral y en nuestra misión sacerdotal y de Iglesia.

Precisamente sobre otra cruzada que usted ha emprendido, muchos colombianos lamentan que la muerte de los líderes sociales no genere tanto rechazo como el padecimiento de los venezolanos y la tragedia de los policías que acaban de morir, ¿está de acuerdo?

Cómo le digo es toda vida humana y la vida de todos, de todos sin excepción. Nosotros sentimos dolor por el que probablemente fue un suicida y también sentimos dolor por tantos que cogen el camino de la desesperación y de la violencia, como sentimos repudio y tristeza y cercanía solidaria con todas las víctimas y con las familias que en el silencio tal vez tengan que vivir la tragedia de ser familia de un violento o de ser la familia de un víctima.

Mensaje

"Nuevamente el ánimo destructor que mueve a personas y organizaciones criminales golpea nuestros anhelos de vida, verdad y reconciliación. La violencia es el arma del poder enceguecido, idolátrico, que se impone con crudeza, sin parar mientes en los medios y el daño que causa. Convertida en arma de terror y pánico, pretenderá siempre esconder los peores y más inhumanos instintos.

Al testimoniar nuestra solidaridad eclesial y ciudadana con las víctimas fatales, los heridos, las familias y la Institución de la Policía Nacional, abogamos por la cordura y la sensatez del pueblo colombiano ante este asalto a sus más legítimas aspiraciones de paz.

Nos atenemos al poder supremo del Espíritu Divino, el de Jesucristo y Dios, para que actúe sobre los espíritus de todos nosotros, generación de estos tiempos enrarecidos, iluminando las conciencias y guiando nuestras actuaciones.

Las almas de los difuntos encuentren en Dios la paz negada por los humanos. Los cuerpos de los heridos lleguen a la mejor recuperación posible. Las familias hallen consuelo. Y toda la población sea solidaria en la esperanza que nunca debemos perder, porque es la esencia del vivir humano y del futuro de todos”.